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‘La alegría más grande del mundo fue salir del gobierno’: Lorena Castillo

Lorena Castillo fue primera dama de la República en el gobierno de Juan Carlos Varela (2014-2019). Antes fue presentadora y productora de televisión. Es embajadora de buena voluntad del Programa Conjunto de Naciones Unidas sobre el VIH/Sida y miembro del comité directivo de Laureates and Leaders for Children. Ahora conduce el podcast ‘Altavoz’.

‘La alegría más grande del mundo fue salir del gobierno’: Lorena Castillo
Lorena Castillo, ex primera dama de la República. LP/Anel Asprilla

¿Cómo fue tu relación con el despacho de primera dama?

La hice profesional. Como vengo de la empresa privada, de escalar montañas y de hacer reportajes, en realidad era una función de primera dama sin ser primera dama. Era una periodista que iba a la montaña a hacer entregas especiales, reportajes, entrevistas, a Naciones Unidas, cubría la Casa Blanca, lo que tú quieras, sin el título. Todo eso me entrenó para esto y, cuando entré, fue a aplicar la profesión a eso.

¿Qué piensas que quedó?

Siento que una de las más grandes fue trabajar en la erradicación de la pobreza. Logré conocer a Jeffrey Sachs, uno de los economistas más grandes del mundo, asesor de Ban Ki-moon. Y dije: ¿por qué no llevamos ese programa a Panamá? Se creó Bio-Comunidad para encontrar los lugares más pobres del país, y no solamente en pobreza extrema económica, sino también áreas rojas donde los jóvenes no podían salir a trabajar. Luego, el gobierno de Nito Cortizo lo convirtió en Colmena, pero era Bio-Comunidad. Fue un trabajo grandísimo que se logró y que ojalá se siga, porque eso es lo que te marca el nivel de pobreza del país.

Sin marco legal, ese despacho depende mucho del carácter de quien llega, ¿no?

De la primera dama, 100 %. O tú decides cortar cintas y andar bonita, o tú decides irte a la montaña y transformar tu país.

¿Cómo fue salir una vez que terminó el gobierno?

La alegría más grande del mundo. Es un mundo muy duro; eso es un monstruo ahí adentro. Cuando tú no estás de acuerdo con muchas cosas políticas y no puedes hacer nada porque no depende de ti, es dificilísimo.

¿No te tentaba quedarte en algún otro puesto?

No, y te lo dicen: “Wow, tú serías una súper alcaldesa; tú puedes ser la próxima presidenta”. Yo no creo que duraría mucho porque soy una persona con un carácter fuerte. En política, la lentitud te vuelve loco; no van a la velocidad, no lo entienden. Es duro. No creo que me aguantarían.

Dentro del chiste y el meme de los Varela Leaks, había una denuncia poderosa sobre la hipocresía en los círculos de poder: se denuncia la corrupción, pero igual se codean, se sonríen y nadie dice nada.

Bueno, eso es parte de lo que ocurre en nuestro país: normalizamos lo inaceptable. Y no pasa nada.

¿Cómo viviste los Varela Leaks personalmente?

Fue uno de los momentos más difíciles de mi vida. Estaba en Punta Barco y no sabían cómo decírmelo. Cuando me lo dijeron, lo primero que pensé fue en mis hijos. Damage control. Todos estaban estudiando fuera, gracias a Dios, porque pude guiarlos: no lean, no escuchen, aguanten, déjenme investigar. Las grabaciones con mis hijos menores de edad, que el país celebró, de las que se rió y disfrutó, me hicieron sentir violada. Mis hijos estaban histéricos.

¿Alguna sospecha de cómo ocurrió el hackeo?

Ya hemos tenido años hablando de una máquina pinchadora. Existe, y varias. Eso no es mentira. No es solamente una. Están desaparecidas. En un momento dado se habló con el gobierno de Israel para que las encontraran y cobraban por otra máquina, que era la que las encontraba. Entonces era seguir enredando más todo esto.

¿Cómo te afectó que Juan Carlos Varela fue designado ‘corrupto’ por Estados Unidos?

Muy duro, porque mis hijos no tienen nada que ver con las decisiones que su papá ha tomado. No siento que los hijos tengan por qué sufrir las consecuencias de cosas que no han sido probadas. Nunca les gustó la presidencia, nunca tuvieron ningún negocio. Aquí no hay una cuenta en ninguna parte del planeta, ni mía ni de mis hijos. Somos gente honesta. Vayan a la fuente, pregunten a la fuente y hagan responsable a la fuente, pero no a los hijos.

¿Te afectó a ti directamente?

Sí me ocurrieron ciertas cosas que pudieron poner en peligro mi estatus en Estados Unidos. Sin embargo, gracias a Dios no me llegó a tocar eso. Ni tengo cuentas en Suiza ni en República Dominicana, ni hay enriquecimiento. Mi vida no cambió en ningún momento. Salí a trabajar como cualquier ser humano y a volver a una vida que es la que amo: el periodismo.

¿Qué consejos les darías a mujeres figuras públicas que estén pasando por un divorcio?

Si puedes salvar tu matrimonio, sálvalo. Pero si ya no puedes hacer más nada y tienes que tomar esa decisión, hazlo. No importa quién seas. Olvídate del qué dirán en Panamá. La gente a veces toma decisiones por el qué dirán y te quedas atrapada en relaciones abusivas, viviendo pesadillas por dentro por el show. Siento que, como figura pública y ex primera dama, soy la primera en esta lista. Y no lo digo con orgullo, lo digo con dolor.

¿Cuál es la diferencia entre la fe de Lorena Castillo antes y la de ahora?

Simplemente vas pasando por etapas de profundidad y madurez. Nunca, aunque muchos no lo crean, había abierto una Biblia realmente a profundidad y decidí hacerlo. ¿Cómo una periodista va a creer en algo sin abrir el libro y hacer una investigación? Y dentro de toda esa madurez emocional, del divorcio, dije: quiero aprender. Empecé a leer cosas y pensaba: ¿qué? ¿Esto pasó? No era como yo pensaba.

¿Hubo un momento detonador?

Definitivamente, el divorcio. Te duele tanto y quedas con una marca tan fuerte. Empiezas a cuestionarte: ¿hacia dónde voy? ¿Quién soy? Y ese crecimiento tiene que ir parejo en tu profesión, en tu vida emocional y en tu espiritualidad. Ahí es donde empiezo a abrir la Biblia, a tomar clases. Los momentos de “¡ajá!“. Como católicos, muchas veces hacemos cosas por cultura: te bautizan, te casas, vas a misa, te cuentan qué dice la Biblia. Pero muy poco realmente indagas y lees de verdad qué dice.

¿Cómo entendiste la influencia de la Iglesia en el Estado durante la administración Varela?

Era muy ingenua. Para mí era espiritualidad, amor, unidad entre todos. Pero realmente tenía una connotación mucho más profunda, más religiosa específicamente hacia una religión. Y hubo mucha gente que se sintió excluida: los que no creían, aquellos cuyos derechos no eran reconocidos. Pero al final todos somos hijos de Dios. Yo caminé una marcha que casi hizo que todo el mundo se me viniera encima. La Iglesia me atacó, los otros también me atacaron. Y yo decía: ¿cómo no vas a caminar con alguien que tiene VIH? ¿Cómo no vas a caminar al lado de alguien que ha luchado tanto? Existe una rigidez en la creencia que se vuelve excluyente. Lo primero que aprendes es a no juzgar.

¿Qué ves por delante en tu rol de periodista?

Quiero poder decir más la verdad. Ya basta de medias verdades. Todo el mundo opina, pero, ¿realmente ha investigado qué está pasando? El periodismo tiene que afincarse. Tenemos que ser valientes y decir la verdad, pero con investigación y con base.

Habiendo estado dentro del gobierno, ¿cómo eso informa tu manera de entrevistar?

Tengo un problema: sé demasiado. Una vez que estás adentro del monstruo, aprendes a leer miradas, aprendes cuándo alguien te miente, aprendes quién miente. Aprendes cosas importantes que te hacen replantear preguntas para no dejar escapar la verdad. Entiendes lo que está pasando adentro, sabes cómo se maneja. Es muy fácil criticar, pero entiendes los procesos y cómo los pueden esquivar.

¿Algún consejo para entrevistar a gente esquiva?

Que tengan miedo. Porque el cuarto poder está para quedarse. Siempre replantea la pregunta dos veces, para que quede grabado cuando no la contestan. Yo he entrenado gente para entrevistas: tú haces una pregunta y contestan exactamente lo que quieren. Cuando quieres saber la verdad, replantéala y mírala a los ojos. A veces con una sonrisa, a veces con persuasión. Pero encuentra el objetivo.


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