Hasta el año 2004, la única posibilidad de quien aspirase a ser candidato al cargo de Diputado, era ser postulado por un partido político. Así lo disponía para ese momento el artículo 140 de la Constitución, en el que se señalaba, categóricamente, que los miembros de la Asamblea Legislativa, “serán elegidos mediante postulación partidista y votación popular directa, conforme esta Constitución lo establece”. No había otra opción, o te postulaba un partido político o te quedabas con la aspiración sin poder participar en las elecciones correspondientes a dicho cargo.
Lo paradójico era que, por más que en el artículo 2 de la Constitución se dispusiera que el poder público “sólo emana del pueblo”, un miembro de ese pueblo no podía participar como candidato al cargo de diputado sino no era postulado por un partido político, por más que así quisiera. Por tanto, las posibles postulaciones al cargo de diputado quedaban restringidas a que un partido político postulara a la persona que quisiese optar a tal cargo de representación política.
Siendo este el sistema de representación política el imperante, las únicas voces a ser escuchadas, los únicos intereses a ser tomados en cuenta en la Asamblea Legislativa así configurada, eran la de los partidos políticos, fueran o no cónsonas sus actuaciones con los intereses de sus electores, fueran o no consecuentes con los intereses del país.
Pues bien, esa realidad y monopolio de los partidos políticos cambió a raíz de las reformas constitucionales del año 2004 cuando, entre otras modificaciones, se reformó el aludido artículo de la Constitución, hoy artículo 146, en el que ahora se dispone, que los miembros de la Asamblea Nacional, es decir los diputados, “serán elegidos mediante postulación partidista o por libre postulación, mediante votación popular directa”. Esta reforma así concebida vino a representar, todo un cambio en la forma de entender la representación y participación política que se ha de manifestar en la Asamblea Nacional. Abrió espacio a la participación ciudadana sin tener que estar sujeto y condicionado, quien aspirase a ser candidato al cargo de diputado y poder llegar así a la Asamblea, a tener que depender del respaldo de un partido político.
No se trata, en manera alguna, que la reforma así introducida ha de entenderse que la libre postulación deba plantearse como una lucha contra los partidos políticos sino, por el contrario, que así como éstos tienen derecho a poder postular sus propios candidatos al cargo de diputado, igual derecho tiene el ciudadano que quiera hacerlo por la libre postulación, dependiendo, en este caso, del respaldo que los ciudadanos libremente le quieran brindar, estén o no inscritos, estos últimos, en un partido político.
Por tanto, más que estar proponiendo limitaciones o restricciones al derecho que tiene toda persona para optar por la libre postulación al cargo de diputado, lo que debiera hacerse es facilitar, aún más, los requisitos para que dicho derecho pueda ejercerse sin mayores contratiempos.
De manera que, ante las propuestas que se han presentado con miras a restringir el derecho a la libre postulación la pregunta a formular sería, ¿a qué le temen quienes las promueven? Le temerán a que ¿cada vez más haya mayor representación política en la Asamblea Nacional vía la libre postulación? O le temerán a que, ¿cada vez más los ciudadanos opten por votar a los candidatos por la libre postulación?
Quienes andan proponiendo restricciones al derecho a la libre postulación han de saber, porque es más que probable que no lo sepan, que la Carta Democrática Interamericana, iniciativa de la cual nuestro Estado es Parte como producto de la Cumbre de Las Américas celebrada en 2001 dispone, entre otros principios, que “la democracia representativa se refuerza y profundiza con la participación permanente, ética y responsable de la ciudadanía en un marco de legalidad conforme al respectivo orden constitucional” (artículo 2 de la Carta Democrática), y que “promover y fomentar diversas formas de participación fortalece la democracia” (artículo 6 de la Carta Democrática).
En fin, alguien dijo en una ocasión que la democracia es buena pero que más democracia es mejor. Por tanto, la democracia basada en la existencia y representación vía los partidos políticos es buena, pero más democracia vía el derecho ciudadano a la libre postulación siempre será mejor.

