Desde que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, impulsó medidas para cerrar las fronteras, un fenómeno inesperado comenzó a cobrar fuerza en la región: la migración inversa, es decir, el retorno de migrantes desde Centroamérica hacia Sudamérica.
En los últimos meses, entre 2025 y 2026, lanchas que parten de comunidades costeras del distrito de Santa Isabel, en la provincia de Colón, han comenzado a trasladar migrantes hacia la frontera marítima con Colombia o hacia la comarca de Guna Yala, en un trayecto improvisado que combina mar abierto, embarcaciones precarias y redes clandestinas de transporte. El corredor, prácticamente invisible para las estadísticas oficiales, ya deja un saldo de naufragios y muertes.
Para dimensionar la magnitud del fenómeno, informes de los estamentos de seguridad y de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) indican que entre 2025 y 2026 han muerto al menos 13 migrantes en territorio panameño.

De ese total, siete perdieron la vida en la ruta marítima que conecta comunidades de Colón con la comarca de Guna Yala. La mayoría de las víctimas falleció en naufragios de embarcaciones precarias.
Algunos casos
Uno de los casos más conocidos ocurrió en noviembre de 2025, frente a las costas de Miramar, en Colón. Una lancha que transportaba a 21 migrantes —18 adultos y tres menores de edad— volcó durante la travesía. Las autoridades lograron rescatar a la mayoría de los ocupantes, pero una niña colombiana de tres años murió en el incidente, convirtiéndose en la primera víctima fatal documentada de esta ruta emergente.
Meses después, en febrero de 2026, otra tragedia volvió a poner en evidencia los riesgos del trayecto marítimo. Una embarcación que había salido desde la costa colonense naufragó cerca de las islas de la comarca Guna Yala. En esa ocasión viajaban 16 migrantes y al menos tres personas murieron: dos mujeres venezolanas y un hombre colombiano, según reportes de las autoridades panameñas.
A estos casos se suma otro incidente registrado durante el mismo periodo, cuando un niño venezolano de ocho años murió tras el vuelco de una embarcación que también se dirigía hacia Colombia. El accidente ocurrió en mar abierto, mientras el grupo intentaba completar el recorrido de regreso hacia Sudamérica, evitando la ruta terrestre por la selva del Darién.
Aunque las cifras oficiales son fragmentarias, estos incidentes han encendido las alertas entre autoridades y organizaciones humanitarias ante la rápida expansión de esta nueva ruta migratoria.
Para el obispo de Darién, Pablo Hernández, la migración inversa comenzó a crecer cuando miles de migrantes que habían atravesado el continente rumbo a Estados Unidos quedaron varados o decidieron regresar a sus países. Para evitar volver a cruzar la peligrosa selva del Darién, muchos optan por pagar traslados marítimos desde pequeñas comunidades costeras de Colón, donde operadores informales ofrecen viajes en lanchas hacia puntos cercanos a la frontera con Colombia.
El problema, advierten autoridades y residentes locales, es que estas travesías se realizan con frecuencia en condiciones climáticas adversas y con sobrecupo en las embarcaciones. En 2025, más de 22 mil migrantes pasaron por Panamá procedentes de Estados Unidos, México y Centroamérica, con destino a Sudamérica, en su mayoría de origen venezolano y colombiano.
El Tapón del Darién
Aunque el flujo migratorio hacia Estados Unidos a través del Tapón del Darién ha disminuido de forma drástica, la ruta no ha desaparecido por completo. La selva que conecta Colombia con Panamá, uno de los corredores más peligrosos del continente, sigue siendo atravesada por pequeños grupos de migrantes que aún se arriesgan a cruzarla en busca de una oportunidad en el norte.
Las cifras reflejan el cambio. Mientras en 2024 más de 302,203 migrantes atravesaron la selva del Darién, en 2025 el paso quedó casi en silencio: apenas 3,091 personas se aventuraron a cruzarla, una caída del 99 %, considerada una de las reducciones más abruptas del flujo migratorio en la última década. El descenso se mantiene en 2026. Solo en enero se registraron 34 migrantes, según reportes oficiales del Servicio Nacional de Migración.

El desplome del tránsito migratorio ha sido atribuido por las autoridades panameñas a un efecto directo de las nuevas medidas de control fronterizo impulsadas por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, así como a las acciones adoptadas por México y al reforzamiento de los operativos de seguridad en Colombia.

