La visita del presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, a Panamá el próximo 28 de enero coincidirá con uno de los momentos judiciales más relevantes del país: el juicio del caso Odebrecht.
El proceso penal, que inició el lunes 12 de enero y concluye el 13 de febrero próximo, si los abogados defensores no logran suspenderlo, investiga el esquema de sobornos que pagó la constructora brasileña para quedarse con millonarios contratos de obras públicas en Panamá, uno de los capítulos locales del mayor caso de corrupción transnacional de América Latina.
Lula participará en el Foro Económico de América Latina, organizado por el Banco de Desarrollo y el Caribe (CAF), en alianza con el gobierno de Panamá, encuentro de alto nivel que reunirá a jefes de Estado, ministros, empresarios y organismos multilaterales para discutir crecimiento, integración regional e inversión.
Este fin de semana la casa presidencial de Brasil confirmó la visita de Lula al istmo. El pasado jueves 15 de enero, Lula y Mulino hablaron por teléfono. Conversaron de la crisis en Venezuela y de la visita del mandatario suramericano al país.
Los dos presidente sostendrán un encuentro en Ciudad de Panamá para hablar de comerció, inversión y cooperación, según un comunicado de prensa del gobierno de Brasil.

Lula y Torrijos
La coincidencia de la visita no pasa inadvertida. En Brasil, el país de Odebrecht nació el escándalo. Lula gobernaba cuando la empresa alcanzó su mayor expansión regional, incluyendo a Panamá.
El mandatario brasileño estuvo vinculado durante años al entramado judicial que rodeó a Odebrecht. En Brasil, Lula fue investigado y procesado en medio de la operación Lava Jato, que examinó el pago de sobornos a políticos y funcionarios a cambio de contratos públicos. Cumplió 580 días de prisión por una condena relacionada con el caso, pero en 2021 esa sentencia quedó anulada por vicios procesales.
Lula reaparece en la memoria pública local por dos antecedentes clave. El primero, una visita oficial en agosto de 2007, durante el gobierno de Martín Torrijos, cuando promovió la cooperación en infraestructura y biocombustibles. En ese momento llegó a Panamá acompañado por una delegación cercana a los 100 empresarios brasileños, entre ellos representantes del sector construcción e infraestructura.
Eran tiempos de bonanzas en Panamá. Se acababa de aprobar en referéndum la ampliación del Canal y se perfilaba como uno de los mayores polos de inversión pública de la región.
Torrijos lo recibió en el Palacios de Las Garzas y lo condecoró con la orden que lleva el nombre de su padre, General Omar Torrijos.

Durante la visita se firmaron acuerdos de cooperación en biocombustibles, asistencia judicial, transferencia de personas condenadas, genética bovina y compromisos para fomentar inversiones y explorar un acuerdo para evitar la doble tributación.
Ese viaje de 2007 es relevante porque coincide con la expansión regional de Odebrecht, entonces el conglomerado brasileño más poderoso en obras públicas de América Latina.
No obstante, la constructora se había instalado en el país un año antes, en 2006.
Lula y Martinelli
Volvió a Panamá en 2011, ya como expresidente, para participar en la inauguración de la segunda etapa de la cinta costera, una obra ejecutada por Odebrecht durante el gobierno de Ricardo Martinelli Martinelli.
Las tres etapas de la cinta costera fueron construidas por Odebrecht. La etapa uno costó $189.1 millones; la dos, $52.6 millones; y la tres, $776.9 millones.
En el juicio que se desarrolla actualmente, el Ministerio Público sostiene que la constructora brasileña pagó sobornos para asegurar millonario contratos, mientras que los defensores de los imputados han negado irregularidades y cuestionado la solidez de las pruebas. Dos de los investigados son los expresidentes Ricardo Martinelli y Juan Carlos Varela. Sin embargo, Varela es diputado del Parlamento Centroamericano, por lo que su caso le compete a la Corte Suprema de Justicia, organismo que por ley procesa a los diputados.


