TRANSPARENCIA, SECRETOS DE ESTADo Y LIBERTAD DE EXPRESIÓN

‘Los mandatarios casi siempre mienten’: Ellsberg

Si solo uno de los tantos funcionarios que sabían la verdad sobre Irak hubiera filtrado información, se habrían salvado muchas vidas.

Los papeles del Pentágono

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Fernando Berguido, director de ‘La Prensa’; Jennifer Eccleston, de ‘CNN’, y Daniel Ellsberg. Fernando Berguido, director de ‘La Prensa’; Jennifer Eccleston, de ‘CNN’, y Daniel Ellsberg.
Fernando Berguido, director de ‘La Prensa’; Jennifer Eccleston, de ‘CNN’, y Daniel Ellsberg. ESPECIAL PARA LA PRENSA/Nieman Foundation

Henry Kissinger lo acusó de ser “el hombre más peligroso de América”. No era para menos: al difundir lo que encontró, los estadounidenses conocieron una de las historias más horripilantes sobre la guerra de Vietnam, y quedaron en evidencia las mentiras con las que cuatro gobiernos seguidos los engañaron.

“Los papeles del Pentágono” –nombre con el que también se conoce una de las decisiones judiciales más importantes sobre libertad de prensa y el derecho a la información– sirven de fondo al debate encendido 40 años después por los cables difundidos por Wikileaks alrededor del mundo: transparencia versus los supuestos secretos de Estado.

Su protagonista principal, Daniel Ellsberg, cumple hoy 80 años.

Alto, elegante, intenso, ágil, alerta. Llega puntual y se queda hasta que se agoten las preguntas.

Solamente su protagonismo e interminable fuente de anécdotas –tanto al servicio del Gobierno por décadas como combatiendo sus abusos por igual tiempo– delatan su edad.

La Facultad de Derecho de Harvard lo invitó a hablar de Wikileaks, de su fundador, Julian Assange, y del caso de Bradley Manning, aquel suboficial encarcelado porque se le presume ser la fuente que dio a conocer videos que captaban torturas contra civiles iraquíes y que luego copió los 260 mil cables confidenciales que hace meses reproducen los periódicos en el mundo.

Después almorzó en la Fundación Nieman. Así nos enteramos de que el mes pasado había estado detenido, dos veces, por participar en protestas en contra de la detención de Manning.

Para Ellsberg es un asunto de principios: “Por ejemplo, aún no entiendo como nadie tuvo la valentía [hace 10 años] de filtrar información para evitar la guerra de Irak, la cual sabemos se justificó en base a mentiras”.

“Lo sorprendente es cuánta gente sabe de secretos e irregularidades, y se queda callada. Muchas personas guardan silencio por miedo a ser marginadas. Muchos saben que están participando en algo incorrecto, pero siguen callados pensando que algún día abrirán la boca…pero ese momento usualmente nunca llega”.

Y lo dice alguien que conoce bien de lo que habla. Le tomó años convencerse de que no podía seguir callando ante tanto engaño. Y se jugó la vida cuando los remordimientos vencieron el temor.

UNA MENTE BRILLANTE

En 1964 Robert McNamara, el secretario de Defensa de los presidentes John F. Kennedy y Lyndon Johnson, lo contrató como parte de un grupo de jóvenes que le ayudaría a formular políticas estratégicas.

Ya para entonces, Ellsberg se había graduado Magna cum laude de Harvard, continuado con una beca en la Universidad de Cambridge, en Inglaterra, para luego enlistarse como infante de marina para Vietnam, graduándose como oficial con el primer puesto. Luego de dos años en Vietnam, volvió por su doctorado en Harvard (uno de sus teoremas es conocido por los economistas como el “Ellsberg Paradox”).

Ya para 1967 los resultados militares en Indochina eran desastrosos. Aun así, Estados Unidos continuaba enviando más tropas bajo la premisa de que pronto ganaría la guerra. McNamara ordenó entonces un estudio secreto para saber cómo y por qué su país había terminado metido en una guerra sin sentido y sin final.

Ellsberg fue uno de los escogidos para conducir el estudio. Cientos de cables secretos e informes de inteligencia demostraban cómo Estados Unidos había iniciado y financiado las hostilidades. Encontró pruebas de cómo durante los gobiernos de Truman, Eisenhower y Kennedy se le fue mintiendo descaradamente al pueblo. Tampoco eran ciertos los reportes que se daban a conocer sobre lo que realmente ocurría en el frente.

Cientos de estadounidenses eran enviados a pelear una guerra injusta, descabellada y sin el menor chance de triunfar, al tiempo que miles de vietnamitas morían diariamente en hostilidades iniciadas bajo premisas falsas. Dentro de la Casa Blanca, del Departamento de Estado y del Pentágono muchos lo sabían. Todos callaban.

LA BATALLA MÁS IMPORTANTE

Ellsberg pasó semanas fotocopiando el informe.

Eran 7 mil documentos. Todos con el sello de “ top secret”.Una cadena interminable de mentiras.

Se reunió privadamente con senadores y congresistas para procurar detener la masacre. Nadie le hizo caso, hasta que uno finalmente le dijo: “si quieres que te pongan atención, dáselos a la prensa”.

Cuando los documentos fueron publicados, el gobierno de Nixon trató de detener su difusión a toda costa, además de iniciar un proceso judicial contra Ellsberg, cuya sentencia acarreaba 115 años de prisión.

Los medios de comunicación al final ganaron el caso. Una serie de errores le salvaron el pellejo a Ellsberg y no fue juzgado ni condenado. Desde entonces se dedica a luchar por la transparencia gubernamental, procurando que no se siga engañando a los pueblos. En fin, lucha por destapar la verdad de las mentiras.

En la actualidad le preocupa muchísimo que la administración Obama esté llevando a juicio a un número sin precedentes de personas que han tenido el coraje de hablar. Y le inquieta más que se apruebe legislación –nunca antes considerada en el Congreso– que penalizaría ciertas conductas que favorecen la opacidad en los actos oficiales y, sobre todo, los abusos de poder.

¿POR QUÉ CALLAR CUANDO SE VIOLA LA LEY?

¿Conoce a Julian Assange?

Sí, estuve con él en octubre del año pasado, unos cuatro días. La primera vez que me contactó, no le creí, pensé que era una trampa que me tendía la CIA. Es un tipo muy inteligente, muy serio, puede tener sus obsesiones… como también las tengo yo.

¿Y sobre su situación legal, su detención?

No voy a emitir juicio porque no estoy en capacidad de hacerlo. Solo puedo decir que dudo de que en Suecia se procese a otro por los mismos cargos que se le imputan a él.

¿Y sobre lo que hace a través de Wikileaks? En otras palabras, ¿“todo debe ser público”?

Tengo una alta estima por lo que hace. Ni él ni yo consideramos que todo, absolutamente todo, debe ser público. Por supuesto que hay límites. Hay temas altamente sensitivos que deben mantenerse reservados, como información nuclear, las comunicaciones estratégicas, la identidad de agentes secretos, ciertas opiniones que son personales y que nada tienen que ver con la agenda pública, así como la intimidad de los ciudadanos. Pero en Estados Unidos, por ejemplo, si bien existen temas estratégicos sensitivos, no creo que estos deban a su vez mantenerse ocultos a los miembros del Congreso. De igual forma, no hay justificación para mantener en secreto a ningún funcionario ni empresario cuyos actos violan la ley, como tampoco encubrir la conducta de nuestros oficiales cuando torturan a detenidos, o cuando se miente para empezar una guerra o cuando se graba ilegalmente las conversaciones de los ciudadanos.

¿Y por qué tantos funcionarios se quedan callados, convirtiéndose en cómplices?

Los seres humanos temen ser marginados del grupo al que pertenecen, convertirse en parias. Normalmente aguantan cualquier cosa y pagan cualquier precio antes de denunciar la verdad y ser considerados “traidores” por su grupo. A mí me sigue sorprendiendo cuánta gente sabe que se están cometiendo ilegalidades, y se queda callada.

Pero, ¿usted supo por años lo que pasaba y guardó silencio?

Yo me opuse por años a que los funcionarios “filtraran” información a los medios. Me tomó casi una década hablar, “filtrar” por primera vez información. Hoy sé que estaba equivocado. Gracias a la prensa detuvimos una masacre, salvamos muchas vidas. No podía seguir viviendo, sabiendo que estábamos en una guerra en la que nunca debimos participar.

¿Cómo estamos hoy en comparación a 40 años atrás?

El Estado tiene hoy a su alcance un control inmenso sobre la vida de los ciudadanos. La tecnología permite saber lo que hacemos y decimos de una manera nunca antes vista. Sin embargo, no es lo mismo en cuanto a la transparencia con la que se conducen los gobiernos. ¿Cómo quedamos inmersos en una guerra en Irak cuando tantos funcionarios sabían que se fabricó en base a engaños? Se sabía que no había armas de destrucción masiva y que tampoco existían nexos entre Saddam Hussein y Osama bin Ladden.

¿Qué piensa del rol que juega la prensa en las democracias de hoy?

Actualmente la prensa es la mejor de todas las instituciones democráticas. Dicho eso, hacen un trabajo mediocre.

Luego de haber sido declarado “el hombre más peligroso” de su país, de enfrentar un juicio, y de las amenazas a su vida, ¿valió la pena?

Por supuesto que sí. Pero fue muy decepcionante al principio. Justo después de la publicación y a pesar de toda la controversia, ocurrió lo impensable: vinieron los mayores bombardeos de Vietnam. Nixon fue reelegido abrumadoramente. Y lo más cínico de todo es que Nixon y Kissinger [republicanos] se dieron cuenta de que, al final, los documentos le hacían más daño a los gobiernos que le precedieron. Kissinger terminó, él mismo, filtrando a la prensa documentos clasificados como secretos que afectaban la reputación de los gobiernos demócratas anteriores.

¿Cuánto se miente desde el poder?

Casi siempre se miente. Darle a un mandatario el beneficio de la duda es un suicidio.

Concluida la entrevista me habló de Panamá.

“¿Y Noriega? ” –me preguntó.

“Está en una prisión en París, acaba de terminar una condena y debe volver a Panamá en cualquier momento”, le contesté.

“Él tiene mucho que contar” –exclamó con una sonrisa. “Estoy esperando que nos hable sobre su relación con George Bush padre, con Cheney, con varios, él sabe mucho…”.

Los papeles del Pentágono

¿Qué eran los Pentagon Papers? La expresión tiene dos acepciones. La primera se refiere a los cientos de tomos que conforman el informe en sí. La segunda, al precedente legal.

En medio de la guerra de Vietnam, McNamara ordenó hacer un estudio independiente sobre Vietnam. La Rand Corporation fue seleccionada y Ellsberg fue contratado para participar en él.

El estudio confirmaba lo que hasta entonces los estadounidenses ignoraban por completo: que su país había sido el agresor, que se había engañado al público desde la época del presidente Truman, pasando por Eisenhower, Kennedy y Johnson, en cuanto a las razones de la guerra, acerca de las cifras de muertos, sobre los bombardeos contra civiles y la cantidad de tropas americanas enviadas. Sobre todo, había comunicaciones internas en las que se sabía que Estados Unidos no solo estaba perdiendo la guerra, sino que no había posibilidad de ganarla. La verdad se les había ocultado al pueblo y al Congreso. Todos los presidentes y sus ministros lo sabían, pero seguían enviando tropas a la carnicería en que se había convertido el sureste de Asia.

Una vez The New York Times empezó a publicarlos, el Gobierno ordenó al periódico detener su divulgación por “razones de seguridad nacional”. El diario neoyorquino desafió la orden del Gobierno y continuó la publicación. El periódico “se la jugó” porque consideraba que ocultarles a sus lectores lo que ahora tenía en su poder, sería imperdonable, una estocada mortal a su credibilidad.

El Gobierno consiguió entonces una orden judicial para detener las rotativas, algo que nunca había ocurrido en los 137 años de historia del diario.

Mientras The Times recurría a la Corte Suprema de Justicia, Ellsberg le pasó los documentos al The Washington Post, quien empezó a publicarlos inmediatamente.

El Gobierno consiguió una segunda orden judicial para detener al Post . Entonces Ellsberg fue contactando a otros periódicos. Uno tras otro iban publicando parte de los “papeles” hasta que el Gobierno los censuraba. Al final, fueron 17 periódicos. Para entonces había indignación en los estadounidenses al conocer semejante manipulación oficial.

La Corte Suprema de Justicia decidió intervenir rápidamente. En lo que técnicamente se conoce como The New York Times Co. vs- United States (1971) dictaminó el levantamiento de las órdenes inferiores, permitiendo la publicación inmediata y total de los hasta entonces documentos “altamente secretos”.

“La prensa no se debe a los gobiernos, se debe al pueblo”, sentenció la Corte en este precedente que se estudia en todo el mundo como “Los papeles del Pentágono”.

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