El presidente José Raúl Mulino inició su informe a la Nación ante la Asamblea Nacional con frases que ya forman parte de su repertorio político: “poner orden donde había caos” y “reglas donde había privilegios”. “No venimos a administrar el desorden ni a convivir con él”, dijo al arrancar su intervención.
Enseguida afirmó que su administración ha enfrentado cuatro asuntos centrales. El primero, la migración irregular por la selva del Darién, a la que calificó como “el campo de concentración del siglo XXI”. Afirmó que ese fenómeno “es un hecho superado” y que el flujo migratorio se redujo en más de 98%. “Confío en que nunca más se repita este desastre humanitario”, agregó.

Como segundo punto, mencionó la restitución de la reputación internacional de Panamá tras su salida de listas vinculadas al blanqueo de capitales y al financiamiento del terrorismo. Señaló que el país dejó de figurar en la lista de países de alto riesgo para el blanqueo de capitalescy financiamiento del terrorismo de la Unión Europea.
Mulino también aludió al proceso electoral del 28 de julio de 2024 en Venezuela y defendió la participación de Panamá como “crucial” en la defensa de la democracia, en una referencia directa a la política exterior de su gobierno frente a la crisis venezolana.

El Canal de Panamá ocupó un lugar simbólico central. Mulino habló de tensiones diplomáticas superadas y aseguró que la relación con Estados Unidos se recompuso “con pulso y tiempo”. “El Canal siguió, y seguirá siendo panameño”, afirmó, una frase estratégica para marcar soberanía y cerrar cualquier debate externo.
‘La madera chiricana’
El presidente también dedicó varios minutos a defender sus viajes oficiales y responder a las críticas. “Aprovecho este discurso para sacarle el morbo a esos viajes”, dijo, antes de recordar su trayectoria en el sector privado. “Les soy honesto: no me hace falta ser presidente de la República para viajar”, afirmó, y prometió que “cada balboa invertido se multiplicará en beneficios para Panamá”.
Ese tono personal y desafiante se intensificó cuando habló de sí mismo. “Estoy hecho de una madera dura: madera chiricana”, dijo, al afirmar que tiene la misma resistencia “para recibir los golpes que para responderlos”.

Economía
En economía, Mulino presentó uno de los tramos más largos y detallados del informe. Puso cifras sobre la mesa: un aumento de la deuda pública de 73% entre 2019 y 2024, más de $22 mil millones adicionales y un pago de intereses que se duplicó. En ese periodo gobernó el perredista Laurentino Cortizo.
“Nada de eso fue hecho”, dijo en referencia a las obras inconclusas, que calificó como “una verdadera vergüenza nacional”.

Frente a ese escenario, defendió un ajuste fiscal gradual, la reducción del déficit del Sector Público No Financiero y el mantenimiento del grado de inversión. “Miramos el futuro con optimismo responsable”, afirmó, al hablar del presupuesto de 2026, que —según dijo— registra un superávit primario por primera vez en más de una década. “Empezamos a limpiar la mesa, con trapos limpios. Hablando con la verdad”, añadió.
Seguridad y críticas al Judicial
En seguridad, el discurso volvió a endurecerse. Mulino lanzó una crítica frontal al Órgano Judicial, al que acusó de permitir la liberación de narcotraficantes, pandilleros y sicarios bajo una “extrema flexibilidad disfrazada de garantismo”.
“Esto no es justicia”, afirmó, y pidió a los jueces que expliquen públicamente sus decisiones. “La sociedad demanda certeza de castigo”, argumentó.
El informe avanzó luego en temas de salud, educación, empleo y programas sociales. Enumeró obras en hospitales, centros educativos, habló de nombramientos y mencionó cifras de atención. “Los hechos y los resultados siempre terminan imponiéndose al relato”, dijo.

Desarrollo social
Mulino defendió los programas asistenciales, pero intentó reencuadrarlos como salida y no como dependencia. Dijo que busca que “muchas de esas asignaciones dejen de ser una herramienta que perpetúa la pobreza” y pasen a ser “una herramienta de desarrollo personal y superación”.
Obras, transporte y el relato de ‘lo abandonado’
El presidente concentró buena parte del tramo en infraestructura y movilidad con una fórmula repetida: obra heredada, obra destrabada, obra terminada. Citó el puente modular sobre el río La Villa y el puente vehicular sobre el río Bonito; prometió inaugurar el intercambiador de Chitré y lo etiquetó como “otra obra abandonada por 10 años”.

En transporte público, enumeró datos de MiBus (“1,090 buses… 133 rutas”) y destacó una ruta para pacientes oncológicos. Sobre el Metro, aseguró avances en Línea 3 y el túnel: “desde septiembre de 2024… avanzamos y cruzamos el Canal”, y anunció un hito próximo en Balboa. También lanzó una puya política al mencionar la reposición de aires en estaciones: “los recursos fueron donde lo necesita la gente y no para los negocios de los dirigentes”.
Teleférico, Cuarto Puente y el ‘tren’
Mulino dijo que este año abrirá propuestas para el Teleférico de San Miguelito y habló de 280 mil beneficiarios. Sobre el Cuarto Puente, afirmó 30% de avance y remató con una línea de ataque al pasado: “estaba en el papel… pero no se le había puesto ni una carretillada de concreto”.
En el caso del tren, optó por cautela metodológica y dejó una frase útil para análisis: se harán estudios “con rigor” para evaluar costos, financiamiento y desafíos, y prometió presentar resultados “a la nación” porque “debe ser tratada como política de Estado”.

Contraloría, control y mensaje político
Mulino dedicó un guiño explícito a la Contraloría, entidad bajo el mando de Anel Flores y la retrató como aliada de su ritmo de gestión. “Reconozco públicamente la eficiencia de la Contraloría… que refrendó más de 71 mil millones”, dijo, y aseguró que ese trabajo redujo tiempos “a través de un ejercicio de control eficaz, transparente y sin dilaciones”.
Puyas a opositores y ‘profetas de la transparencia’
El tono volvió a endurecerse cuando habló de quienes lo critican y de los actores que, según él, operan desde el discurso moral. “Las palabras bonitas… y los supuestos profetas de la transparencia, no siempre [son] lo que parecen”, soltó.
Fue más lejos: acusó a sectores de “conspirar” detrás de “una supuesta inconstitucionalidad” y dijo que “ya se sabe qué individuos, organizaciones y medios estaban detrás”.
Para reforzar el golpe, incluyó una anécdota atribuida a un mandatario sudamericano: “Cuando… empiezan a hablar de moralidad, honestidad y transparencia, lo primero que hago… es contar los cubiertos”. Luego remató con su tesis: “más que hablar decidimos hacer”, y “los valores se ejercen, no se declaman”.

Mina: línea roja y exportación del material
En el capítulo minero, uno de los temas más esperados por la ciudadanía, Mulino intentó fijar límites mientras empujó una salida operativa. Dijo que aprobó un plan de “gestión segura”, que logró “la suspensión de los arbitrajes internacionales” y que ordenó un “audito integral” de la mina.
El punto clave llegó cuando justificó el procesamiento y exportación de material rocoso: “Esta medida no significa la apertura o reactivación de la mina”. Aseguró que busca “resolver temas pendientes del pasado, preservar el ambiente y recuperar recursos”.
También mencionó el monto de la venta previa: Panamá recibió “cerca de 30 millones de dólares”, y reiteró que serán invertido en temas sociales.
Educación: diagnóstico duro
Mulino elevó la educación a “gran desafío” y atacó la base legal vigente: “Hoy contamos con una ley 47 de 1946… parchada… casi 80 años”.
Fue directo: “La educación panameña no está a la altura… Está desactualizada”.
Prometió una nueva ley y trazó una ruta política: “iniciaremos un proceso participativo”, pero puso condiciones: el debate debe ocurrir fuera de “tranques… o huelgas improductivas”.
Reducción del Estado y reforma constitucional
Hacia el cierre, Mulino retomó dos propuestas de fondo: “la reducción del tamaño del Estado” y “la necesidad de un cambio constitucional”.
Defendió una reorganización para “generar eficiencias y ahorros” y citó como ejemplo la transformación del Ministerio de la Mujer en un instituto. Anunció además dos frentes legislativos: un proyecto de Ley de Carrera Administrativa ya presentado y, “en las próximas semanas”, reformas a la Ley de Contrataciones Públicas para “fortalecer la transparencia y eliminar los vicios”.
El planteamiento de mayor relevancia fue la Constitución. Pidió una “nueva Constitución, mediante un proceso constituyente originario”, y lanzó una advertencia sin eufemismos: “Si este Estado no se reforma, fracasaremos”.
Defendió la campaña de “alfabetización constitucional” que dijo, lleva “más de 300 charlas”. Prometió que seguirá en 2026. Este proyecto está en manos del abogado Miguel Antonio Bernal.
Mulino cerró el discurso sin abandonar el tono confrontativo que atravesó buena parte de su intervención. Prometió “dejar en el pasado el ‘juega vivo’ político” y pidió trabajar “más en las coincidencias que en las diferencias”.


