Las noches en el Casco Antiguo de Panamá ya no transcurren en silencio para quienes viven alrededor de la Casa de la Municipalidad, en el corregimiento de San Felipe.
Donde antes predominaba el eco de los turistas y la gente del barrio —entre iglesias centenarias y fachadas restauradas— hoy, dicen los vecinos, irrumpen bajos estruendosos, micrófonos y música en vivo que se extienden hasta la madrugada.
La escena se repite, sobre todo los fines de semana. En el patio principal de la Casa de la Municipalidad —un espacio que la Alcaldía de Panamá alquila desde $500 por cinco horas para bodas, bautizos, cumpleaños o conferencias— el volumen sube y la noche se transforma en fiesta.
Los residentes de los PH Casa Garay, PH Benedetti, PH Casa Arango y PH La Merced aseguran que el problema no es nuevo, pero sí creciente: lleva al menos seis meses y, en los dos últimos, “se ha descontrolado”.
Cansados de convivir con lo que describen como una “contaminación auditiva constante”, algunos han optado por documentar la situación.
Videos, registros y hasta aplicaciones móviles para medir decibeles forman parte de su rutina los fines de semana. “Hemos llamado en múltiples ocasiones a las líneas de denuncia. Vivo con mi esposo y mis pequeñas hijas. El ruido sigue”, relata una vecina.
Fue esa frustración la que terminó por organizarlos.

Margaret García, residente del PH Casa Garay y vocera del grupo, habla de cómo su cotidianidad ha sido alterada. Vive desde hace 12 años en la Calle 10, diagonal a la Casa de la Municipalidad, y asegura que no había enfrentado una situación similar.
“Lo que está pasando es que no hay un filtro para las personas que están alquilando el espacio. Rompen las normas de ruido”, afirma García desde su balcón, a pocos metros de la municipalidad.
Describe bodas convertidas en conciertos, DJs con bocinas de alto alcance, animadores que elevan la voz por encima de la música.

En una de esas noches —recuerda— tuvo que refugiarse en la habitación más apartada de su vivienda. Aun así, podía escuchar con claridad al presentador detallando las características de un licor durante un evento temático. “El volumen era tan alto que no había forma de escapar”, dice.
Los residentes sostienen que los niveles de ruido alcanzan hasta los 100 decibeles, muy por encima de los límites establecidos. Como prueba muestran su celulares con la captura de pantalla del día en que la aplicación registró el ruido.

Según el Decreto Ejecutivo N.° 306 del 4 de septiembre de 2002, entre las 6:00 a.m. y 9:59 p.m. el sonido no debe superar los 55 decibeles, y de 10:00 p.m. a 5:59 a.m., los 50. Normas que, recuerdan, deben cumplirse tanto en espacios públicos como privados, incluidos locales de eventos.
“Pareciera que no se les exige cumplir con esas reglas”, cuestiona García.
El malestar tomó forma oficial el pasado 14 de abril, cuando enviaron una nota al alcalde Mayer Mizrachi. En el documento solicitaron su intervención “para corregir un problema que se torna recurrente” y resaltaron que el propio municipio debería ser ejemplo en el cumplimiento de las normas, especialmente en un área patrimonial como el Casco Antiguo.
También remitieron comunicaciones a la Oficina del Casco Antiguo, encargada de la conservación del conjunto monumental.
El 22 abril volvieron a enviar otra nota al Municipio, reiterándole la situación. Sin embargo, aseguran que las noches siguieron igual.
La respuesta del alcalde llegó el 24 de abril. En una nota oficial, Mizrachi indicó que, tras recibir las quejas, se ordenó la verificación de las actividades autorizadas para garantizar el cumplimiento de las disposiciones legales. Además, aseguró haber instruido a las dependencias competentes para reforzar los mecanismos de supervisión y control, particularmente en el uso de áreas externas.

“Creo que [en el Municipio] nos están empezando a tomar en cuenta, pero pienso que las normas de ruido son las normas y no se pueden ignorar cuando te conviene”, agrega García.


