El carismático Roberto Edwards, mesero en Napoli desde 1985, describe la idiosincrasia del panameño a la hora de ir a comer y enumera las cosas que sacan de sus casillas a un mesero. Este Knockout incluye una guía práctica de lo que debe evitar hacer si no quiere que su plato le llegue con “sorpresas”.
¿Cómo se aprende de memoria el pedido de una mesa de 20 personas y no se equivoca?
Captando todo... como los clientes vuelven ya sé qué piden. Estamos ready. Desde la escuela –llegué hasta tercer año en el Artes y Oficios– todo me lo memorizaba.
¿Y qué fue lo más importante que aprendió?
Nada de lo que me memoricé. Aprendí a respetar y a echar para adelante siempre, no importan las adversidades de la vida. All right.
¿Dónde aprendió a hablar inglés?
En la calle, you know. Así creo empatía con el cliente; ese contacto es lo más importante. Y también sé hablar italiano, un poquito. Yo le digo a los clientes: “¿qué vas a manjar?” [comer] y “mi hogarísimo fratelo” [buen amigo].
¿Y qué le aconseja a los alumnos del Artes?
Que dejen de tirar piedras y estudien; sus padres se sacrifican mucho para pagar sus estudios. Y uno sin estudios no es nadie. Ahora yo quiero estudiar administración y abrir mi restaurante.
¿Tres cosas que sacan de quicio a un mesero?
“Tráeme la comida ya”, que lleguen cinco minutos antes que cierre el restaurante y que sean tan exigentes. Se quejan pero vuelven.
¿Qué le hace un mesero al cliente que molesta?
Yo los gruveo para que se calmen, les digo ‘esto te va a costar un billete’ y antes de irse insisto: ‘firma bien el voucher’. You know... que me den buen tip.
¿Los meseros escupen en los platos?
Sé de unos que sí. Y a los clientes que joden mucho les demoran más la comida, y mientras este espera su plato se ponen a dar vueltas para que se ponga bravo.
¿El panameño da buenas propinas?
Como el 90% sí. Joden, pero pagan. Y a tus paisanos les digo: manda el flus [billete, en hebreo].
¿Cómo se conserva el buen humor después de 10 horas de corredera?
A veces me da estrés porque hay mucho trabajo, pero cuando es así yo canto salsa.
¿Quiénes son sus clientes ‘famosos’?
De políticos atiendo a Pipo Virzi, a mi amigazo Gerardo Solís, a Samuel Lewis Navarro, a Billy Ford y a Gustavo García de Paredes.
¿Apoya su reelección?
No, que le dé chance a otro y vaya a cuidar nietos.
¿Pasa mucho que los clientes se vayan sin pagar?
Eso me pasa por lo menos tres veces al mes. Y me toca pagarlo a mí... pero no creas, cuando vuelven se los cobro.
¿Nunca ha escuchado, sin querer, una conversa y se queda con las ganas de saber el final del cuento?
¡Sí! Cuando oigo un poquitito y me quedo con ganas voy y le pregunto al cliente de qué hablaba. Cero pena.
¿Y no se molesta?
No, todo depende de cómo se dicen las cosas. Y como las digo riéndome...
¿Lo más excéntrico que le ha pedido un cliente?
Patacones, chorizos. ¡Este es un restaurante italiano!
Si se ganara la lotería, ¿en qué se gastaría la plata?
Montaría un negocio y ahorraría. Pero la lotería no resulta. Aunque ganes, nunca recuperas lo que gastaste.
¿Por qué el servicio panameño es tan malo?
El panameño agarra los mangos bajitos. El colombiano se desvive por atender bien. Los extranjeros nos dan cátedra en servicio.
Cuando va a un restaurante, el panameño es...
En general, amargado y grosero. Tratan despectivamente al que es diferente. Pero no les pongo atención. Yo soy y seguiré siendo feliz
