Que la espiritualidad y la paz interna importan, claro que sí, pero también es cierto que se puede ser muy espiritual y a la vez millonario.
Y no solo eso, sino que un estudio reciente de dos economistas de la Universidad de Pennsylvania, Estados Unidos (EU), arrojó que el dinero sí ayuda a alcanzar la felicidad.
Justin Wolfers y Betsey Stevenson, autores de la investigación, concluyen que el dinero tiende a generar felicidad, aunque no la garantice.
"Los ingresos sí importan", menciona Wolfers, quien añade que los habitantes de países desarrollados se declaran más satisfechos.
El economista afirmó en una entrevista vía correo electrónico con La Prensa que "en promedio, los pobres tienen menos probabilidades de ser felices que los ricos. En el estudio no podemos establecer el porqué se da esto, aunque obviamente es fácil encontrar explicaciones al respecto".
Entre las razones de felicidad asociadas al dinero se pueden mencionar el atenderse en un hospital privado, viajar, no preocuparse por el costo de una educación de calidad, entre otras cosas.
Ricos vs. pobres
La investigación presentada en abril, y que a lo largo de este mes ha sido estudiada y citada por varios medios y universidades en todo el mundo, indica que la felicidad en EU no ha crecido desde 1972. Y eso, comentan los autores en su análisis, es porque el salario por hora trabajada ha aumentado muy poco.
Un artículo del The New York Times señala que en una encuesta realizada por Gallup en ese país, el 90% de las personas en hogares con ingresos sobre los 250 mil dólares se declaran "muy felices". Y en los hogares con ingresos de menos de 30 mil dólares, la satisfacción solo alcanza al 42%.
"Los datos individuales varían mucho en Europa, pero en general, podemos ver que hay una correlación entre ingresos y felicidad", establece Wolfers.
Todo este análisis contrasta con el estudio Happy Planet Index que cada año publica New Economics Foundation, y en el que naciones en vías de desarrollo han sobresalido.
En 2006, Vanuatu, pequeño archipiélago cerca de Australia, fue la nación más feliz del mundo, y Panamá la quinta.
Los criterios considerados por ese organismo, con base en encuestas, son la esperanza de vida y la satisfacción de la población local con su situación.
Valor del reconocimiento
Grisel Berríos, psicóloga y consultora de la firma Transiciones, especializada en asesoría para mejorar ambientes laborales, explica que en el caso de Panamá, la cultura hacia el valor del dinero ha cambiado.
"En la actualidad el trabajador panameño quiere dinero; y además, el reconocimiento de que su trabajo es valioso. Ese factor incide en su felicidad", señala Berríos.
La especialista resalta que los trabajadores locales, a veces, ponen por encima del salario el ambiente y las condición laborales. Así, el camino a la felicidad se puede construir con varios elementos, dependiendo de la cultura en la que se ha educado o vivido.

