Cuando llega a su casa Martín Raggo trata de dejar a un lado su personaje de mimo, pero no puede. Su caracterización se "apodera" de él las 24 horas del día, al punto de que su condición de mimo la asume hasta cuando va por las calles sin maquillaje.
Confiesa que continuamente trata de rechazar al mimo que lleva dentro, aunque —dice— al final del día es el mimo el que termina pagando las cuentas.
Raggo, técnico en fibra de vidrio y plástico reforzado, de 44 años de edad, optó por ganarse la vida a través de la pantomima. Y no se arrepiente.
Divertir y divertirse
Un mimo, aquel personaje que se vale exclusivamente de gestos y de movimientos corporales para actuar ante el público, no es un payaso, explica Carucha, nombre artístico de Raggo. La pantomima es "un arte diferente".
Carucha recuerda, por ejemplo, que entre las cosas más curiosas que ha hecho como mimo fue "empujar, perdón, llevar a una novia al altar y entregársela a su nervioso prometido".
Y es que en este mundo de máscaras, la creatividad es lo que sobra. Eso sí, aclara Carucha, hay que procurar imprimirle a la pantomima un sello personal.
Aunque en Panamá este oficio es poco conocido, en las plazas y calles transitadas de Uruguay, Nueva York, Miami o de algunas ciudades europeas es común ver a estos personajes. Los hay de todos gustos y colores.
Mundo de máscaras
Los primeros mimos occidentales —según Wikipedia, enciclopedia en internet— aparecieron en los teatros de Grecia y Roma en el siglo V antes de Cristo. Pero, durante la Edad Media, este arte prácticamente desapareció de Europa.
Resurgió con el transcurrir del tiempo. Con el cine mudo hubo un boom de mimos destacados, entre ellos Charlie Chaplin, Buster Keaton, Harry Langdon, Harold Lloyd y Laurel & Hardy.
De hecho, el mimo francés Marcel Marceau, creador del personaje Bip —el payaso con un suéter a rayas y un maltratado sombrero de copa decorado con una flor—, se inspiró en el trabajo de estos artistas.
Actuar para vivir
Difícilmente se puede precisar cuánto gana un mimo actualmente, ya que la tarifa por sus actuaciones varía según cada país y caso.
En Panamá, donde prácticamente no hay mimos, "no se ganará un salario de Holywood, pero sí lo suficiente para vivir", asegura Carucha, quien ha actuado en Brasil, Argentina, Chile, Bolivia, Estados Unidos, Costa Rica y Colombia, además de su natal Uruguay.
En promedio, Carucha cobra 40 dólares la hora por sus actuaciones.
Pero esta tarifa varía según el tiempo que dure el espectáculo.
Atrapado por los encantos de Panamá, Carucha está convencido de que aquí se puede desarrollar el arte de la pantomima, actuación que él define como un estilo de vida.
Y dice que solo espera cumplir su sueño: pintar a cuanta persona sea posible como mimo, ya que "los panameños emplean constantemente la pantomima".
Para él esto es posible, ya que recordando una frase de Marceau —ídolo de Carucha—: "el silencio no tiene límites, los límites los pone la palabra".
(Vea Hablar sin ruido, un reto por alcanzar en el país)

