Panamá está a miles de kilómetros de las trincheras donde Rusia y Ucrania libran una guerra que parece distante. Pero en las calles de David, en las montañas de Chiriquí y en hogares donde todavía esperan una llamada, ese conflicto dejó de ser una noticia internacional para convertirse en una historia familiar. Son nombres, rostros y voces panameñas que terminaron vinculados a un campo de batalla extranjero.
Documentos militares, contratos y testimonios recopilados por La Prensa revelan que, al menos, siete ciudadanos panameños han sido incorporados a las fuerzas de ambos bandos a cambio de una remuneración económica. Entre esas historias hay jóvenes que aseguran haber tomado una decisión consciente, familias que denuncian haber sido engañadas y un caso en el que este medio conoció la presunta muerte de un panameño en el frente de combate.
Lo ocurrido en Panamá forma parte de un fenómeno que también se repite en otros países. En Bolivia, por ejemplo, medios como El País reportaron que el Gobierno mantiene bajo seguimiento a 26 ciudadanos vinculados con las Fuerzas Armadas de Rusia: 20 con contratos activos, cuatro heridos y uno fallecido, mientras las autoridades investigan una presunta red de reclutamiento. A escala mundial, una investigación de la BBC y el medio independiente Mediazona documentó la muerte de al menos 3,586 extranjeros provenientes de más de 40 países que combatían para Rusia, muchos atraídos por salarios elevados o incorporados mediante engaños.
En Panamá, la historia ya había comenzado con Dante. Su caso, revelado por La Prensa, mostró el recorrido de un joven que llegó a Europa sin dinero y terminó contactado por personas que le ofrecieron una oportunidad relacionada con la guerra. Su relato describió un camino marcado por decisiones difíciles, reclutamiento y confusión, hasta terminar en territorio bajo control ruso. Aquella historia, lejos de ser un episodio aislado, abrió la puerta a nuevos testimonios de provincias como Coclé, Veraguas y, especialmente, Chiriquí.
La angustia en David
En una casa de David, Roberto cuenta los días desde que dejó de saber de su nieto. Tiene 82 años y todavía recuerda la última vez que lo vio antes de que emprendiera un viaje que, según dice, nunca imaginó que terminaría en una zona de guerra.
El joven salió de Chiriquí el pasado 8 de junio. Roberto no pudo despedirse de él. Ese día estaba realizando diligencias en la Gobernación mientras su nieto iniciaba una ruta que lo llevaría lejos de casa. “Yo no estaba aquí cuando se fue el nieto mío, que me duele tanto que ni despedirse mío pudo”, relató.
Según Peña, el joven y otros panameños recibieron una oferta laboral para trabajar en una fábrica de muebles plásticos. La propuesta parecía una oportunidad para quienes buscaban mejorar su situación económica: un salario de hasta 3 mil dólares mensuales y un bono inicial de 10 mil dólares. Pero para el abuelo, aquello escondía otra realidad.
La ruta comenzó en Colombia, continuó hacia Francia y Turquía, hasta llegar finalmente a Rusia. Roberto asegura que su nieto no sabía que el destino final sería un país involucrado en una guerra. Cuando llegó, fue trasladado a una instalación militar donde, según las comunicaciones que logró enviar, inició un proceso de entrenamiento. “Lo que tienen es una base militar enseñándolo, dándole entrenamiento y eso para formar un soldado”, afirmó.

Desde entonces, el silencio se convirtió en la mayor preocupación de la familia. Han pasado días sin recibir noticias directas. La última comunicación fue un mensaje en el que el joven avisó a su abuela que saldría a una misión y que permanecería incomunicado durante varios días. Para Roberto, el tiempo sin respuestas aumenta el temor. “Ya eso es mucho tiempo para mí”, dijo.
La familia presentó el caso ante el Ministerio Público.
Falta de oportunidades
Mientras una familia en David espera noticias de un joven que pudo haber sido llevado bajo engaño a Rusia, otro chiricano asegura que su llegada al frente de batalla fue una decisión propia. Tiene 19 años, se identifica como Rony y, desde un campo militar, afirma formar parte del ejército ruso. Su historia transcurre en la misma guerra, pero desde una perspectiva completamente distinta.
El joven sostiene que sabía a qué iba cuando salió de Panamá y rechaza la versión de quienes aseguran que algunos ciudadanos fueron engañados con falsas ofertas de trabajo. Según su relato, conocía las condiciones del contrato firmado con la Federación Rusa y asumió los riesgos de incorporarse a una estructura militar.
Rony, oriundo de David, Chiriquí, asegura que fue uno de los primeros panameños en llegar a territorio ruso y que posteriormente otros compatriotas siguieron el mismo camino. Dice que tiene conocimiento de cinco panameños dentro de su entorno, provenientes de sectores como Pedregal, San Cristóbal y Los Abanicos.

Pero hay información que no puede revelar. La ubicación exacta donde se encuentra, el frente en el que participa y los movimientos de su unidad forman parte de datos que, según explica, están restringidos por el contrato que firmó. “Nosotros firmamos un contrato al cual nosotros no podemos estar dando tantos datos”, afirmó durante una conversación con La Prensa.
Detrás de su decisión, cuenta, no hubo una invitación directa de un reclutador, sino una búsqueda personal motivada por la situación económica. A sus 19 años, dice que encontró en el ejército ruso una oportunidad que Panamá no le ofrecía. “La falta de economía que hay en el país, que es mediocre, que es Panamá; a los jóvenes no nos abren las puertas”, manifestó.
El contrato, según su versión, contempla una permanencia de tres años y una compensación económica que incluye un bono inicial de 20 mil dólares y pagos mensuales de entre 2 mil 500 y 3 mil dólares. Cuando se le preguntó sobre la realidad del campo de batalla y si había presenciado muertes o combates directos, prefirió no responder. “Son cosas que no tendría que decirle a usted”, contestó.
El luto
En otro punto de Chiriquí, la espera tiene otro rostro. María no espera un mensaje de su hermano Pedro; espera confirmar qué ocurrió con él. Su familia asegura que viajó a Ucrania después de recibir una oferta para trabajar con maquinaria pesada en labores de remoción de escombros, pero terminó incorporado a una unidad militar.
Pedro salió de Panamá el pasado 5 de mayo. La familia no sabía que ya estaba en Ucrania. Según contó su hermana, decidió mantenerlo en secreto y solo reveló la información cuando ya estaba en territorio europeo.

El viaje comenzó en Panamá, continuó hacia Turquía y luego hacia Moldavia antes de llegar a Ucrania. La promesa inicial, según la familia, era un trabajo civil. Pero después ocurrió un cambio inesperado: entrenamiento militar, documentos en otro idioma y un contrato que nunca fue explicado completamente.
“Los ponen a practicar de seis a ocho semanas y luego de eso los hacen firmar un contrato”, contó María. Ese documento, asegura, llegó a sus manos escrito en ucraniano y nunca fue traducido al español, lo que dejó a la familia sin comprender las condiciones aceptadas por Pedro.
La incertidumbre creció cuando dejó de comunicarse y fue reportado como desaparecido. Sus familiares comenzaron una búsqueda por diferentes vías hasta recibir información de personas vinculadas con la zona de combate que indicaban que habría fallecido.
Según les explicaron, el lugar donde se encontraba estaba a unos cinco kilómetros, pero el acceso era imposible debido a la presencia de drones, minas y el control territorial de las fuerzas rusas. “Dicen que ahí hay drones, hay minas”, relató su hermana.
Pedro tenía una historia previa en Panamá. Había formado parte de la Policía Nacional durante 12 años antes de retirarse por decisión propia. También realizó cursos de manejo de equipo pesado y trabajó en distintas compañías, una experiencia que, según su familia, pudo estar relacionada con la oportunidad que aceptó en Ucrania.
Ahora, sus familiares piden ayuda a las autoridades panameñas para confirmar su situación y, si se confirma su muerte, lograr la repatriación de sus restos. Para María, la incertidumbre es una herida abierta. “Mi mamá se va a morir”, expresó mientras insiste en conocer la verdad.
La invitación desde Ucrania
Mientras unos panameños buscan regresar o ser encontrados, otros aparecen públicamente como parte activa del conflicto. Desde las filas del ejército ucraniano, Rony —un joven veragüense— utiliza las redes sociales para invitar a extranjeros a incorporarse a la unidad militar donde asegura prestar servicio desde hace casi dos años.
En uno de sus mensajes, grabado desde Ucrania, presenta la unidad en la que, según afirma, los soldados mantienen posiciones y no participan en operaciones de asalto. También destaca los pagos y el respaldo que reciben quienes resultan heridos.
“Nosotros no dejamos a nadie tirado ni a nadie abandonado”, dice en la grabación, con la que busca transmitir confianza a otros interesados en llegar al conflicto. El joven se identifica al final del video como “un panameño en el ejército ucraniano”.
Fuentes de la Cancillería informaron a este medio que la institución mantiene un seguimiento permanente de los casos de panameños vinculados al conflicto entre Rusia y Ucrania y que, como parte de ese monitoreo, solicita de forma periódica información tanto a la Embajada de Rusia en Panamá como a la representación diplomática panameña en Moscú.
De acuerdo con las mismas fuentes, las autoridades rusas sostienen que los contratos suscritos por estos ciudadanos son de carácter voluntario y que cada persona decide libremente incorporarse a sus fuerzas.
No obstante, la Cancillería aseguró que continúa investigando las circunstancias que rodean estos reclutamientos y reiteró un llamado a la población para que extreme las precauciones ante este tipo de ofertas laborales, al advertir que pueden terminar poniendo en riesgo la vida de quienes las aceptan.

