PARTIDAS DISCRECIONALES. Legisladores resultaron un blanco fácil.

El viejo truco del regalo

Tanto Ernesto Pérez Balladares como Mireya Moscoso agasajaban a los legisladores con obsequios.

Viajes, gastos médicos, deudas, de todo. No había límites para complacer a los "padres de la Patria".

Buenos tiempos. Mireya Moscoso bailaba en febrero de 2004 con el legislador Tito Afú, en un acto oficial en Las Tablas. Buenos tiempos. Mireya Moscoso bailaba en febrero de 2004 con el legislador Tito Afú, en un acto oficial en Las Tablas.
Buenos tiempos. Mireya Moscoso bailaba en febrero de 2004 con el legislador Tito Afú, en un acto oficial en Las Tablas.

En diciembre de 1999, los recién estrenados legisladores del quinquenio 1999-2004 fueron invitados a un almuerzo en la Presidencia de la República. Mireya Moscoso estrenaría aquella vieja costumbre de comer con los legisladores en la Navidad. Pero muchos de ellos no solo iban por el opíparo almuerzo que prometía la nueva inquilina de Las Garzas. Varios legisladores habían escuchado un rumor que, de resultar cierto, sería como sacarse la lotería.

Bajo un intenso sol, poco a poco los nuevos legisladores fueron llegando en sus flamantes camionetas Land Cruiser, cuyo interior de cuero aún olía a nuevo. Algunos de ellos subían por primera vez las escalinatas de mármol blanco del Palacio de las Garzas. Una vez dentro, empezaban a entender por qué la Presidencia fue bautizada con el nombre del ave de blancos plumajes y largas patas amarillas.

Caminaron –con la incierta orientación de un turista– hasta el salón de la recepción, donde un par de azafatas los recibía con blancas sonrisas... y una pequeña cajita. El rumor resultó ser cierto. Todos los asistentes recibieron un costoso reloj Cartier, cortesía de la presidenta.

Hubo una intoxicación de júbilo y euforia. Varios abrieron las cajas furiosamente, tratando de adivinar qué modelo le había tocado. Modelaban las joyas por encima de la camisa y el saco. El reloj haría juego con las Land Cruiser estacionadas afuera. Otros –con más experiencia en política– trataban de simular gratitud. "A la presidenta no se le puede negar una deferencia tan generosa", recuerda uno de los asistentes. Guardaron –o escondieron– en sus sacos la pequeña caja. Sabían que si el generoso gesto de Moscoso se hacía público, aquello despertaría las iras ciudadanas. Y, efectivamente, así pasó.

De ética y obsequios

El Cartier –por su alto costo– eximía a Moscoso de darle cualquier otro regalo a los legisladores en el próximo quinquenio, opinó un veterano político que, empero, encuentra justificado que sus colegas reciban obsequios de parte del Ejecutivo, aunque, dice, deberían ser de precio limitado, teniendo en cuenta que deben salir de los fondos estatales.

Moscoso no se limitó a relojes, pero aprendió la lección. Tras el escándalo, los obsequios fueron bastante más baratos: bolígrafos, champán o canastas de licores. Nada que sobrepasara los cien dólares, calcula la fuente.

Lo mismo había hecho su predecesor, el ex presidente Ernesto Pérez Balladares (1994-1999). Sus obsequios llegaban puntualmente el día del cumpleaños del legislador y/o en la Navidad. Por ejemplo: 30 porta tarjetas de plata en septiembre de 1997 –aunque no se sabe por qué en esta fecha–, a un costo de poco más de 2 mil dólares; 64 teléfonos celulares para los "honorables", lo que representó un gasto de casi 12 mil dólares y más de un centenar de pines de oro para legisladores y otros servidores de la Asamblea, en diciembre de 1998, por la módica suma de 16 mil 300 dólares.

Pero los legisladores –hoy diputados– no solo reciben regalos, sino que los piden abiertamente al Ejecutivo: viajes o gastos médicos, como el del entonces vice presidente de la Asamblea, Juan Manuel Peralta, quien el 22 de marzo de 1999 le remitió a Pérez Balladares las facturas de los gatos médicos en los que había incurrido en la Clínica de Paitilla, que ascendían a más de 5 mil dólares. No problem. El cheque salió el 4 de junio de 1999.

De sus fondos –como solía llamarles Pérez Balladares a las partidas discrecionales asignadas a la Presidencia– salieron dineros para fiestas particulares –como la del legislador Elías Castillo en 1998– o para el Carnaval, como en el caso del legislador penonomeño César Pardo, que recibió fondos para esos alegres fines en varias ocasiones y por varios miles de dólares. Incluso para bodas de hijos de los honorables: caso del chorrerano Aris de Icaza, en 1998.

Si bien es cierto que discreción significa "al antojo o voluntad de alguien, sin tasa ni limitación", también significa "sensatez para formar juicio y tacto para hablar u obrar". Parece obvio que los panameños esperan que el dinero de sus impuestos se utilice como sugiere el último significado, aunque los gobernantes prefieran el primero.

Relacionado: Los obsequios a la luz de la ética y la ley

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