En el ocaso de su mandato, el contralor Gerardo Solís tomó la decisión de implementar un programa de retiro voluntario destinado a los servidores públicos de la Contraloría General de la República.
La medida sorprendió al presidente de la República, José Raúl Mulino, quien subrayó en su habitual conferencia de prensa que no estaba al tanto del programa de la Contraloría. “¿Pero tiene capacidad para eso? ¿Y de dónde va a sacar la plata? No la he visto, sinceramente”, respondió el mandatario ante la pregunta.
Además, envió un mensaje a Solís: “Tranquilo, que tongo botado no pone boleta”.

En entrevista con La Prensa, el contralor explicó que el programa de retiro voluntario para los funcionarios públicos no es una idea nueva, sino que tiene precedentes en la era democrática de Panamá.
Fue implementado por el gobierno de Guillermo Endara (1990-1994), en el cual Mulino, actual presidente, fungió como Ministro de Relaciones Exteriores.
La iniciativa, según Solís, busca reducir la cantidad de servidores públicos y aliviar la carga presupuestaria del país, disminuyendo los gastos en la planilla estatal. Sin embargo, aclaró que el programa solo será viable si se asignan los recursos necesarios para liquidar a los funcionarios que decidan acogerse a esta opción.
Presupuesto
Solís subrayó que la Contraloría no improvisa en sus acciones y que la ejecución del programa de retiro voluntario depende de varios factores. Primero, será necesario conocer cuántos funcionarios desearían acogerse a la medida una vez que esta sea publicada.

El programa está dirigido principalmente a los trabajadores más antiguos y aquellos con problemas de salud, pero su implementación efectiva dependerá de cuántos opten por retirarse. En palabras de Solís, solo cuando se tenga claridad en esta cifra, se podrán buscar los recursos para proceder con las liquidaciones.
La medida, anunciada para 2024, ofrece a los funcionarios la posibilidad de poner fin a su relación laboral con la institución, en un proceso que promete beneficios económicos específicos. Según el documento publicado en la Gaceta Oficial esta semana, el programa de retiro otorgará una semana de salario por cada año laborado. También establece que, para el cálculo de esta gratificación especial, se tomará como base el último sueldo devengado y el tiempo laborado al servicio de la Contraloría en una posición fija, de forma ininterrumpida.
Reflexión
Sobre el comentario de Mulino de que “tongo botado no pone boleta”, Solís dijo que es totalmente cierto.

“Lo he podido comprobar durante la transición: el personal de la Contraloría, siguiendo mis instrucciones, atiende con mucho respeto los requerimientos del equipo del nuevo contralor, tal como debe ser. Yo ya estoy desahuciado. Mis días están contados”, puntualizó.
Recordó que al asumir el cargo les dijo a todos sus colaboradores: “Ustedes son inmortales y eternos; permanecen en sus funciones durante cuatro o hasta cinco décadas, mientras que yo soy un simple mortal. En cinco años ya no estaré aquí”.