Dirigentes tradicionales de la comarca Ngäbe Buglé pidieron respeto a su forma de castigo en el cepo –el cual recordaron data de muchos años– para mantener la disciplina.
El cepo consiste en un instrumento de tortura en el que se le amarran los pies y los brazos al castigado. El mecanismo se va apretando poco a poco para producir un dolor agudo o la fractura de las extremidades.
"No se debe violentar la autonomía de las leyes tradicionales, porque el cepo es un castigo que se le impone a los que actúen a espaldas de la mayoría y poner orden", indicó el dirigente Marino Montezuma.
Montezuma agregó que a este castigo seguirán siendo sometidos otros supuestos dirigentes que firmaron proyectos que perjudican al pueblo indígena.
Sin embargo, el gobernador de la comarca, Samuel Amador, pidió un alto a este tipo de castigo porque no está legalizado. Indicó que los responsables podrían ser demandados.
Un grupo de indígenas decidió, desde la semana pasada, colocar en el cepo a cuatro dirigentes de su etnia por firmar acuerdos con empresas que, según argumentaron, perjudican las tierras comarcales.
Sobre este tema, el Ministerio Público informó que investigará el castigo al que fue sometido Demecio Cases, presidente del Congreso Tradicional de la Comarca Ngäbe Buglé, por parte de pobladores del área.
