De niña, apenas veía televisión; de hecho, contaba con los dedos de la mano los programas infantiles. No había cable; no había VHS; no había celular; no había computadoras; no había videojuegos; no había CD ni DVD; no había centros comerciales ni lugares de diversión para niños.
No había torrentes de clases particulares para chicos ni toneladas de tareas que hacer en casa. La vida era sencilla. Y lo más importante, las mamás de mi época no se exigían tanto a sí mismas ni a sus hijos. Definitivamente, eran tiempos más relax.
Y crecimos contentos. Nadie "se puso bruto" por la falta de estimulación.
Me pregunto entonces, ¿por qué las mamás actuales nos sofocamos tanto? Desde que nuestros hijos están en la pancita, queremos darles lo mejor de lo mejor: que si el juego de cuarto más caro (y por favor, con colores primarios para incentivar la vista); que si el coche último modelo, o un ajuar de ropa fenomenal. Para "aprender a ser mamás", nos asesoramos con libros y programas de televisión especializados, amén de recibir consejos de los más expertos de los expertos.
También parecemos obsesionadas con crear chicos genios. Conozco mamás que apenas saben que están embarazadas, corren a las más prestigiosas escuelas para inscribirlo y asegurarse que su retoño, que ni ha visto la luz del día, pueda algún día aspirar a Harvard o cosa similar. Otras no dejan pasar la noche sin ponerle audífonos a la barriga para que el bebé escuche a Mozart y se ponga "más inteligente". Luego insisten en meterlo desde pocos meses en clases especiales "de estimulación". Y luego, planean eventos (bautizos, cumpleaños, etc.) incoherentemente elaborados en competencia consciente o inconsciente con otros en los que, por supuesto, el bebé es el último en enterarse.
Y yo me pregunto: ¿para qué tanto estrés?
Yo traté de ser una supermamá, pero ¡qué va! No tengo la paciencia ni el perfil ni la capacidad de aguante. Francamente, me hastié de los estándares de perfección de la época en que vivimos.
Así que he decidido aliviar mi carga emotiva, y dedicarme a ser una mamá, a secas.
Un ejemplo: rechazo con bastante frecuencia ofertas de más trabajo tanto internas como externas a mi empleo actual. ¿Qué si recibiría más prestigio profesional? Probablemente, pero me interesa más dedicarme a mis hijos y ¿por qué no?, a tener algún tiempo libre para mi. ¿Qué si ganaría más dinero? Seguro, pero he aprendido que a medida que se tiene más, se gasta más, así que de veras no vale la pena entrar en esta carrera.
Mis hijos pequeños no van a clases particulares. Con franqueza, por dos razones: uno, no puedo pagarlas; y dos: si tuviera el dinero, ¿cómo haría para llevarlos a éstas con mis obligaciones laborales? No les digo que a veces me abruma el sentimiento de culpabilidad, pero luego los veo tan contentos haciendo tortas de lodo en el jardín, pienso que no les estoy haciendo un terrible daño al no planificarles tanto la vida.
Mis retoños tampoco tienen muchos juguetes. Y créanme, los que tienen jamás han sido escogidos pensando en que les ayudarán a ser "más inteligentes". Los elijo buscando creatividad e imaginación. La mayoría de las veces, son mis hijos mismos los que eligen con qué jugar: rocas en el parque, un tubo de papel higiénico, una media vieja.
¿Para qué la competencia? ¿Para qué el dinero y las cosas materiales? ¿Para qué darles a nuestros hijos tantas obligaciones? ¿Para qué seguir tantas instrucciones? Pareciera que no podemos poner un pie fuera de la cama sin sentir la presión de comprar un montón de cosas caras o de hacer cosas que francamente resultan inconvenientes con el afán de ser supermamá y producir un superchiquillo.
Aunque después de toda esta alharaca anti-expertos resulte irónico darle consejos, seguro que de igual a igual se los espera. Aquí van, entonces: tome su vida y la de sus hijos con calma. No se presione usted ni tampoco lo haga a sus hijos. No sea una esclava de los expertos, y guíese por el sentido común. No sea materialista. No sacrifique el tiempo para sí y con sus hijos. No les dé a sus chicos todo lo que pidan. No compita con otros padres. Viva una vida sencilla. Y nunca, nunca se sienta una mamá inadecuada. Seguro que igual que la mayoría, usted hace lo mejor que puede.