Toda la riqueza cultural del arte asociado a la época precolombina, colonial, departamental y republicana se concentra en distintos museos panameños. Colecciones de cerámicas, líticas (piedras talladas) y orfebrerías son los vestigios de civilizaciones de siglos pasados que hicieron propias las tierras de Chiriquí, Coclé y Darién.
“Las piezas de oro identificaban a personas de autoridad en el mundo precolombino”, distingue Orlando Hernández, coordinador general de museos en el Instituto Nacional de Cultura (Inac).
Urnas funerarias de cerámicas de gran tamaño y las esculturas de Sitio Barriles (Chiriquí), conformadas por efigies en tamaño natural que emulaban a jefes con sombreros cónicos, en ocasiones cargados sobre los hombros de esclavos o sirvientes, son piezas que el estudioso identifica como las más llamativas de los tiempos que antecedieron la llegada de los españoles.
Entrada la época colonial, Hernández hace hincapié en las figuras de imágenes (santos) confeccionadas por lugareños, óleos cuzqueños o quiteños y platería que complementaba la vestimenta religiosa del siglo XVIII.
Por otro lado, en el inmueble neoclásico del Museo de Historia de Panamá, ubicado en el Palacio Municipal Demetrio H. Brid en el Casco Antiguo, reposan los documentos y mapas que reconstruyen el Panamá departamental (de 1821 a 1903) y republicano (de 1903 al presente). “Contamos con enseres de los protagonistas de varios episodios históricos”, acota el conocedor de la materia.
El funcionario reconoce que algunos sitios no están disponibles al público, como el antiguo edificio del Museo Antropológico Reina Torres de Araúz, aledaño a la plaza 5 de Mayo, mientras que otros en el interior de la república como el Museo de Penonomé, Coclé, y el Museo De Obaldía en David, Chiriquí, permanecen cerrados por trabajos de construcción y actualización de los guiones o contenidos como parte de planes en ejecución de la institución.
En la ciudad capital las casas museísticas abiertas a los visitantes son: el Museo de Historia de Panamá, el Museo Afroantillano y el Museo de Arte Religioso.
Entre tanto, la institución ha iniciado un estudio para la rehabilitación del edificio de la plaza 5 de Mayo de acuerdo con su función museística. “El objetivo es que el [antiguo] Museo Antropológico se convierta en un polo arquitectónico y cultural, que conjuntamente con la plaza de Santa Ana rescate el valor arquitectónico y emblemático de la Avenida Central”, adelanta Hernández.
EL EMPUJE DE LOS PATRONATOS
En el sector sur de la ciudad, el museo ubicado en el Centro de Visitantes del Patronato Panamá Viejo enriquece la historia y el legado de las ruinas del sitio arqueológico, declarado desde 2003 Patrimonio Mundial por la Organización de la Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura.
Néstor Sánchez, historiador del museo, destaca entre la colección permanente los elementos del “entierro prehispánico de la aldea de pescadores”, complementados con los demás objetos de la vida cotidiana de indígenas y españoles.
La exhibición completa recibe 3 mil 500 visitantes mensuales, siendo agosto el mes de mayor tráfico con hasta 6 mil 500 visitantes que se acercan al museo motivados por la celebración de la fundación de la apacible ciudad, que data de 1519.
El TRIÁNGULO DE LA MODERNIDAD
El Museo del Canal Interoceánico es la joya que difunde la historia de la construcción del Canal de Panamá. Su elemento más representativo es la restaurada bandera utilizada por institutores que protagonizaron la gesta de 1964.
El museo dispone de una sala en la que presenta un video de cómo se recuperó la insigne bandera, y tras una urna cristalina a mediana luz, expone el pabellón tricolor restaurado íntegramente.
Según datos proporcionados por el personal del museo, de julio a agosto pasado se recibieron 18 mil 14 visitantes.
En el Causeway, el recién inaugurado Biomuseo con el sello del arquitecto canadiense Frank Gehry es parte del recorrido cultural que alberga la ciudad. “Está compuesto por cinco galerías, en las que hay desde fósiles hasta esculturas y trabajos audiovisuales. Entre ellas, el espacio que causa mayor impacto en el público es el Panamarama”, argumenta Alberto Gualde, encargado del departamento de comunicaciones del Biomuseo.
“Se trata de un espacio de proyección de triple altura con piso de vidrio y 10 pantallas gigantes, que envuelven a los visitantes en un asalto sensorial que recorre la biodiversidad panameña”, describe Gualde de la experiencia que genera un sentimiento de orgullo especialmente en los coterráneos.
En tanto, el arte acorde con nuestro tiempo tiene su hogar predilecto en el edificio donde hasta 1983 funcionó el Templo Masónico, ubicado en Ancón. Desde allí, Silvia Estarás, la directora del Museo de Arte Contemporáneo (MAC), traza un nuevo esquema para el visitante cultural.
El MAC está ubicado en Ancón, una zona que se añade fácilmente a quien ande de paseo por el Casco Antiguo o venga del Causeway y culmine en este sitio.
“Son tres museos importantes en esta parte de la ciudad que puede entrar en la agenda del panameño y en sus paseos domingueros”, resalta la directiva.
El MAC tiene la particularidad de contar con exposiciones variadas. Justo en este momento sus dos plantas están exhibiendo 55 vestidos artísticos de la diseñadora española Agatha Ruiz de La Prada.
Sin embargo, las barreras del tiempo o el espacio han sido vencidas por esta casa museística, que a partir del pasado mayo dispone de su colección permanente de artistas panameños y centroamericanos en la sección colección de su página web (http://www.macpanama.org/coleccion/Index.htm), para la contemplación de público nacional o extranjero.

