El transporte ‘pirata’, entre la necesidad y la ilegalidad

El aroma a tierra húmeda después de unas horas de lluvia se mezcla con el de gasolina; el sonido de las bocinas de los cientos de carros, buses y camiones que se desplazan a lo largo de la vía al puente Centenario retumba constantemente en los oídos.

En medio de este escenario, un gran número de personas que se encuentra en este punto –con evidentes señales de cansancio– aguarda por un "carro pirata" que les pueda transportar de vuelta a sus hogares.

Son 10 las personas que en un primer momento esperan, por la tarde de un día de semana, por uno de estos carros. Sobre ellos cae una llovizna; el reloj marca las 5:30 p.m. Una de estas personas reconoce que en ocasiones la espera es muy larga. El panorama empeora cuando llueve a cántaros, es quincena o fin de mes.

"Todo depende de la suerte que tengas. Con fortuna, tu espera puede ser de solo cinco minutos, tu pasaje pudiera costarte solo $1, el vehículo que abordes puede estar en buenas condiciones, los demás pasajeros pueden ser amables y el conductor pudiera hasta ponerte buena música", comenta.

Pero la realidad que conoce es otra: se debe correr para llegar de primero al auto y el ‘juega vivo’ está a la orden del día.

Así como este usuario, son miles los panameños que viven en los distritos de Arraiján y La Chorrera que tienen diariamente que buscar la manera para trasladarse desde sus casas hacia sus trabajos y viceversa, debido al insuficiente servicio que brindan los buses de esa región y con el objetivo principal de ahorrar tiempo, cueste lo que cueste.

Ya han transcurrido 20 minutos; el reloj indica que son las 5:50 p.m. y el entrevistado no ha logrado abordar un transporte. Sugiere trasladarse hacia el inicio de la vía que dirige al puente Centenario, donde seguramente habrá más personas como él a la espera de un pirata. Así es que, sin más, se decidió caminar en dirección opuesta a cerro Patacón. ¡Bingo!, mucha más gente, mucha más bulla y corredera.

Cabe destacar que no todos tenían como destino Arraiján o La Chorrera; había otros que aguardaban por buses que se dirigieran a La Unión, Calzada Larga, Villa Gracia, San Vicente, en la zona norte de la capital.

Ya sea en calle 25 de Calidonia, en la plaza 5 de Mayo, en la calle I a la altura del Instituto Nacional, ubicado en el corregimiento de Santa Ana o sobre la vía Centenario… allí se pueden encontrar vehículos particulares, buses amarillos, Coasters y hasta "diablos rojos" haciendo estos viajes.

Es este el dilema en el que se encuentra la Autoridad de Tránsito y Transporte Terrestre (ATTT), que ha mantenido la posición de que el transporte pirata debe desaparecer. Sin embargo, los usuarios sienten que se trata, más que todo, de una necesidad.

INICIATIVAS

En reiteradas ocasiones, se ha tratado de buscar, a través de la Comisión de Transporte de la Asamblea Nacional, alguna alternativa que mejore la situación para el usuario, pero no se contempla la legalización de este transporte.

Algunas de las sugerencias establecen que la ATTT permita a las concesionarias ya establecidas ubicar diferentes piqueras en la ciudad y no únicamente en la terminal de transporte de Albrook; a manera de que los usuarios no tengan que desplazarse hasta esa zona y se pueda ofrecer un mejor servicio.

También se ha indicado que la ATTT debería otorgar más certificados de operación a las prestatarias legalmente constituidas. Otra opción es que se libere el mercado del transporte y que cada prestataria cobre las tarifas y ubique su piquera a conveniencia.

Hasta el momento, la ATTT no ha tomado ninguna decisión definitiva respecto a este particular y evalúa de qué forma se puede resolver la situación.

Mientras tanto, los conductores que se dedican a este oficio informal se enfrentan a las críticas por parte de los dirigentes del transporte del área oeste, quienes los acusan de ser los responsables de desórdenes viales (regatas, circulación en los hombros de la carretera, falta de seguros para los pasajeros). También se enfrentan a la posibilidad de ser detenidos, multados y remolcados por algún agente policial o representante de la ATTT.

Estudios indican que entre Arraiján y La Chorrera hay un movimiento diario de casi 36 mil pasajeros, para los cuales la oferta del transporte colectivo de ambos distritos es de 463 unidades rodantes.

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