8:26 a.m. - MIREBALAIS, Haití. (AP). -Un anciano con las mejillas hundidas está tan deshidratado que tiene que ser cargado por el terraplén que lleva a la clínica, donde priva un intenso olor a lejía.
Unos minutos más tarde, un padre con rostro preocupado entra al lugar, llevando a una niña de 2 años en un vestido blanco, con los ojos hundidos y perdidos. Les sigue otro paciente anciano, demasiado débil para caminar.
Esas escenas han vuelto a ser comunes en gran parte de las zonas rurales de Haití, donde ha resurgido una letal epidemia de cólera que recorrió el país a fines del año pasado, impulsada por semanas de intensas lluvias que han ayudado a la dispersión de la bacteria que florece en los ríos y arrozales del país.
El centro de tratamiento en Mirebalais, un pueblecito polvoriento a una hora en auto desde la capital, está recibiendo de nuevo a decenas de nuevos pacientes cada día, muchos al borde de la muerte a causa de la deshidratación.
"Cuando la gente llega aquí está en condiciones críticas, a punto de morir", dijo Francole Adonis, que registra los nuevos arribos en el centro en Mirebalais.