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Explorando el Caribe Panameño

De sol, playas y verde en Colón

Explorando el Caribe Panameño
Explorando el Caribe Panameño

La selva forma una barrera natural de árboles al llegar al sector Caribe de la cuenca interoceánica del Canal de Panamá. Atrás quedan las esclusas del Gatún; luego de unos pocos kilómetros, entrando al área protegida administrada por Miambiente, el Paisaje Protegido y Bosque Protector San Lorenzo el cual nos muestra un paisaje que invade nuestros sentidos. Un encuentro de ecosistemas boscosos y marinos, un mundo verde y turquesa, de bosques intactos y playas secretas.

Llegamos a una punta rocosa donde está asentado el fuerte San Lorenzo, desde donde podemos observar la desembocadura del Chagres al Atlántico, que hoy presenta un azul de intensidad indescriptible. Frente a la península fortificada, los bellos paisajes caribeños nos seducen, los cocoteros hacen una línea entre el oleaje y la espesura de la selva llega hasta la orilla de arena refulgente, bañada por un mar cálido que nos llama a darnos un chapuzón.

Raúl Mariota, jefe del área protegida, nos cuenta que las alternativas para divertirnos en estas costas son varias. “Por ejemplo, la playa Tortuguilla, El Muelle y El Fuerte, son ideales para vivir plenamente el Caribe. Además, un tramo de 11 kilómetros del Chagres, desde la represa de Gatún hasta su desembocadura, nos permite hacer kayaking, observando flora y fauna diversa, y, por supuesto, los cocodrilos en el río Chagres”.

Aquí, los arrecifes de coral y el manglar ofrecen aventura, exploración, submarinismo y diversión acuática en los ecosistemas marinos más importantes de los trópicos. “Es que estos dos ecosistemas –corales y manglares- que hallamos tanto en San Lorenzo como en Portobelo, son como una suerte de viveros, viviendas para una variedad de peces e invertebrados y de aves marinas, que son un atractivo fabuloso para el ecoturismo responsable; una actividad que promueve el uso sostenible de la naturaleza, y promueve su conservación”, nos dice el Dr. Stanley Heckadon del Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales.

Además, el ecoturismo está brindando beneficios económicos a los locales “Por ejemplo, en el sendero El Trogón, en el sector sur de Achiote, se pueden contactar a guías locales de aves. En ese sector se cuenta con 450 especies registradas. En cuanto a los senderos de San Lorenzo, tenemos el circuito Aguacate, El Pavón y la torre de observación en la unión de los dos senderos”, agrega Raúl Mariota.

Explorando el Caribe Panameño
Explorando el Caribe Panameño

La selva intenta tomar posesión del longevo fuerte. Los muros de San Lorenzo, construidos en ese sitio de difícil acceso todavía lucen amenazantes con sus cañones que han resistido los siglos. Es que, desde los tiempos de los conquistadores españoles, la desembocadura del río Chagres se vio amenazada por corsarios, piratas y bucaneros. San Lorenzo se inició con el trabajo del arquitecto italiano Juan Bautista Antonelli, que sugirió fortificar la boca del Chagres, entendiendo, como ingeniero militar y estratega, que cualquier enemigo que entrara por la desembocadura del Chagres en el Caribe podía estar a menos de un día a pie de Panamá, y tomar la ciudad adonde llegaban el oro y la plata de Sudamérica. A efectos de minimizar los ataques, en 1595, se construye San Lorenzo en la ladera del escarpado risco, desde donde hoy nos disponemos a fotografiar las playas y el mar.

Nos despedimos de San Lorenzo. Costa arriba de Colón, pasamos por campos y bosques bordeando el litoral caribeño, hasta que entramos a una profunda y larga bahía custodiada por fuertes a lo largo del camino que nos conduce a Portobelo.

El pueblo donde se erigió la famosa aduana española como depósito de riquezas y uno de los sitios más importantes para el transporte y almacenaje del oro y la plata, por su sistema de “ferias y galeones”, se convirtió en tiempos de los conquistadores en el puerto obligado para el intercambio de las mercaderías que llegaban del Viejo Mundo, y para el paso de las riquezas del Imperio Incaico hacia España.

“Las playas del Parque Nacional Portobelo son un producto muy especial y frágil. Consisten de cinco playas que en conjunto suman apenas 855 metros de longitud. Son sitios de gran belleza escénica y una rica biodiversidad donde se encuentran los ecosistemas de bosque lluvioso, playas arenosas, manglares y arrecifes coralinos. Éstas son: Playa Blanca, Puerto Francés, Playa Huertas, Playa Mamey y Playa Grande”, nos dice Elizabeth Castro, jefa del área protegida.

Aledaño al legendario pueblo, el bosque tropical del Parque Nacional Portobelo hace de hogar de grandes animales como el águila arpía y el jaguar; además de pumas, tapires, saínos, puercos de monte, perezosos, venados corzo, pavas cimba, carpinteros carirrayados y pavas rubias, entre otras especies únicas, endémicas, migratorias, y en vías de extinción. Son joyas para los amantes de la naturaleza, al igual que su biodiverso mar, punto de encuentro de los que buscan, además de historia y tradiciones afroantillanas, experimentar el buceo recreativo, el snorkeling o el kayaking, en un eco-destino mundial de playas y bosques junto al mar.

Parque Nacional Portobelo:Sol y Playas de Portobelo:

Senderos de naturaleza e historia:

Tradiciones y cultura en el Poblado de Portobelo:

Playas:

Kayaking:

Senderos:


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