El bosque tropical exhala masas de vapor al amanecer y ejerce un encanto especial. A menos de una hora de la ciudad de Panamá, en la prístina cuenca del Chagres, un manto verde se extiende cubriendo las colinas boscosas del Parque Nacional Soberanía y del Parque Nacional Camino de Cruces. Presenciamos la belleza de un tesoro hídrico mientras cruzamos a remo el río Chagres hacia un sitio donde se hallan los restos arqueológicos del antiguo camino español.
Nuestro guía Emberá, Melio Tócamo, nos enseña los secretos del bosque, fauna y flora, hasta llegar a un espejo de agua alfombrado por nenúfares donde antiguos escalones de piedra marcan el comienzo de un tramo del Camino de las Cruces que, construido en 1517 por el soldado español Gaspar de Espinosa, conectó en el pasado a la ciudad de Panamá con la Venta de las Cruces y con el Fuerte San Lorenzo. Para entender la importancia de estos caminos, se estima que entre los años 1531 y 1660 pasaron un 60 por ciento de las riquezas suramericanas por el istmo. En época seca, el oro y la plata del Imperio Inca se enviaban por el Camino Real que conectaba Panamá con Portobelo. En aquellos tiempos, durante la época de lluvias, la ruta se realizaba desde Panamá por el Camino de Cruces hasta el río Chagres, donde se embarcaban en canoas hacia el Caribe.
La mañana transcurre explorando los senderos que nos muestran las huellas de los conquistadores, para luego partir de retorno a la aldea Emberá cercana al pueblo de Gamboa. Allí, músicos y danzantes nos reciben con bailes que representan a los animales del bosque. Las mujeres confeccionan bellas artesanías tejidas con hojas de palma y fibras naturales; los niños y niñas nos ofrecen semillas de tagua talladas; y los jóvenes nos guían por los senderos para observar la variedad de aves y sus plantas medicinales. Luego de conocer el interior de sus viviendas típicas donde la vida transcurre al calor del fogón, la música Emberá y los sonidos del bosque nos despiden.
Siguiendo la ruta paralela al canal de Panamá, pasamos el pueblo de Gamboa e ingresamos al sendero Camino del Oleoducto. Luego de deleitarnos con las acrobacias de una pareja de monos araña y con la lentitud de un perezoso de dos dedos que cargaba celosamente a su cría, nos esperaban nuestras bicicletas para poner un broche de oro a un día de diversión y aventura en las áreas protegidas, en contacto con la naturaleza, la historia y las costumbres indígenas.
Actividades en las dos áreas protegidas:
-Senderismo, acampada
-Observación de flora y fauna
-Ciclismo, kayaking y pesca deportiva
-Visita a comunidades Emberá

Presenta senderos que son un punto de encuentro entre bosques, ríos e historia:

