Según cálculos del famoso “Instituto de Investigación de Potsdam sobre los efectos del cambio climático“ (PIK), no se deben sedimentar más de 230 gigatoneladas de CO2 en la atmósfera. Sólo así se podrá lograr que el calentamiento máximo del clima no supere los dos grados hasta finales de este siglo. Políticos y científicos están actualmente dedicados a evitar la emisión de CO2 a toda costa. ¿Pero, sería posible también aprovechar este gas de otro modo, sin que se escape hacia la atmósfera?
Hace mucho tiempo ya que la industria trabaja con CO2 como materia prima. La urea, por ejemplo, es un fertilizante obtenido gracias a la reacción entre CO2 y amoníaco. También para la producción de la Aspirina se emplea CO2 desde hace más de 100 años. Pero esta molécula es capaz de mucho más aún. El químico muniqués, Prof. Bernhard Rieger, está convencido de ello y quiere producir materiales útiles a partir de dióxido de carbono.
Rieger quiere demostrar la versatilidad de esta simple molécula y se vale para ello del carbonato de polipropileno. Este sintético es obtenido a partir de CO2 y dentro de pocos años ya podría ser producido a gran escala por el gigante químico BASF. Desde hace unos 40 años que se descubrió esta reacción, pero los científicos recién lograron ahora controlarla. Los investigadores del “Centro Muniqués para la catálisis de CO2” determinaron cuáles son los catalizadores necesarios para que la molécula adopte la forma y apariencia deseadas: ya sea turbia o transparente, flexible o rígida, biodegradable o indestructible. El carbonato de polipropileno, compuesto a la mitad por CO2, podría entonces imponerse en el mercado del plástico por ser tan polifacético.
Hacia una química sin petróleo
Por medio del carbonato de polipropileno se busca detectar cuál es el potencial del dióxido de carbono, que hasta el momento es considerado una materia prima sin utilidad práctica. A partir de allí se puede pensar en otras áreas de aplicación, que alcancen hasta la obtención de metano, que ya sirve en la actualidad como combustible para automóviles. Pero antes de que llegue ese momento los investigadores deberán superar aún muchos desafíos científicos y políticos. Para que la visión de la gran industria química a partir de CO2 se haga realidad, es necesaria una labor conjunta entre empresas y Estados. Al igual que en el proyecto Desertec, de obtención de energía eléctrica a partir de plantas solares ubicadas en el desierto. Para ello todos los implicados deberán tener mucha paciencia y un largo aliento…
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