MANAGUA, Nicaragua. (DPA). - "Ayer tenía apenas una calenturita y ya hoy amaneció grave el chavalo... no me han dicho si me lo van a hospitalizar", dice angustiada Marcia Bojórquez, mientras acuna al hijo de tres años que llora sin parar, los cachetes rojos por la fiebre.
La escena es común en la sala de emergencias del hospital infantil Fernando Vélez Paíz de Managua, saturada de pacientes con síntomas de dengue, una enfermedad que este año ha dejado más de 8 mil contagiados en Nicaragua y unos 100 mil en toda Centroamérica.
Según la Organización Panamericana de la Salud (OPS), a las 20 víctimas nicaragüenses del virus que transmite el mosquito Aedes Aegypti deben sumarse 30 fallecidos en Honduras, seis en Guatemala y tres en El Salvador.
Aunque Costa Rica no reporta fallecidos (tampoco los hay en Panamá), contabiliza cerca de 47 mil casos, una de las cifras más altas de la región que según expertos sufre la peor epidemia de dengue de los últimos cinco años.
"Esta es una enfermedad muy peligrosa, no podemos descuidar la limpieza de nuestros hogares", repite en los medios oficiales la primera dama y portavoz presidencial de Nicaragua, Rosario Murillo, que a diario reporta la movilización de miles de brigadistas voluntarios en jornadas de fumigación y destrucción de criaderos del mosquito.
Sin embargo, a un mes de haber decretado el gobierno la "alerta roja sanitaria" contra el dengue, la epidemia no sólo no se ha frenado en Nicaragua sino que aumentó, con 3 mil 200 casos nuevos solamente en los últimos 30 días, de acuerdo a datos oficiales.
Lo anterior significa que cada día se reportaron 106 personas enfermas, a razón de cuatro contagiadas cada hora por la picadura del nocivo mosquito, que incuba sus larvas en depósitos de agua limpia, como latas vacías, macetas o piletas en desuso.
