El estado emocional va a depender de cómo se interpreten las experiencias vividas.
Dicho en otras palabras, va a depender de la forma como evalúa cada quien los hechos que se le presentan, al menos así lo consideran expertos en la materia.
¿Cómo se puede cambiar la actitud cuando se ha tenido un mal día? La psicóloga Yadira Bernal explica a través de un ejemplo.
“Si en la mañana se le quedó en casa un documento importante que necesitaba en su trabajo, no debe frustarse o ser negativo frente a este evento, que de por sí es negativo. Lo ideal sería tomar una conducta resolutiva, es decir, llamar a alguien que le pueda llevar el documento o dar las excusas y regresar a buscarlo”, comenta.
Adaptación
En este sentido, aquellos que reaccionan de forma negativa frente a un día complicado tienen baja tolerancia a la frustración, producto de sus pensamientos rígidos: piensan que lo planificado tiene que salir sí o sí de esa manera y, cuando esto no ocurre, se alteran, reitera un artículo publicado en entremujeres.com, revista del diario Clarín de Argentina.
Esta clase de individuos llega a considerar “erróneamente” que los problemas no tendrían por qué suceder, dice Bernal.
Incluso, se puede encontrar el lado positivo de lo negativo, pues según un estudio de la Universidad de Nueva Gales del Sur, tanto el mal humor como la tristeza tienen efectos “buenos” en el bienestar, por incongruente que pueda parecer.
Y es que pueden ayudar a mejorar la memoria. “El mal humor hace que nos concentremos más y estemos más atentos respecto a lo que ocurre a nuestro alrededor”, asegura la investigación.
Para sobrellevar esos inconvenientes cotidianos, lo primero es aceptar que es normal que ocurran contratiempos y no renegar con los problemas, sino pensar en cómo va a resolverlos.
También la persona debe ser reflexiva y no actuar desde el punto emocional; y hacer una jerarquía de los problemas, y no pretender resolverlos todos a la vez, sugiere Bernal.
