El equipo liderado por Mercedes Pascual, de la Universidad de Michigan, estudió durante más de 10 años las variaciones de temperatura e infecciones de malaria en Etiopía y Colombia.
Así, analizaron datos de entre 1990 y 2005 de la región colombiana de Antioquia y de entre 1993 y 2005 en la etíope Debra.
“La malaria aumenta casi siempre que el año es más cálido”, explica Pascual. “Aunque las temperaturas en las regiones afectadas aumenten solo en un grado, en ambos continentes pueden productirse decenas de miles de infecciones de malaria más de lo esperado”, añade.
En ambas regiones viven decenas de millones de personas. Hasta ahora, se las consideraba relativamente libres de malaria, pues cuando las temperaturas son bajas para los mosquitos es difícil reproducirse y transmitir la enfermedad.
Hace décadas que la comunidad científica debate sobre la influencia del calentamiento global en las infecciones de malaria. Actualmente se contagian unos 300 millones de personas, sobre todo en países cerca del Ecuador.