No es la tapa ni el agua del coco la maravilla, es su aceite el que ha sido elevado a potencia como uno de los nuevos “superalimentos”.En los fogones, el aceite de coco destrona a los convencionales (de base animal o vegetal) empleados en la preparación o cocción de alimentos debido a que su oleosidad dotada de una particular composición molecular (90% de ácidos grasos saturados o triglicéridos de cadena media, presentes también en la leche materna) hace más fácil su digestión al convertirse en energía, por tanto favorece su aprovechamiento y eficaz eliminación del organismo.
Carmen Schloeder
Científica
“El aceite de coco se digiere rápidamente, aumenta el metabolismo y no se convierte en grasa almacenada”, reafirma la científica Carmen Schloeder, dedicada al desarrollo de proyectos con ingredientes artesanales locales como el cacao y, en este caso, el coco.
La grasa del Coco nucifera, nombre científico de la fruta tropical, se extrae tras someterlo a presión en frío y rinde buenos resultados para los que desean bajar de peso, puesto que su ingesta produce la sensación de saciedad y contribuye a la reducción del apetito.
Estudios dirigidos a la concentración grasosa del coco (extravirgen) indican que su consumo refuerza el sistema inmunológico proporcionando protección contra los hongos, bacterias o virus; aporta una cuota en la reducción de colesterol en la sangre y previene el riesgo de sufrir problemas cardíacos.
Además, sus beneficios han llegado a ser pregonados por las celebridades de Hollywood, quienes han incluido al coco en sus rituales de belleza.
Un oleoso ingrediente caído de la cocotero
En tiempos en que los usos de las grasas comestibles ganan un creciente rechazo por sus implicaciones negativas para la salud, el aceite de coco sale airoso.El coco, un alimento completo compuesto de nutrientes (potasio, fósforo y calcio) posee en su aceite concentrado bondades para la salud desde la inmunización hasta la revitalización y prevención de enfermedades.
Conciliación
Sus usos en la cocina son infinitos, siendo un perfecto ingrediente de ensaladas, mezclas, vinagretas, batidos y cuanto uso clásico tenga un aceite convencional, enumera el chef, Javier Lamarca, especialista en la elaboración de platillos orgánicos en el local del Mercadito Biológico en San Francisco.
El aceite de coco -que no es más que el residuo de su pulpa madura (endospermo)- siempre dejará su sello en el paladar del comensal. “Su sabor tiene un toque tropical, que raras veces puede ocultarse en las preparaciones”, atestigua el cocinero.
Para el nutricionista-dietista José Ramiro López, una de la ventajas en la utilización del producto es que puede ser sometido a calor sin temer de que se convierta en una grasa dañina (o "trans").

A diferencia de otros aceites, el coco contiene grasas “buenas” reconociendo que estas son responsables para el funcionamiento óptimo del organismo. López recomienda el consumo del aceite de coco siempre en porciones moderadas, siendo su ingesta de especial ayuda en pacientes hepáticos con hipertiroidismo o en aquellos a los que se les haya retirado la vesícula biliar. “El aceite de coco a lo mejor no es tan milagroso, pero es una buena alternativa a aceites no tan favorables para la salud, como el aceite de vegetales y el de girasol”, plantea Carmen Schloeder, científica y desarrolladora de productos de tipo artesanal como chocolate o el aceite de coco en Panamá.Por el momento, el precio del aceite de coco suele ser elevado, debido a que es novedoso, pero Lamarca confía en que con la difusión de sus ventajas y el consecuente aumento de su producción a mediano plazo, su costo sea cada vez más asequible para los que optan por una alimentación más sana.

