Sin el acceso a la electricidad, aquellas necesidades fisiológicas del ser humano (como la alimentación, el descanso y el confort), que el psicólogo estadounidense Abraham Maslow estableció cómo la necesidades básicas en su teoría de la jerarquía de las necesidades no podrían ser satisfechas.
El consumo de la demanda de energía es cada vez mayor, debido a un componente productivo y otro de despilfarro, afirma la ingeniera eléctrica y electrónica Rebeca Ramírez, de la Secretaría Nacional de Energía.
Hace una semana, el 12 de mayo pasado, se registró un nuevo récord de demanda de energía, con mil 607 megavatios, según registra el Centro Nacional de Despacho de la Empresa de Transmisión Eléctrica, S.A. (Etesa).
En abril, y en los últimos días de mayo, se ha registrado un incremento en la demanda máxima de energía eléctrica, ya que son esos meses en que el istmo experimenta las más altas temperaturas, afirma por su parte el ingeniero electromecánico Gustavo Bernal, subgerente general de Etesa.
En otras palabras, “en un período de seis meses, el comportamiento de consumo de energía eléctrica ha estado variando entre mil 300 a mil 400 megavatios, y en los máximos han aparecido mil 607 megavatios. Eso significa que puntualmente en un día [12 de mayo de 2015], por varias razones, se consumió más energía”.
Lo anterior representa la “potencia máxima” de energía, es decir, “fue lo que tuvo el sistema que generar en un momento dado para poder compensar la carga de todos los panameños”, indica el ingeniero.
Análisis del consumo
Este aumento debe verse desde una perspectiva positiva y otra negativa, interpretan especialistas en materia energética.
Ese incremento se califica como positivo porque ello denota un crecimiento económico en Panamá, y negativo porque la mayoría de la demanda de energía eléctrica se registra en el sector comercial y de servicio —mas no en el residencial—, el cual está pendiente de implementar prácticas más amigables de consumo.

De acuerdo con Ramírez, en el sector comercial se percibe cierta resistencia al cambio para invertir en eficiencia energética y reemplazar equipos poco tecnológicos por otros más ahorrativos.
Sin embargo, centros comerciales de la ciudad capital, que no tenían sistemas acondicionadores de aire en sus pasillos, tuvieron que introducirlos como una estrategia para atraer clientela, señala el ingeniero Bernal.
“La tendencia actual es poder tener confort, tanto en la parte comercial como en la residencial”, agrega.
Esta preferencia se aprecia actualmente en el país si se toma en cuenta que la mayoría del consumo de energía eléctrica se destina al uso de sistemas acondicionadores de aire.
Se estima que el 62% de la energía eléctrica se consume con fines de acondicionamiento y de refrigeración, en ese orden, según datos proporcionados por la Autoridad Nacional de los Servicios Públicos.
El clima tropical húmedo y las altas temperaturas que caracterizan a su estación seca son factores que inciden a que Panamá consuma mucho aire acondicionado, tanto en el sector comercial, como en el residencial, y en otros, explica la ingeniera Ramírez.
“El uso del aire acondicionado se lleva prácticamente un 45% del consumo de energía diaria en todo el país; prácticamente casi todo lo que estamos produciendo [de energía] es para abastecer una carga que está destinada a aire acondicionado”, añade.
El consumo de energía de acondicionadores de aire está directamente relacionado con la temperatura en que sea activado el aparato, indica. “Si usted lo coloca a 20 grados centígrados, el consumo de energía eléctrica será menor que si se coloca a 16 grados centígrados, porque el aparato requerirá más energía para poder mantener esa temperatura fresca dentro del recinto”, dice.
La Secretaría Nacional de Energía estableció que en el sector público la temperatura de los acondicionadores de aire no podrá ser inferior a 24 grados, según lo estipula la resolución No. 1905 de 30 de diciembre de 2013.
Por otro lado, algunos diseños actuales de la industria de la construcción vigente son pensados con fines estéticos, mas no con el fin de hacer edificaciones más frescas, con aislación térmica, plantean especialistas.
En Panamá, proyectos de oficinas y apartamentos tienden a ser diseñados con grandes ventanas y espacios de vidrio, lo que fomenta que el interior de los recintos se caliente más rápido que si se hubiese utilizado concreto para construir, plantea el ingeniero Bernal.
El Reglamento de Aire Acondicionado y Ventilación —aprobado en la resolución Nº JTIA-855-2010 de 9 de junio de 2010— establece que un edificio no puede estar construido con más de 40% de vidrio.
Si un edificio se construye a partir de una cantidad de vidrio mayor, el acondicionador de aire de un apartamento determinado “tendrá que sobrepasar el 60% de la capacidad de enfriamiento que podría generar para poder acondicionar”, comenta el ingeniero.
Si bien es cierto que en el país existen construcciones que lucen bonitas, muchas no están adaptadas a un clima tropical húmedo como el de Panamá, indica Ramírez, quien explica que si una edificación o casa se construye con mucho material de vidrio experimentará un efecto invernadero en su interior, que conllevará “a consumir mucha más energía que si hubiese sido construida con los materiales adecuados, ya que si fuese así, los equipos acondicionadores tendrían una menor cantidad de trabajo [para enfriar el recinto] y, obviamente, generarían un menor consumo”.
Si bien es cierto que Panamá cuenta con los recursos necesarios para abastecer la demanda de energía cada vez mayor, los especialistas aconsejan usar la energía de forma productiva y promover el contenido de la Ley 69 de Uso Racional y Eficiente de Energía, del 12 de octubre de 2012.
