Los investigadores hicieron un seguimiento de la dieta y las condiciones de salud de una amplia muestra de adultos durante dos décadas, y encontraron que el consumo continuado de proteínas animales hace que una persona tenga cuatro veces más probabilidades de morir de cáncer que alguien con una dieta baja en proteínas.
Esto es un riesgo de mortalidad por cáncer comparable al que corre una persona que fuma.
El consumo excesivo de proteína no solo aparece vinculado a un incremento sustancial en la mortalidad por cáncer sino que las personas de edad mediana que comen mucha proteína de origen animal, incluidas carnes, leche y queso, son más susceptibles a una muerte temprana en general, según esta investigación.
Un aspecto importante del estudio es que los investigadores determinaron que las proteínas procedentes de plantas, tales como los frijoles, no parecen tener los mismos efectos sobre la mortalidad que tienen las proteínas de origen animal.
Las conclusiones de este estudio sustentan las recomendaciones de varias agencias de salud según las cuales un consumo saludable es de unos 0.8 gramos de proteína por kilo de peso corporal cada día en la edad mediana.
Los investigadores califican como dieta con alto contenido de proteínas una en la cual al menos el 20% de las calorías provienen de proteínas, incluidas las proteínas de origen vegetal o animal.
Una dieta moderada incluye del 10% a 19% de calorías provenientes de proteína, y una dieta baja es la que incluye menos de 10% de proteína.