Los chicos de la categoría micro de la liga de fútbol de El Colegio de Panamá no solo son guerreros en la cancha.
Desde el pasado 14 de octubre, los Mighty Eagles se convirtieron en el primer equipo colegial del país en acoger en su liga a “El #12”.
“El #12” es un joven de 15 años diagnosticado con trastorno del espectro autista (TEA), que cumple la función de dar agua a los integrantes del equipo, a fin de que se mantengan hidratados durante todo el partido.
Se trata de un programa que ha puesto en marcha la Fundación Enséñame a Vivir, con el propósito de darle a jóvenes que atiende –cuya condición es más severa– la oportunidad de desarrollar habilidades, al tiempo que favorece su participación en actividades comunitarias con chicos de su edad.
El programa se inició este mes, como parte de un plan piloto, informó la directora de la fundación, Lisett Basmeson, quien lo supervisa directamente, por ahora. Reconoció que a medida que haya más jóvenes en él, la fundación requerirá fondos para nombrar personal.
Basmeson detalló que el primer adolescente del programa tiene las habilidades y la capacidad de aprender el quehacer de un waterboy, que es una posición cubierta por jóvenes en muchos partidos en Estados Unidos, quienes se mantienen desde el principio hasta el final del juego y que se mueven a donde se movilice el equipo, con el propósito de apoyar a sus compañeros en la tarea de mantenerlos hidratados. Expresó que en el plan piloto participarán seis jóvenes que ingresarán gradualmente, y se irá evaluando su efectividad al cubrir la plaza.
Posteriormente, indicó, la idea es ampliar el programa a muchachos con discapacidad cognitiva que estén interesados en participar del programa y que al ser evaluados llenen los requisitos de admisión para ser entrenados. “El niño debe ser evaluado primeramente en sus destrezas motoras, en la capacidad de seguir instrucciones y cuánto tiempo puede permanecer realizando la actividad”, detalló.
Asimismo, se evalúa el grado de independencia con el que ejecute la instrucción de proveer de agua a los jugadores y si a largo plazo es capaz de aprender la dinámica de entrar al campo y retirarse, cuando se necesite.
El programa empezó con la liga de los más pequeños de El Colegio de Panamá y se prevé que escale a las categorías mini y juvenil. La fundación aspira a que tan pronto pase el piloto, otros colegios acojan esta experiencia inclusiva que, además de contribuir con la sensibilización de la población y el rompimiento de barreras sociales, le deja a los chicos con TEA beneficios como el aprendizaje de rutinas más interactivas y el trabajo cooperativo, al tiempo que hace ejercicio en campo abierto.
De hecho, Basmeson señaló que tan pronto concluya el plan piloto de “El #12” y se evalúen sus resultados, prevé acercarse a instituciones como el Ministerio de Educación y la Secretaría Nacional de Discapacidad para presentarles esta iniciativa.
Los niños del Mighty Eagles disfrutaron tanto como “El #12” del primer día de inclusión deportiva. Juan José Dutary, quien juega la posición de defensive end y tight end, afirma que le pareció “súper” la idea y que el chico demostró que es capaz de hacer las cosas y los ayudó. Otro jugador que compartió su experiencia fue el defense y kicker del equipo, Rodrigo Simonato, quien opinó que el programa es muy bueno, porque los chicos con autismo “son niños que tienen problemas [y él sabe que] quisieran ser como los demás para ser integrados en los deportes”. “Y es bueno [integrarlos], porque si uno no lo [hace] van a pensar que son raros, y si lo piensan, no van a querer acercarse más a nadie”, comentó.
Lorenzo Barletta y Diego Figarella dijeron que los niños con autismo tienen derecho a participar con ellos en actividades como esta y agradecieron el que se haya incluido en su equipo a este waterboy.
