SIDNEY, Australia (REUTERS) -Reírse sería una buena medicina para los ancianos con demencia, y lo mejor es que se trata de una terapia sin efecto colateral alguno.
El terapeuta australiano Jean-Paul Bell era originalmente un “paramédico” que trabajaba con niños enfermos, pero ahora hace reír a los ancianos a través de un programa llamado Play-Up. Bell también fue el terapeuta central de un estudio realizado en Sidney sobre el impacto de la terapia del humor sobre el estado de ánimo, la agitación, los problemas conductuales y las relaciones sociales en pacientes con demencia.
El estudio demostró que sus participantes eran más felices. “La idea general detrás del programa Play-Up y lo que estamos haciendo en el Instituto Artístico de Salud es alentar a los pacientes a jugar más porque creemos que tienen el potencial de mantenerse jugando hasta el último suspiro”, dijo Bell.
El experto fundó el Instituto Artístico de Salud para entrenar al personal que asiste a ancianos en el fortalecimiento de las relaciones lúdicas con sus pacientes, particularmente en aquellos con demencia.
El estudio, llamado SMILE (Sonrisa), tuvo lugar durante tres años e incluyó 36 hogares de cuidado y 400 residentes.