¿Qué puede hacer hoy la corona por España?

MADRID, España.- Felipe VI ha empezado hoy a dibujar con trazo fino el mapa de su reinado. En España, por mandato constitucional, el rey reina, pero no gobierna. Su papel es simbólico, de representación, de respeto a la separación de poderes. Así está escrito en nuestra carta magna y así ha sido reconocido por el Rey en su discurso. Felipe de Borbón sabe que, al igual que su padre tuvo que ganarse el trono con la Transición y su papel en el 23-F, él tiene por delante una dura tarea. España es una democracia consolidada, pero la crisis económica, la corrupción generalizada y los errores cometidos por su padre y por su hermana Cristina, son una pesada carga de la que deberá desprenderse.

El nuevo Rey quiere mirar al futuro. Sabe que la España del siglo XXI es muy diferente. Y ha lanzado mensajes claros que empujan al cambio. “Una monarquía renovada para un tiempo nuevo”, ha repetido por dos veces en su discurso. Y un claro aviso contra la corrupción: “Hoy, más que nunca, los ciudadanos demandan con toda la razón que los principios morales y éticos inspiren nuestra vida pública”. Y también un compromiso: “Ser un fiel y leal intérprete de las aspiraciones y esperanzas de los ciudadanos”.

Pero el escenario es tan complejo que estas palabras no bastan. España no sólo se enfrenta a la peor situación económica en mucho tiempo, tiene también ante sí un grave problema de unidad como Nación que los políticos que gobiernan en las diferentes instituciones no han sabido manejar. “Unidad no es uniformidad”, ha proclamado el Rey, que también ha defendido una España en la que quepan “todas las formas de sentirse español. Porque los sentimientos no deben nunca enfrentar, dividir o excluir, sino comprender y respetar, convivir y compartir”.

Lo que aún no sabemos es si estas palabras llegan tarde. Los procesos de cambio que estamos viviendo son acelerados y el discurso de Felipe VI, aplaudido por la mayoría de los diputados y senadores, ha sido escuchado con respeto, pero con frialdad, por Artur Mas, presidente de Cataluña e Íñigo Urkullu, lehendakari del País Vasco.

Tolerancia, honestidad, rigor, mentalidad abierta y espíritu solidario ha demandado el Rey en una parte de su discurso que parecía dedicada directamente a unos políticos a los que ha pedido que sean capaces de llegar a acuerdos, algo que la situación actual está demostrando ser casi imposible.

En realidad, muchos españoles seguimos preguntándonos qué puede hacer hoy un Rey por nosotros. Para los más jóvenes, o los más mayores que aún añoran la difunta República, es difícil encontrar justificación a los cargos hereditarios. Por eso el gran reto de Felipe VI será consolidar el respaldo de los convencidos de la utilidad de la monarquía y, mucho más complicado, ganarse al menos el respeto de una gran parte de los ciudadanos que han empezado a dudar de la utilidad de la institución.

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