Sobre la salud del Cuerpo de Bomberos de Panamá (CBP) se ciernen múltiples dudas. Aún más con el crecimiento exponencial de los rascacielos y de la población, y con la construcción de nuevas barriadas.
Junto a estos fenómenos, hay entre los ciudadanos la percepción de que es deficitaria la calidad física de los “camisas rojas”.
Gabriel Isaza, subdirector del CBP, reconoce que hay una parte de los bomberos que enfrentan deficiencias en su estado de salud, pero hace el salvamento de que este grupo no integra la parte operativa de la institución.
Detalló que el CBP se conforma de 5 mil personas distribuidas en tres etapas: la operativa, unidad compuesta por aproximadamente 3 mil 500 bomberos activos y en condiciones óptimas de salud, con edades entre los 18 y 50 años de edad. Llevan el peso de las operaciones en campo.
La segunda y la tercera división se integran de mil 500 camisas rojas. Por su edad o debido a condiciones de salud deficitarias, asumen la parte de mando en las operaciones y los controles administrativos. No ponen en riesgo su vida.
INQUIETUD
Las inquietudes surgen en expertos en atención de emergencias, porque dicen que a primera vista un importante número de miembros del CBP está lejos de los requerimientos básicos para ejercer labores propias de un cuerpo de bomberos.
En este sentido, los carros de extinción del CBP pueden alcanzar una altura de apenas ocho pisos. En caso de un siniestro en un edificio con una altura de al menos 15 níveles, por ejemplo, le corresponde al camisa roja cargar el equipo y subir los pisos faltantes por sus propios medios.
A una persona con problemas pulmonares, diabetes, hipertensión u obesidad, la tarea se le convierte en prácticamente un imposible práctico, además de poner en riesgo su vida.
Especialistas en seguridad plantean que se debe exigir un óptimo estado físico en los miembros del cuerpo de bomberos, según las exigencias de los estándares actuales.
El exministro de Gobierno, Severino Mejía, sostiene que un bombero debe contar con un adecuado estado de salud y mental, de la misma manera como se exige en las academias de formación de las fuerzas públicas. Es decir, la Policía Nacional, el Servicio Nacional Aeronaval y el Servicio Nacional de Fronteras.
Considera que debe ser obligatorio que los agentes del CBP estén en procesos continuos de capacitación y formación; sumado a la práctica de pruebas periódicas para determinar su estado de salud. De tal manera que mida la capacidad del bombero en una situación apremiante, y no tenga el potencial de convertirse en una víctima más.
Sobre este situación, el coordinador nacional de Salud Ocupacional del Ministerio de Salud, Martín Alpirez, informa que los bomberos están expuestos a múltiples riesgos. Pero la naturaleza de sus actividades lleva a hacerse énfasis en los riesgos químicos derivados de los productos involucrados en los incendios.
Según Alpirez, las principales recomendaciones dirigidas al CBP se enfocan en la consecución de los objetos de seguridad necesarios y en hacer hincapié en la prevención de riesgos.
CUIDADO A AGENTES
El director general del CBP, Jaime Villar, indica que la entidad trabaja en proteger y cuidar el personal. Menciona que además de la protección de los bomberos, la Caja del Seguro Social (CSS) tiene una clínica médico–odontológica dispuesta para atender a cada camisa roja al menos una vez al año. Los agentes activos tienen un seguro privado.
Explica que tras el diagnóstico elaborado por el personal de salud ocupacional de la CSS, se trabaja en un plan integral que incluye, entre otros aspectos, mayor entrenamiento físico de los agentes, mejoras en su estado nutricional y finalmente adecuar los espacios y equipo de oficina.
“Creemos en la salud ocupacional y creemos que si el personal está bien, va a rendir mejor”, acota Villar.
Todos estos requisitos son exigidos también por la Asociación Nacional de Protección contra Incendios (NFPA por sus siglas en inglés, —organización creada en 1986 en Estados Unidos—), que contempla Programas de Acondicionamiento Físico para mejorar la salud de los bomberos.
El año pasado, el CBP atendió 38 mil 590 casos de emergencia; 2 mil 227 menos que en 2013.
Del total de 2014, 5 mil 71 casos corresponden a incendio de herbazales; mil 588 obedecen a desperfectos eléctricos; 602 a autos incendiados; y 498 a incendios estructurales.
Aunque la principal emergencia atendida por los camisas rojas fueron los ataques de abejas africanizadas, con 7 mil 720 reportes en todo el país.
