Mientras la mayoría de los panameños continúa con su rutina diaria, en los hospitales del país se enfrenta una situación poco visible para la opinión pública: asegurar sangre suficiente para atender emergencias médicas.
Yelkis Gill, directora general de Salud Pública del Ministerio de Salud (Minsa), confirmó que las reservas nacionales de los bancos de sangre se mantienen por debajo del 40%, un nivel crítico que compromete la capacidad de respuesta del sistema sanitario ante accidentes, cirugías de urgencia y complicaciones imprevistas.
La advertencia se produce en la antesala de días festivos y actividades masivas que, de acuerdo con los registros históricos del propio Minsa, elevan la incidencia de accidentes de tránsito y emergencias traumáticas. En ese contexto, la falta de sangre representa un riesgo para pacientes que llegan a urgencias en estado grave.
“Estamos teniendo dificultades para cubrir la demanda de pacientes que requieren transfusiones de manera inmediata. Muchos de ellos eran personas sanas que, por un accidente o una complicación repentina, necesitan sangre para sobrevivir”, explicó Erika Zhong, jefa del departamento de Banco de Sangre y Medicina Transfusional del Minsa.
Panamá cuenta con una red de 38 instalaciones de servicios de sangre entre hospitales del Ministerio de Salud, la Caja de Seguro Social y centros privados. Sin embargo, los hospitales de tercer nivel —como el Hospital Santo Tomás, el Instituto Oncológico Nacional, el Hospital del Niño y Ciudad de la Salud— concentran la mayor presión, con una demanda diaria que puede oscilar entre 30 y 40 unidades de glóbulos rojos.
La situación se agrava por la escasez de sangre O negativo, considerada donante universal y esencial en emergencias donde no hay tiempo para realizar pruebas de compatibilidad. A esto se suma una dependencia excesiva de la donación por reposición, cuando familiares buscan donantes luego de que la sangre ya fue utilizada. “Lo que necesitamos es donación voluntaria y constante, para que la sangre esté disponible antes de que el paciente la requiera”, subrayó Zhong.
Las consecuencias de este déficit pueden ser inmediatas. Un solo paciente críticamente herido puede necesitar un protocolo de transfusión masiva que incluye hasta seis o más unidades de cada componente sanguíneo, lo que puede agotar las reservas de un hospital en pocas horas.
Las autoridades reiteraron que persisten mitos que alejan a posibles donantes. Personas con hipertensión, diabetes u obesidad pueden donar si su condición está controlada, y quienes tienen tatuajes pueden hacerlo si han pasado al menos seis meses desde el último procedimiento. La recomendación es acudir a los centros de donación y permitir que el personal médico realice la evaluación correspondiente.
“La sangre no se fabrica ni se sustituye. Solo se obtiene mediante la solidaridad de la población”, enfatizó el Minsa, que anunció nuevas campañas y centros de donación para acercarse a la ciudadanía. En un sistema donde cada unidad cuenta, donar sangre hoy puede significar salvar una vida mañana.

