Un estudio realizado por el Instituto Conmemorativo Gorgas de Estudios de la Salud (Icges) en Panamá, publicado en la revista científica Nature, revela que alrededor de una de cada cuatro personas que viven con el virus de inmunodeficiencia humana (VIH) presenta deterioro cognitivo, un problema que afecta funciones mentales esenciales como la memoria, la atención, la velocidad de procesamiento y la coordinación motora.
El hallazgo, que podría cambiar la forma en que se aborda el VIH en el país, evidencia que, incluso con tratamiento antirretroviral eficaz, el virus sigue teniendo un impacto en la capacidad de pensar y procesar información, afectando la vida diaria y la calidad de vida de quienes lo padecen.
Para muchas personas, los cambios pueden ser sutiles, como olvidar citas importantes, sentirse más lentos al completar tareas o tener dificultades para organizar ideas, pero lo suficientemente significativos como para interferir con la escuela, el trabajo o la vida familiar.
En términos médicos, los especialistas identifican diferentes niveles de deterioro: desde leve, donde las dificultades son apenas perceptibles, hasta grave, donde afectan de manera significativa la independencia de la persona. En Panamá, este estudio se centró en detectar incluso los casos leves, que suelen pasar desapercibidos.
Dentro del laboratorio: así se realizó la investigación
El estudio, realizado entre julio de 2021 y abril de 2024, fue un esfuerzo nacional que incluyó a 193 personas con VIH y 203 personas sin VIH, residentes de varias provincias del país. Para asegurar una evaluación completa, los investigadores aplicaron un enfoque integral.
Para ello, realizaron entrevistas clínicas y cuestionarios en los que los participantes respondieron preguntas sobre su salud, historial médico y actividades diarias. También se aplicaron pruebas neuropsicológicas para medir la atención, la memoria, el aprendizaje verbal y visual, el lenguaje, las habilidades visoespaciales, la velocidad de procesamiento y la función motora. Estas pruebas permitieron comparar el desempeño cognitivo entre quienes tenían VIH y quienes no.

Además, se tomaron muestras de sangre para analizar biomarcadores como la cadena ligera de neurofilamentos (NEFL), que indica daño neuronal, y la apolipoproteína E (APOE), un gen vinculado a enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer. Según los investigadores, esta combinación de pruebas clínicas, cognitivas y biológicas permitió obtener un panorama claro de cómo el VIH impacta la función cerebral en Panamá.
El estudio contó con la participación de un equipo multidisciplinario de especialistas del Icges, del Hospital Santo Tomás y del Instituto de Investigaciones Científicas y Servicios de Alta Tecnología (INDICASAT-AIP), entre otras instituciones. El equipo estuvo integrado por Juan Castillo Mewa, Julissa Moreno, Lia Nadir Caballero, Marggie Rodríguez, Alberto Cumbrera, Cecilio Niño, Juan M. Pascale, Alcibiades E. Villarreal, Lissette R. Chang, Ana Belén Araúz, Adam E. Tratner, Gabrielle B. Britton, Diana C. Oviedo y Yaxelis Mendoza, quienes aportaron su experiencia en virología, neurociencia, genética y salud pública, fortaleciendo así la rigurosidad y el alcance del estudio.
Qué revela el estudio sobre el cerebro
Los resultados son reveladores: el 25.4% de las personas con VIH mostró algún grado de deterioro cognitivo, frente al 5.4% de las personas sin VIH. Las áreas más afectadas fueron la atención, la memoria, el aprendizaje verbal y visual, la velocidad de procesamiento y la función motora.
Sorprendentemente, el deterioro no estuvo relacionado con la carga viral ni con los recuentos de células T CD4+, lo que indica que incluso quienes tienen control del virus pueden presentar problemas cognitivos. Por el contrario, otros factores, como la edad y el nivel educativo, tuvieron una influencia más significativa en el rendimiento cognitivo que los factores clínicos del VIH. Esto significa que el virus puede afectar la función cerebral de manera sutil pero persistente, mientras que la educación y la edad son determinantes importantes para mantener la salud cognitiva.
Este es el primer estudio en Panamá y Centroamérica que documenta la prevalencia del deterioro cognitivo en personas con VIH utilizando pruebas neuropsicológicas y biomarcadores.
Sus hallazgos tienen importantes implicaciones para la salud pública, ya que destacan la necesidad de evaluar la función cognitiva en todas las personas que viven con VIH, incluso si reciben tratamiento efectivo. Además, subrayan la importancia de implementar programas de apoyo que incluyan entrenamiento mental, estimulación cognitiva y acompañamiento psicológico. También sugieren que las políticas de VIH deben enfocarse no solo en la supresión viral, sino en el bienestar cognitivo y emocional de los pacientes.
Los investigadores advierten que, aunque los síntomas pueden parecer leves, el deterioro cognitivo puede afectar la productividad, la autonomía y la calidad de vida, y muchas personas ni siquiera se dan cuenta de que están experimentando cambios en su cerebro. Por ejemplo, algunos pacientes mencionaron olvidos frecuentes o confusión al organizar tareas cotidianas, lo que refleja la necesidad de un mayor seguimiento.
El estudio evidencia un fenómeno preocupante: muchos pacientes con VIH consideran que mientras no tengan síntomas graves o viremia activa, su cerebro no está en riesgo. Esto subraya la importancia de educar a la población sobre los riesgos del deterioro cognitivo, incluso cuando se sigue un tratamiento antirretroviral.
De hecho, los investigadores enfatizan que la educación y la estimulación intelectual pueden proteger la función cognitiva, por lo que invertir en programas educativos y de entrenamiento mental podría mejorar los resultados en las personas con VIH.
Datos que respaldan el hallazgo
El estudio incluyó participantes de diferentes edades y provincias, asegurando que los resultados reflejen la diversidad de Panamá. La mayoría de las personas con VIH tenían supresión viral gracias a tratamientos efectivos y, aun así, presentaban deterioro cognitivo en comparación con quienes no tenían VIH.
Asimismo, los análisis mostraron que el genotipo APOE 4, vinculado al riesgo de Alzheimer, no se asoció con deterioro cognitivo en los participantes, lo que indica que otros factores, aún desconocidos, podrían explicar la vulnerabilidad cerebral en personas con VIH.
El hallazgo clave del Instituto Gorgas evidencia que el VIH no solo afecta la salud física, sino también la cognitiva. Aunque el tratamiento antirretroviral ha reducido significativamente los riesgos de enfermedad grave, una proporción importante de personas con VIH en Panamá experimenta dificultades mentales que pueden afectar su día a día.
Los expertos llaman a una mayor concienciación, detección temprana y estrategias de apoyo personalizadas, que incluyan estimulación cognitiva y acompañamiento psicológico, para proteger el cerebro de quienes viven con VIH y mejorar su calidad de vida.
Este estudio abre la puerta a investigaciones futuras en la región y refuerza la importancia de tratar el VIH no solo como una enfermedad viral, sino como una condición que requiere atención integral, incluyendo la salud mental, cognitiva y social.

