Dos importantes cumbres ambientales tendrán lugar durante el presente mes de noviembre. La primera es la 27a Conferencia de las Partes de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático, que tendrá lugar en Egipto del 6 al 18 de ese mes. La segunda es la 19a Conferencia de las Partes en la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestre, que se desarrollará en la ciudad de Panamá, del 14 al 25 del mismo mes.
Estas dos cumbres son excelentes vitrinas para exponer los logros panameños en materia ambiental, así como para procurar financiamiento con el propósito de subsanar las brechas institucionales que el país enfrenta en estas dos grandes temáticas.
La necesidad climática
Desde la creación del Ministerio de Ambiente, en el año 2015, Panamá ha avanzado en importantes frentes en materia climática. Sin embargo, algunos de los logros más significativos se enfrentan a una matriz energética cada vez más dependiente de la generación térmica con gas, y a la carencia de políticas públicas que verdaderamente protejan los bosques y, en especial, los arrecifes y manglares que, amparados por leyes robustas, no tienen la protección más efectiva en la realidad.
Las actualizaciones científicas requeridas para los informes exigido por el Acuerdo de París sobre Cambio Climático llevaron a un impresionante descubrimiento en la presente administración: Panamá es un país carbono negativo, uno de los tres países que en el mundo tienen la característica de que sus ecosistemas absorben más gases de efecto invernadero que los que produce la economía panameña.
Sin embargo, esta maravillosa situación se puede perder entre los años 2032 y 2044 si no se detienen las altas tasas de producción de contaminantes causados por el uso de combustible fósiles para la energía y el transporte, así como la deforestación y el terrible cambio de uso de suelos que castigan a los bosques panameños.
La COP-27, que se celebra en Egipto, en la ciudad costera de Sharm el-Sheikh, no promete muchos anuncios relevantes, como la COP-26 del año pasado, en Escocia.
Sin embargo, es claro que el mundo ha empeorado su situación frente al cambio climático por la guerra de Ucrania y el enfrentamiento de los países occidentales con los miembros de la Organización de Países Exportadores de Petróleo.
En nombre de la biodiversidad
En papel, Panamá debería ser uno de los países líderes en la gestión ambiental a nivel mundial. El país cuenta con aproximadamente un tercio de su superficie terrestre con algún grado de protección legal, y la superficie marina categorizada como protegida alcanza un 30% de todo lo que está bajo jurisdicción panameña.
El istmo es una de las zonas más biodiversas del mundo, con más especies de aves que Norteamérica y con características extraordinarias, tales como que en una hectárea de bosque en Bocas del Toro hay mayor biodiversidad que en igual territorio en el Amazonas.
Además, Panamá tiene casi un siglo de investigación en biología tropical liderada por el Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales (STRI por sus siglas en inglés), así como importantes trabajos de investigación desarrollados por la Universidad de Panamá, la Universidad Tecnológica de Panamá, el Instituto Conmemorativo Gorgas de Estudios de la Salud y el Instituto de Innovación Agropecuaria de Panamá, entre otros.
Pero, por otra parte, la gran mayoría de las áreas protegidas no tienen planes de manejo actualizados, lo que significa que no se tiene una administración efectiva de esas áreas, y que el potencial de lo que pudieran representar para el país en materia ecoturística, farmacológica y climática. Los parques nacionales carecen de suficientes guardaparques y guías que puedan ayudar a su mejor gestión.
A su vez, los cuerpos de agua, sobre todo los ríos del país, se han convertido en víctimas de la codicia y el abandono. Mientras algunos ríos han quedado convertidos en fuentes de agua para hidroeléctricas exclusivamente, otros son depósitos de residuos y canales de contaminación de toda índole.
Más allá del programa de Saneamiento de la Bahía de Panamá, el Estado ha abandonado a su suerte los ríos y cuencas del país o, lo que es peor, ha permitido su explotación descontrolada.
La 19° COP de especies amenazadas traerá a Panamá unos 3 mil delegados, científicos, periodistas, activistas y empresarios que buscan salvar la biodiversidad del planeta. Más allá de una oportunidad para turismo ambiental, Panamá debe aprovechar esta cumbre para relanzar la institucionalidad y para redefinir un mercado de biodiversidad responsable y sostenible.
Un par de semanas después de esta cumbre, el Órgano Ejecutivo remitirá a la Asamblea Nacional la propuesta de contrato ley minero referente a la explotación de cobre en Donoso. El hecho de que Panamá haya preferido devastar 13 mil hectáreas de bosque y someter los ríos de esa área al uso de la minería demuestra cuáles son las prioridades ambientales y el enorme desconocimiento que la clase política tiene sobre la gestión ambiental.

