El costo emocional del acoso escolar en niños y adolescentes

La psicóloga Leymi Camaño señaló que entre las señales de alerta están expresiones relacionadas con deseos de desaparecer o morir, sentimientos intensos de desesperanza, miedo extremo a regresar a la escuela; que regalen objetos importantes o publiquen mensajes tristes o de despedida en las redes sociales.

El costo emocional del acoso escolar en niños y adolescentes
Imagen ilustrativa generada por Gemini.

Incidentes recientes vinculados a centros escolares han vuelto poner en foco la importancia de atender la salud mental de niños y adolescentes y aplicar protocolos que los protejan ante situaciones de riesgo socioemocional.

Aunque cada caso tiene contextos distintos, especialistas alertan que detrás de estas crisis suelen existir señales acumuladas de sufrimiento emocional, aislamiento, ansiedad, depresión o experiencias de violencia escolar que no siempre son detectadas a tiempo.

Ya desde julio de 2021, la encuesta de hogares de UNICEF alertaba que el 32% de los niños, niñas y adolescentes en el país manifestaba haber sentido afectaciones en su salud mental tras la pandemia de COVID-19.

Para ese mismo año, el jefe del Servicio de Psiquiatría del Complejo Hospitalario Arnulfo Arias Madrid de la Caja de Seguro Social (CSS) reportó un aumento de 25% en los diagnósticos de depresión, ansiedad y trastorno del sueño, un porcentaje que se mantenía en 2024 según reportes de la entidad.

Especialistas en salud mental también advierten que la edad en la que se registran conductas suicidas ha ido disminuyendo en los últimos años.

Según los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística y Censo (INEC), durante 2024 se registraron cuatro suicidios de menores entre los 10 y 14 años. En el grupo de adolescentes de 15 a 19 años, la cifra ascendió a 15 casos, de los cuales 12 correspondieron a hombres y tres a mujeres.

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Infografía de datos del suicidio de menores en Panamá en el 2024. Datos del Inec

Actuar antes de la crisis

La psicóloga Leymi Camaño advirtió que las situaciones emocionales en menores deben tomarse con seriedad desde las primeras señales y no únicamente cuando alcanzan un punto crítico. “Debe considerarse una emergencia de salud mental cuando existe riesgo de daño inmediato o probable para el menor o para otros”, explicó.

Entre las señales de alerta mencionó expresiones relacionadas con deseos de desaparecer o morir, sentimientos intensos de desesperanza, autolesiones, aislamiento repentino, cambios bruscos de comportamiento y miedo extremo a regresar a la escuela.

También alertó sobre casos en los que los menores comienzan a despedirse de manera inusual, regalan objetos importantes o publican mensajes tristes o de despedida en redes sociales.

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Estudiantes entrando a planteles educativos en Panamá. Archivo

“Muchos menores comienzan a sentirse atrapados, sin salida y sin adultos que los comprendan o protejan”, indicó.

Según la especialista, la desesperanza es uno de los factores clínicos más preocupantes cuando un menor atraviesa una crisis emocional severa.

¿Qué hacer ante una crisis emocional?

Camaño indicó que cuando un menor evidencia una crisis emocional severa, lo primero es garantizar su seguridad y acompañamiento. “No debe quedarse solo. Necesita estar con un adulto calmado, responsable y emocionalmente disponible”.

La especialista recomendó retirar cualquier objeto o sustancia que represente riesgo y evitar minimizar lo que el menor expresa.

En lugar de cuestionar o juzgar, sugirió responder con frases como: “gracias por decírmelo”, “no estás solo” y “vamos a buscar ayuda”.

También insistió en la importancia de buscar evaluación profesional urgente por parte de especialistas en psicología clínica, psiquiatría infantil o servicios de emergencia.

La atención en salud mental también está respaldada por la Ley 364 del 6 de febrero de 2023, que la reconoce como un derecho humano exigible y garantiza el acceso a servicios de atención en todo el país sin discriminación.

La legislación establece que el Estado debe garantizar cobertura universal y gratuita en el sistema público, impulsar campañas de prevención del suicidio y erradicación del estigma, así como incorporar la atención de salud mental en todas las redes integradas de salud.

La norma también ordena fortalecer acciones dentro del sistema educativo para promover el bienestar emocional y la convivencia, además de prohibir expresamente cualquier trato inhumano, degradante o de maltrato hacia personas con padecimientos de salud mental.

En Panamá, el Ministerio de Desarrollo Social (Mides) mantiene habilitada la Línea 147 para apoyo emocional gratuito y confidencial. En casos de riesgo inmediato, la especialista recomendó llamar al 911.

Camaño enfatizó que el bullying no puede seguir viéndose como “problemas normales entre estudiantes”, ya que sus consecuencias pueden afectar profundamente el desarrollo emocional y psicológico de niños y adolescentes.

“El bullying no es solo un problema de convivencia; es una forma de violencia repetida que puede afectar el desarrollo emocional, social, académico y neuropsicológico del menor”, sostuvo.

La especialista explicó que la exposición constante a burlas, rechazo, humillaciones o exclusión mantiene al cerebro en un estado permanente de alerta y estrés.

Desde la neuropsicología, esto puede alterar funciones relacionadas con la concentración, la memoria, el sueño, la regulación emocional y la capacidad de confiar en otras personas.

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Las actividades diarias de los menores de edad pueden verse afectadas por el acoso escolar. Archivo

Además, señaló que las víctimas suelen experimentar ansiedad anticipatoria, es decir, miedo constante a asistir a la escuela o incluso a conectarse a redes sociales por temor a nuevos ataques o humillaciones.

Entre los efectos más frecuentes del acoso escolar mencionó: tristeza persistente, irritabilidad, baja autoestima, vergüenza corporal o social, problemas de sueño, dolores físicos asociados al estrés, bajo rendimiento académico, aislamiento social, autolesiones y pensamientos autodestructivos.

Para Camaño, uno de los mayores riesgos es la normalización del bullying por parte de los adultos.

Frases como “eso siempre ha pasado”, “defiéndete solo” o “son cosas de niños” pueden aumentar la sensación de abandono y desesperanza en las víctimas.

“El menor entiende que nadie lo va a proteger”, apuntó.

En Panamá, la Ley 289 del 24 de marzo de 2022 establece mecanismos para diagnosticar, prevenir, evitar y erradicar cualquier forma de maltrato psicológico, verbal o físico reiterado entre estudiantes, tanto dentro de las aulas como a través de redes sociales y sistemas informáticos.

La normativa obliga al Ministerio de Educación (Meduca) a desarrollar directrices para combatir el hostigamiento escolar, mantener estadísticas anuales sobre los casos y promover acciones de sana convivencia en los centros educativos.

Además, establece que docentes, padres de familia, estudiantes y directivos tienen la obligación de detectar, atender y denunciar inmediatamente cualquier hecho de violencia escolar. La ley también ordena que cada plantel lleve un registro confidencial de incidencias y que tanto víctimas como agresores reciban asistencia especializada y medidas de seguimiento para evitar la repetición de estas conductas.

Camaño añadió que otro error frecuente es obligar a las víctimas a reconciliarse rápidamente con quienes las agreden sin atender primero el daño emocional causado.

También cuestionó que en algunos casos se castigue al estudiante afectado por reaccionar emocionalmente, mientras no se investiga adecuadamente a quienes ejercen el acoso.

La psicóloga destacó que las redes sociales han agravado el impacto del bullying, debido a que el hostigamiento puede extenderse las 24 horas del día.

El acoso ya no termina cuando el estudiante sale de la escuela. Sigue en grupos, comentarios, historias, videos, capturas de pantalla y publicaciones”, señaló.

El costo emocional del acoso escolar en niños y adolescentes
Un menor utiliza su teléfono celular mientras navega en redes sociales.

Explicó que el daño digital puede ser especialmente devastador porque es público, masivo y permanente. “La víctima siente que todo el mundo lo vio”, añadió.

Algunas recomendaciones

Monitorear el comportamiento emocional de los menores en redes sociales y prestar atención a cambios repentinos en sus hábitos digitales son dos tareas claves para padres y docentes.

Para la especialista, hablar de salud mental desde edades tempranas es clave para prevenir situaciones extremas.

“Muchos niños no saben ponerle nombre a lo que sienten. A veces expresan ansiedad o depresión diciendo que les duele el estómago, que no quieren ir a la escuela o que nadie los quiere”, explicó.

Por ello, es necesario:

  • Enseñarles a reconocer emociones, pedir ayuda y denunciar situaciones de violencia, ya que esto puede marcar la diferencia antes de que el sufrimiento emocional alcance niveles críticos.

  • Fortalecer los protocolos escolares de atención psicológica, capacitación docente y prevención del bullying.

  • Promover espacios seguros donde los estudiantes puedan expresar lo que sienten sin miedo a ser juzgados.

“La salud mental no debe abordarse únicamente cuando ocurre una tragedia o una crisis visible. Hay señales previas que necesitan atención, escucha y acompañamiento”, concluyó.


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