El sarampión no es hoy un problema aislado ni contenido dentro de las fronteras nacionales, sino una enfermedad que circula con fuerza en la región de las Américas y que, en entrevista con La Prensa, el investigador y exdirector del Instituto Conmemorativo Gorgas de Estudios de la Salud (Icges), Juan Miguel Pascale, advierte que existe la posibilidad de que ingrese a Panamá a través de viajeros no vacunados, así como la necesidad de reforzar la vigilancia epidemiológica ante posibles casos importados.
De acuerdo con los datos regionales más recientes, hasta finales de abril y comienzos de mayo se han registrado 18,352 casos de sarampión en las Américas, una cifra que ya supera lo reportado en todo el año 2025, cuando se contabilizaron alrededor de 14,500 casos. El incremento en apenas cinco meses refleja, según Pascale, un escenario epidemiológico “poco halagador” que debe mantenerse bajo vigilancia.
El panorama es particularmente preocupante en países como México y Guatemala, que concentran la mayor parte de los casos reportados en la región. Solo México acumula cerca de 10,000 contagios, mientras que Guatemala registra alrededor de 5,000. En este contexto, el experto advierte que no se trata de cifras lejanas, ya que los dos casos importados detectados en Panamá han estado vinculados a personas que previamente viajaron por estos países.
“Así que el mensaje que estamos viendo es que podemos tener en el futuro otras introducciones de viajeros que podrían venir infectados con sarampión y que no están vacunados”, señaló. En ese sentido, insistió en que el riesgo de importación del virus es real y persistente, especialmente en un entorno de alta movilidad regional.
Juan Miguel Pascale, investigador y exdirector del Instituto Gorgas.
Un solo caso de sarampión puede contagiar entre 12 y 18 personas, por lo que se requiere una cobertura de vacunación superior al 90% o 95% para prevenir brotes.
Pascale también se refirió al posible impacto de grandes eventos internacionales como la Copa Mundial de Fútbol, señalando que, aunque el flujo de viajeros global aumenta, no necesariamente implica un riesgo directo para Panamá. A su juicio, la dinámica de movilidad se concentraría en países como Estados Unidos, México y Canadá, más que en el tránsito hacia territorio panameño.
“Yo no veo que para el Mundial tengamos mucho viaje a Panamá. Tal vez simplemente de paso de Sudamérica para Estados Unidos”, explicó, al tiempo que matizó que el principal factor de riesgo no está en el evento en sí, sino en la circulación de personas entre países con brotes activos.
En medio de este escenario, el investigador destacó un elemento clave: la capacidad de respuesta del sistema de salud panameño. Aseguró que el país cuenta con un sistema de alerta y detección que ha demostrado ser eficiente, lo que permite identificar casos importados y activar rápidamente medidas de control.
Recordó que en 2011 Panamá enfrentó una situación similar con la introducción de casos importados, lo que activó un operativo de rastreo y contención a gran escala. En aquel entonces, se logró no solo detectar los casos, sino también establecer un cerco epidemiológico efectivo que incluyó el seguimiento de cientos de contactos.
Sin embargo, advirtió que el contexto actual presenta mayores desafíos. A diferencia de brotes anteriores asociados a grupos pequeños y fácilmente identificables, hoy los casos importados pueden involucrar personas con trayectorias de viaje más complejas dentro del país, lo que dificulta el rastreo de contactos.
“Cuando esas personas han viajado por diferentes partes del país o han ingresado por tierra, el contacto es más difícil de seguir”, manifestó, al referirse a la complejidad operativa que enfrenta la vigilancia epidemiológica en escenarios de alta movilidad interna.
A pesar de ello, Pascale destacó una ventaja estructural de Panamá: su tamaño y la capacidad de coordinación interinstitucional. Según dijo, esto permite un nivel de seguimiento más eficiente en comparación con países de mayor extensión territorial.
Asimismo, subrayó el papel del Programa Ampliado de Inmunización (PAI), al que describió como una de las principales fortalezas del sistema de salud. Indicó que Panamá mantiene uno de los esquemas de vacunación más sólidos de la región y que existe una cultura favorable hacia la inmunización en la población.
No obstante, advirtió que el riesgo persiste mientras existan personas no vacunadas que puedan ingresar al país o comunidades con baja cobertura de inmunización. En ese punto, puso especial atención en las poblaciones vulnerables, particularmente en las comarcas, donde el acceso a servicios de salud es limitado y coexisten otros factores como la desnutrición.
“A mí me preocupa realmente que tengamos brotes en poblaciones vulnerables y en poblaciones que no estén vacunadas”, señaló.

El experto recordó además la magnitud del trabajo que implica contener un solo caso importado. Citó como ejemplo el operativo realizado en 2011, cuando se logró dar seguimiento a más de 809 contactos durante 42 días, aplicar 70,950 dosis de vacunas y verificar el estatus vacunal de 94,000 personas.
“Fue una movilización enorme”, afirmó, al describir el esfuerzo logístico y humano que implican este tipo de eventos.
En conclusión, el exdirector del Gorgas insistió en que el sarampión puede seguir ingresando al país mientras exista circulación activa en la región y movilidad de personas no vacunadas. Sin embargo, recalcó que la diferencia entre un caso importado y un brote descontrolado depende, en gran medida, de la capacidad de respuesta del sistema de salud y de la cobertura de vacunación en la población.
Panamá se mantiene libre de casos autóctonos de sarampión desde noviembre de 1995. Sin embargo, debido a la alta movilidad internacional, las autoridades mantienen una vigilancia epidemiológica activa, tras la detección de casos importados esporádicos en el país. La última vez que se registraron casos importados fue en 2011, hace 14 años.

