La Caja de Seguro Social (CSS) anunció el pasado 26 de marzo la llegada de lotes de medicamentos destinados a enfermedades crónicas y otros padecimientos, como parte de sus esfuerzos por garantizar el abastecimiento en sus instalaciones de salud. Entre los productos recibidos figuraban algunos de alta demanda, como amlodipina 5 mg, irbesartán 300 mg, hierro en ampollas y ácido hialurónico.
Sin embargo, la realidad en las farmacias de la CSS sigue siendo otra. Este lunes 30 de marzo, en la policlínica Dr. Edilberto Culiollis, en Las Cumbres, los pacientes se encontraron, una vez más, con la misma frustración: no había amlodipina, carvedilol ni gabapentina.
“¿Aún no hay amlodipina?”, preguntaba una mujer frente al mostrador, mientras buscaba alguna respuesta que la tranquilizara. La respuesta fue: “No hay”.
Entre los pacientes estaba una joven que llegó con recetas para su padre y su madre. Para su padre buscaba amlodipina e irbesartán; solo consiguió este último. Para su madre, que requiere tratamiento para la tiroides y otras dolencias, únicamente pudo encontrar levotiroxina; carvedilol y gabapentina seguían fuera de su alcance. Es decir, de cinco medicamentos, solo encontró dos.
La frustración no se queda en las farmacias. En redes sociales, los pacientes también han compartido sus experiencias. “Fui a buscar los medicamentos y no había”, escribió un usuario. Otro comentó: “Cada semana es lo mismo: uno llega con receta y se va sin nada. La CSS debería garantizar los medicamentos básicos para todos”.

De hecho, en un video publicado el 31 de marzo en Instagram donde el director de la CSS, Dino Mon, anuncia la llegada de medicamentos, los comentarios reflejan el descontento ciudadano. “Llegan solo a los almacenes, porque en la farmacia nunca hay”, escribió un usuario.
Otros señalaron que, en la clínica de diabetes de la policlínica Santiago Barraza, en La Chorrera, solo están entregando glucómetros a pacientes que usan insulina, mientras que otros aseguran llevar más de un año esperando. También mencionan la falta de medicamentos para la hipertensión, como carvedilol y perindopril.

La indignación refleja un sentimiento generalizado: la falta de medicinas no solo retrasa tratamientos, sino que genera angustia entre quienes dependen del sistema de salud pública. En los pasillos de las policlínicas se repiten las historias, las esperas y la resignación de quienes aún confían en que la CSS cumpla con su responsabilidad.
La llegada de estos medicamentos ocurre en un contexto de desafíos internos. Hace unas semanas, el director de la CSS admitió que la institución enfrenta problemas de abastecimiento este año, atribuibles a irregularidades dentro del propio sistema de distribución.
Mon explicó que, al cierre de diciembre, la CSS contaba con un 96 % de abastecimiento, gracias a compras superiores a 124 millones de dólares. Aun así, reconoció la existencia de robos internos de medicamentos que afectan directamente la disponibilidad de fármacos esenciales, como amlodipina e irbesartán, utilizados para tratar la presión arterial.

En algunos casos, según el director, los insumos eran desviados dentro de la red institucional, lo que contribuyó a la escasez y generó retrasos en la atención a los pacientes.
Para fortalecer el control y la transparencia, la CSS implementó el Sistema de Administración Logística de Medicamentos e Insumos (SALMI), una herramienta tecnológica que permite monitorear inventarios en tiempo real, reducir riesgos de pérdida y optimizar la distribución de medicamentos en toda la red de salud pública.
A pesar de los anuncios y las herramientas implementadas, la brecha entre lo que se informa y lo que encuentran los pacientes en las farmacias persiste. En los pasillos de las policlínicas, las historias se repiten: recetas incompletas, tratamientos interrumpidos y la incertidumbre de no saber cuándo estarán disponibles los medicamentos que necesitan.


