Más allá de nuestras costumbres y tradiciones, los peregrinos de la Jornada Mundial de la Juventud esperan conocer el entusiasmo, hospitalidad y la alegría del panameño.
La última jornada fue en Europa (Cracovia, Polonia, 2016), por lo que ansían, además de un encuentro con Dios, sentir el sabor latinoamericano.
"En Cracovia se sorprendían de ver cómo los panameños nos expresábamos y actuábamos al momento de las alabanzas, que las hacemos bailando. Ellos se emocionaban y quedaban en shock porque jamás habían visto algo igual”, expresó la joven panameña Keyla Yasbeth Barría, de 19 años.
Keyla y otros tres jóvenes panameños nos cuentan cómo fue su experiencia en jornadas anteriores y ofrecen sus consejos de cómo recibir a los peregrinos que nos visitan.
Un Panamá muy alegre
Keyla participó en su primera JMJ, en Cracovia, cuando tenía 16 años.
"Quería que todo el país nos recibiese [a los peregrinos] con mucho amor y energía. Que hubiese ese encuentro cultural con los distintos jóvenes de todos los países, y que, a pesar de todo, nos diéramos cuenta de que sí hay esperanza y que sí podemos cambiar al mundo”, comentó.
Manifestó que, siendo nuestro país la sede de este año, los peregrinos esperan “vivir un Panamá muy alegre y con una energía latina que nos caracteriza, y que no se ve mucho en Europa”.
Hospitalidad y entusiasmo
Blas Peña tenía 18 años cuando acudió a la JMJ Madrid 2011. “De nosotros como país, los peregrinos esperan esa alegría que caracteriza al panameño. Quieren ver la pasión que tenemos por nuestras costumbres y tradiciones, sentir nuestra hospitalidad, amor y entusiasmo en cada cosa que hagamos”, detalló el ahora ingeniero civil, de 26 años.
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