Las calles de Portobelo, en la provincia de Colón, se transformaron en un lienzo vivo durante la séptima edición del Festival de Polleras Congo, Máscaras y Bailes de Diablos. Ni la lluvia pudo enfriar el fervor de una cultura que nace, precisamente, de la resiliencia.
La celebración arrancó a las 10:00 a.m. con el corte de cinta a cargo de la ministra de Cultura, Maruja Herrera, y miembros del patronato del festival. Este evento, que ocurre cada dos años, no es solo una fiesta; es la ejecución de la Ley 41 de 2018, que unificó el Festival de Polleras Congo con el Festival de Congos y Diablos, para crear una vitrina única de la identidad afrocolonial panameña.
Más allá del protocolo, el festival fue una inmersión total en la herencia afrocolonial de nuestro país, y el aroma a su deliciosa gastronomía inundó las esquinas del lugar, por no hablar del contagioso ritmo del tambor que puso a bailar y a cantar a las mujeres de todas las edades, que ondeaban sus faldas con una alegría contagiosa, mientras sus coronas de flores y espejos reflejaban el espíritu festivo de Portobelo.

Una de las joyas de la celebración ocurrió cuando los palenques presentes navegaron la bahía y pintaron el mar de colores. De acuerdo con Yanilka Zúñiga, del Patronato la Pollera Congo, Máscara y Bailes de Diablos, unas 40 lanchas recorrerían las aguas del Caribe panameño.
Este año, el brillo recayó sobre Delia Barrera, reina del evento y soberana del Palenque Negros Congos de Tierra. La escogencia de la soberana de este festival es un tema generacional, así la reveló Zúñiga en conversación con este medio.

Como cada edición, el festival reafirmó a Portobelo como uno de los principales escenarios de la cultura afrocolonial panameña, donde tradición, historia y comunidad se entrelazan para mantener viva una herencia que trasciende generaciones.


