El hurto pecuario ha dejado de ser un delito aislado para convertirse en una amenaza constante para el campo panameño. Productores de distintas regiones denuncian pérdidas recurrentes, mientras la respuesta institucional sigue siendo insuficiente o tardía. No se trata solo de animales robados. Detrás de cada caso hay inversión, sustento familiar y una cadena productiva que se debilita. Sin embargo, el problema parece moverse en una zona gris: ocurre lejos de los centros urbanos, sin la visibilidad mediática que sí tienen otros delitos. Cuando robar ganado resulta fácil y las probabilidades de sanción son bajas, el mensaje es claro: el delito encuentra espacio para crecer. Y con él, la desconfianza en las instituciones encargadas de prevenirlo y castigarlo. El país debe preguntarse si está dispuesto a seguir normalizando este tipo de delitos o si, por el contrario, asumirá la protección del sector agropecuario como una prioridad real. Porque cuando el campo queda desprotegido, pierde el país.
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Hoy por hoy: El campo bajo asedio
22 mar 2026 - 05:00 AM
