El Ministerio de Educación (Meduca) reaccionó a los señalamientos del estudio El Espejismo Tecnológico, elaborado por Jóvenes Unidos por la Educación y la Fundación para el Desarrollo Sostenible de Panamá (Fudespa), el cual pone en duda la efectividad de la entrega masiva de computadoras portátiles como herramienta para mejorar el aprendizaje en el sistema educativo. En su respuesta, la entidad defendió la inversión de 273 millones de dólares destinada a la adquisición de estos equipos y aseguró que forma parte de una estrategia integral orientada a cerrar la brecha digital y fortalecer el proceso educativo.
Este pronunciamiento se da en un momento clave del proceso, ya que para este 15 de abril está prevista la presentación de propuestas por parte de las empresas interesadas en la licitación para la compra de las computadoras, lo que marca un punto decisivo en la ejecución del proyecto.
El estudio advierte que, a partir del análisis de más de 150 investigaciones internacionales, la distribución de laptops no ha generado mejoras significativas en el rendimiento académico cuando no está acompañada de una estrategia pedagógica clara. Asimismo, plantea que el impacto de este tipo de programas suele ser mínimo en áreas como matemáticas, lectura y ciencias, lo que ha llevado a cuestionar su efectividad como política pública.
Pero, más allá del análisis global, el documento también pone el foco en la experiencia panameña. Hay cifras que, vistas en secuencia, cuentan una historia. No hacen falta adjetivos: basta con leerlas. Los datos recopilados muestran que Panamá ha invertido millones de dólares en programas de laptops sin poder demostrar, con evidencia pública, qué ha cambiado en las aulas como resultado de esas iniciativas.
Según el estudio, esta historia se remonta a 2004, cuando el Estado destinó 12 millones de dólares para la compra de 23,100 computadoras dirigidas a estudiantes. El balance oficial de ese programa se limitó a reportar el robo de 70 equipos, sin que se realizaran evaluaciones sobre el impacto en el aprendizaje ni un seguimiento sistemático de resultados.
Posteriormente, entre 2012 y 2013, la inversión fue significativamente mayor: 85 millones de dólares para la adquisición de casi 300 mil laptops. Sin embargo, de acuerdo con el documento, el patrón se repitió. Hasta la fecha, no existe una evaluación pública que permita determinar si esa inversión generó mejoras en el rendimiento académico de los estudiantes.
El punto más crítico señalado por el estudio se ubica en 2015, cuando alrededor de 26 mil equipos fueron encontrados almacenados en depósitos, en condiciones de deterioro. Para los autores del informe, este episodio evidenció no solo la ausencia de medición, sino también fallas en la gestión, distribución y uso de los recursos tecnológicos adquiridos.

La estrategia: evitar errores del pasado
Es precisamente en este contexto que el Meduca hizo énfasis en uno de los principales puntos de su respuesta: evitar que se repitan escenarios en los que los equipos queden almacenados sin uso. La institución sostuvo que la compra actual no tiene como propósito el almacenamiento, sino la integración activa de la tecnología en el proceso educativo.
Para sustentar esta afirmación, el Meduca explicó que el proceso de entrega está claramente definido en los pliegos de cargo de los actos públicos. En estos documentos se establece que las computadoras serán distribuidas directamente en las direcciones regionales o en puntos designados en cada región del país, sin contemplar su permanencia prolongada en depósitos.
De acuerdo con la entidad, esta logística será coordinada por la Dirección Nacional de Informática Educativa, en conjunto con la Dirección Administrativa, con el objetivo de garantizar una distribución ordenada y eficiente. Además, desde el Vicedespacho Administrativo se han emitido instrucciones a los directores regionales para asegurar que la entrega se realice de manera planificada, reduciendo el riesgo de acumulación o retrasos.
Uno de los principales cuestionamientos del estudio se centra en la medición del impacto real de estos programas. En este sentido, el Meduca indicó que los resultados serán evidenciados a través de mejoras en el rendimiento académico y en los niveles de aprendizaje alcanzados por los estudiantes. Según explicó, estos avances estarán vinculados a la implementación de estrategias tecnopedagógicas diferenciadas, diseñadas para fortalecer el proceso de enseñanza-aprendizaje.
La institución detalló que esta estrategia contempla el cumplimiento progresivo de objetivos por grado académico. Por ejemplo, en séptimo grado, los estudiantes deberán alcanzar metas específicas relacionadas con el uso de herramientas digitales, y este esquema se replicará en los distintos niveles educativos. La evidencia de estos logros se reflejará en los trabajos desarrollados por los estudiantes, así como en la creación de actividades didácticas apoyadas en medios tecnológicos.
Lea aquí el estudio completo:
La apuesta: docentes y capacitación
Como parte de este enfoque, el Meduca destacó la reactivación del programa Cuerpo de Solidaridad Informática (CSI), cuyo objetivo es promover el aprendizaje entre pares, permitiendo que los estudiantes capacitados compartan sus conocimientos con sus compañeros.
Adicionalmente, previo a la entrega de las computadoras, se desarrolla un proceso de capacitación dirigido a 1,365 estudiantes, mediante talleres de robótica, Arduino y otras herramientas digitales, con el apoyo de empresas internacionales especializadas.
El fortalecimiento de las competencias docentes constituye otro eje central de la estrategia. El Meduca informó que actualmente se lleva a cabo un proceso de formación continua para educadores en áreas como competencias digitales, uso de inteligencia artificial, ciberseguridad y ciudadanía digital. Este proceso se amplía con el apoyo de capacitadores de plataformas como Google y Canva, así como con contenidos orientados a la planificación didáctica asistida por herramientas tecnológicas.
Asimismo, la institución cuenta con un grupo de 156 docentes formadores entre pares, quienes tendrán la responsabilidad de replicar estos conocimientos en sus respectivas comunidades educativas, con el objetivo de garantizar un proceso de formación sostenible.
El Meduca también enfatizó que las computadoras no deben ser consideradas como la única herramienta en el proceso educativo, sino como un complemento tecnopedagógico que apoya y fortalece la enseñanza. En ese sentido, la institución señaló que esta iniciativa se articula con programas ya existentes, como el rediseño curricular, la capacitación docente continua y otras iniciativas orientadas al desarrollo integral de los estudiantes.
El estudio, por su parte, insiste en que el impacto de la tecnología en la educación depende en gran medida de su integración dentro de una estrategia pedagógica bien definida. Además, plantea que factores como la calidad docente, las metodologías de enseñanza y el contexto socioeconómico continúan siendo determinantes clave en los resultados de aprendizaje.
En medio de este debate, la respuesta del Meduca reafirma su apuesta por la incorporación de herramientas tecnológicas como parte de un proceso de modernización del sistema educativo. Sin embargo, los antecedentes expuestos en el estudio plantean un reto adicional: demostrar, con evidencia concreta, que esta nueva inversión logrará resultados distintos a los observados en el pasado.
La discusión, en última instancia, trasciende la compra de equipos y se centra en la necesidad de garantizar que cada inversión pública tenga un impacto real y medible en la educación. En ese desafío se encuentra no solo la efectividad de una política, sino también la oportunidad de transformar de manera sostenida el aprendizaje de los estudiantes en el país.


