Cuéntame dónde empiezan las raíces de tu trayectoria por este mundo de la filantropía.
Yo diría que nacen de dos aspectos. Vengo de una familia en la que mi mamá era docente, pero una muy empática con sus alumnos. No les pegaba con reglas. Al revés, les buscaba oportunidades para hacerse una vida próspera y ser ciudadanos de bien. Ella enseñaba en el Instituto Nacional. Todo esto me lleva a estar muy inquieta en este mundo de la filantropía, de cómo ayudar a que las personas puedan surgir. Y en el 96 tuve la gran oportunidad de iniciar en la junta directiva [de Banco General] y empezar a explorar todo este gran mundo que es la filantropía y el desarrollo social.
Hay esta corriente filosófica que se llama altruismo eficaz, que busca el mayor impacto medible posible en las personas. Dentro de la fundación, ¿tienen maneras de medir eso?
Esa es una gran parte de la evolución que se ha tenido... Nosotros en principio fuimos fundación de fundaciones, es decir, nosotros financiamos otras organizaciones. Pero nos hemos ido profesionalizando y sí, hoy día los proyectos se miden. De hecho, cuando a uno le presentan un proyecto, y cada día nos vamos profesionalizando más, una de las solicitudes que se le hace es: OK, ¿qué impacto, qué indicadores vas a usar para medir tu impacto?
¿Cuáles son algunos de esos indicadores?
Depende del área, pero sí, por ejemplo, en el área de desnutrición, es salir de la desnutrición, que ese niño que estaba en desnutrición salga de esa condición y, además, que su familia tenga en ese momento el conocimiento y el medio de mantener a ese niño fuera de la desnutrición.
¿Cómo era el proceso de due diligence con las fundaciones? ¿Cómo determinaban si podían trabajar con alguien? ¿Y se encontraron con algún susto?
Primero, hacemos un súper due diligence de todas las organizaciones al entrar. Gracias a Dios, fraudulentas, al momento, después de 30 años, no hemos encontrado ninguna, pero creo que es porque se hace el due diligence inicial.
¿Qué te ha sorprendido de lo que entiendes de las necesidades de las comunidades?
Quien va a ayudar tiene que ser empático y escuchar. Y tal vez orientar a las personas, porque tienden a pedir lo inmediato. Y realmente no es lo inmediato, es lo de largo plazo. Lo que hemos aprendido es que no es dar el dinero; es acompañar para lograr que esa persona aprenda a pescar. Pero si tú no enseñas a pescar, si tú no acompañas a la persona, vas a quedarte en el mismo círculo.
¿Cuál es tu perspectiva sobre esos vacíos que debería llenar el Estado y cómo los llenan estas organizaciones?
Esto es una pregunta bien compleja. Definitivamente, las organizaciones sin fines de lucro generalmente nacen, como dices tú, de una necesidad que no suple el Estado y que alguien, porque le pasa, descubre. Y yo creo que, en la medida en que el Estado aprenda o valore el trabajo de las organizaciones sin fines de lucro, podemos ser socios ejecutores de muchos programas.
¿Alguna vez un diputado les ha pedido sus métricas de impacto?
Eso no ha pasado.
¿Qué están haciendo ahora? ¿En qué están vertidas sus atenciones?
En las áreas de atención que te mencioné y muy focalizados en la parte de educación. Los programas de beca, los centros Supérate.
¿Cómo son los centros Supérate?
Son centros que trabajan a contrario de los horarios escolares. Si vas a la escuela en la mañana, vas al centro Supérate en la tarde. Cuando ese muchacho sale graduado de su escuela secundaria, que coincide con la graduación del centro, es un joven que domina el idioma inglés, que tiene las habilidades tecnológicas y que está formado en valores. Está listo, ya sea, dependiendo de su condición social, para ir a una universidad o para iniciar un trabajo e ir a la universidad. O a una educación técnica. Pero ya tiene herramientas para poder enfrentar el mundo laboral.
¿Has visto los resultados? ¿Has conocido a la gente?
¡Cómo no! Ya hay muchachos que, cuando empezaron su beca de excelencia en el 2011, que fue cuando empezó el programa, hoy día son profesionales. De hecho, este año tenemos una de las becadas que está en la universidad y que ha sido seleccionada para hacer un semestre en MIT. Tú ves ese cambio de vida. Ese muchacho o muchacha que venía a una escuela oficial que tal vez le iba a costar muchísimo, con todas las habilidades que tenía, pero que no tenía la condición social de pagarse una educación de calidad, cambiar a una organización que no solamente lo apoya con la beca, lo apoya durante todo el proceso de la beca, le acompaña para que tenga éxito. Porque, imagínate tú, cambiar a un niño de 12 años de una escuela oficial a una escuela secundaria privada, que, empezando, tiene un horario diferente y unas exigencias diferentes. Entonces, eso requiere acompañamiento.
Yo quiero empezar una organización para una causa que tengo en mente. ¿Qué recomendaciones tienes?
Lo primero te digo: haz inventario.
¿Inventario?
Si tienes una causa, ¿quién la atiende en Panamá? Si hay tres organizaciones que atienden lo que tú quieres atender, acércate a ellas. Fortalece esas organizaciones. No necesitamos más organizaciones que hagan lo mismo. Si cada persona que tiene una causa abre una organización, va a haber muchas organizaciones débiles. Si tú tienes una causa, tú dices: yo quiero ayudar a X. Fíjate en el inventario de quién ayuda a X, acércate, conoce y, de repente, lo que puedes es sumarte a esa causa.
¿Cómo hago si veo organizaciones con presupuestos inflados administrativamente, con pocos recursos para la causa?
Apoyamos mucho en la profesionalización. Estudiamos y tratamos de darle a las organizaciones fondos para funcionamiento. Porque muchos donantes nada más quieren dar para construcción o para cosas que puedas inaugurar. Entonces, nosotros pensamos que una organización necesita fondos para funcionar. Y para funcionar bien, tú tienes que tener gente calificada. No es que porque tú trabajas en el sector social tienes que ganar un salario menor que una persona que hace lo mismo que tú en otro ambiente. Si tú quieres buenos resultados, tú tienes que tener buena gente. Y eso cuesta dinero.
¿Qué te ha frustrado en el camino? ¿Cuáles han sido esos retos?
No he encontrado ninguna, porque yo soy necia y terca. Pero sí hay veces que las permisologías son muy complicadas.
¿Permisologías en el sentido de las reglas que tiene el Estado?
Es que para cualquier tipo de organización tú tienes que tener muchos permisos. Depende de lo que tú hagas, ya sea permiso de salud, del Ministerio de Salud, del Mides, del Ministerio de Educación, y a veces esos trámites son largos y requieren mucho tiempo. Entonces, eso a veces a uno le da presión porque al día siguiente te hacen lo mismo hasta que consigues el permiso y haces lo que tienes que hacer.
¿Cómo ves el futuro de la filantropía en Panamá?
Tiene que haber muchas organizaciones más dentro de CAPADESO, porque creo que es el lugar donde está la voz de las organizaciones sin fines de lucro. Me gustaría tener como una claridad de que el Estado tome la educación para romper el círculo de la pobreza, porque es solamente con la educación que vamos a lograr esto. Las organizaciones sin fines de lucro solas no pueden mover la aguja. La aguja la tiene que mover el Estado y siempre me refiero al Estado porque los gobiernos son temporales. Esto de educación no es de este gobierno ni del que viene ni del que pasó. Tiene que ser un tema de Estado, así como lo fue el Canal de Panamá en su momento.
