- “Gabriela, ya es hora. Levántate de la cama y suelta el celular, que vamos a llegar tarde a la clase de piscina”.
- “Mamá, hoy no tengo ganas de ir. Quiero quedarme en casa”, responde la niña de ocho años.
Entonces María Palacios, su madre, entra a la habitación, le retira el teléfono de las manos y, ante el evidente gesto de molestia de la pequeña, insiste en que se aliste para salir. No es la primera vez que Gabriela falta a la actividad.
María reconoce que cada día libra una batalla silenciosa con la tecnología. Aunque intenta limitar el uso del celular a una hora diaria, admite que la rutina y las ocupaciones del día a día muchas veces hacen que ese tiempo se extienda más de lo previsto.
“No es fácil”, comenta. Aun así, procura mantener a su hija activa fuera de las pantallas, convencida de que actividades como la natación, el juego y la convivencia con otros niños son importantes para su desarrollo integral.
Historias como la de María y Gabriela son parte del trasfondo de la conversación planteada durante el diálogo “Tecnología y literatura infantil, ¿una conversación necesaria?”, organizado como parte de la programación de Centroamérica Cuenta 2026, en ciudad de Panamá.
El diálogo, que tuvo como escenario la Biblioteca Nacional Ernesto J. Castillero R., reunió a especialistas del ámbito cultural y tecnológico para reflexionar sobre la manera en que las pantallas, los algoritmos y las nuevas formas de comunicación están transformando la relación de los niños con la lectura y el aprendizaje.
La profesora de filosofía, escritora y pintora panameña Ela Urriola advirtió que el debate sobre la infancia y la tecnología ha sido aplazado por años, pese a sus efectos cada vez más visibles en la vida cotidiana.

“Es una conversación necesaria, pendiente entre la literatura infantil y la tecnología”, expresó Urriola, al señalar que el uso excesivo de dispositivos está modificando los procesos de comunicación entre padres e hijos y podría influir en la formación de futuros lectores y ciudadanos.
Para la escritora, el problema no radica únicamente en la tecnología, sino en la falta de orientación por parte de adultos, docentes y responsables de políticas públicas sobre cómo integrar estos cambios en la educación y en el hogar.
“Creo que la tecnología no está matando el hábito de leer, sino que los propios padres, docentes y gestores no tienen claro cómo abordar estos cambios”, afirmó.
Urriola también alertó sobre la dependencia emocional que muchos niños desarrollan hacia los dispositivos electrónicos. Señaló que cada vez es más común observar aislamiento, retraimiento y dificultad para interactuar fuera de las pantallas.
“Los niños se aferran más a los dispositivos que a la naturaleza, a los juegos o a los amigos”, comentó.

Desde su perspectiva, la literatura infantil sigue siendo una herramienta fundamental para fortalecer la imaginación, la curiosidad y el vínculo afectivo entre adultos y niños. Sin embargo, insistió en que la lectura también requiere acompañamiento y cercanía.
“La primera tecnología es la voz, es la cercanía”, sostuvo. “La conversación es mucho más que lo que se cuenta; es reafirmación de los afectos”.
Como cierre de su intervención, Urriola hizo un llamado a “retomar la mirada” hacia la infancia y recuperar los espacios de conversación. “Esa mirada que se desvincula del otro y se orienta hacia una pantalla eventualmente tiene consecuencias. Tenemos que volver a mirarnos y mirar a los niños”, reflexionó.
En este diálogo también participó el productor audiovisual y desarrollador de realidad virtual Jonathan Álvarez. Álvarez impulsa junto a la Biblioteca Nacional proyectos que combinan experiencias inmersivas de realidad virtual con obras literarias como Lolita Montero, de Dora Pérez de Zárate, y El Principito.
Estas iniciativas han llegado a comunidades del interior del país mediante el programa Bibliobús, permitiendo que niños experimenten nuevas formas de acercarse a las historias y a la lectura.
“Los chicos ven en esa fantasía una narrativa que les transmite valores, consejos y emociones”, comentó.

No obstante, coincidió con Urriola en que la infancia es una etapa decisiva para el desarrollo humano y que la sociedad ha descuidado la importancia de acompañar a los niños en ese proceso.
“Cuando un niño lee, escucha o ve algo, está desarrollando cognitivamente su cerebro. Lo que aprenda en esa etapa influirá en la sociedad que tendremos en el futuro”, indicó.
Álvarez reconoció que pertenece a una generación que vivió la transición del libro físico hacia la tecnología y considera que muchos adultos todavía no dimensionan el impacto que las plataformas digitales tienen en la vida emocional y social de los menores. “Los tecnólogos y desarrolladores también tenemos la responsabilidad de entender las consecuencias positivas y negativas de lo que creamos”, agregó.

Pantallas en la infancia: las alertas de especialistas
Dentro de la actividad se hizo referencia a la investigación Influencia de la tecnología en el desarrollo integral de los niños en la primera infancia, desarrollada por Rosa Amanda Sacoto Álvarez, Nancy Marcela Cárdenas Cordero y Ana Zulema Castro Salazar, de la Universidad Católica de Cuenca, en Ecuador.
El estudio plantea que las nuevas generaciones parecen crecer rodeadas de dispositivos tecnológicos desde edades cada vez más tempranas. Incluso antes de hablar o caminar, muchos niños ya manipulan celulares y tabletas con facilidad.
La investigación recoge alertas de pediatras, terapeutas y educadores sobre las posibles consecuencias del uso excesivo de pantallas durante la primera infancia. Entre ellas, menciona retrasos en el desarrollo motriz, debido a que estos dispositivos limitan ciertos movimientos y reducen actividades manuales tradicionales como armar rompecabezas, construir bloques o pintar.

Además, el documento advierte que el exceso de tiempo frente a videojuegos y pantallas puede provocar aislamiento social, alteraciones del sueño e irritabilidad en niños pequeños, factores que podrían afectar su bienestar emocional.
Aunque la investigación reconoce que la tecnología es una herramienta poderosa para la sociedad, concluye que su uso sin supervisión en niños pequeños puede tener consecuencias negativas en su desarrollo integral debido al acceso ilimitado a contenidos y plataformas digitales.
Ser guía en tiempos de pantallas
Álvarez insistió en que los adultos deben asumir un rol más consciente como ejemplo para niños y adolescentes, especialmente frente al uso cotidiano de celulares y dispositivos electrónicos.
“Somos los adultos la guía de los chicos”, afirmó. “Muchas veces se les da un teléfono para tranquilizarlos, sin pensar en el daño que eso puede causar”.
Además de promover un uso más equilibrado de la tecnología, destacó la importancia de escuchar a los niños y fomentar su curiosidad.
“Soy padre y creo que hay que escuchar a la infancia también. No hay nada más delicioso que escuchar sus preguntas, contestarlas y motivarlos a crear, imaginar y soñar”, finalizó.


