Su trabajo se enfoca en cómo se construyen las narrativas del pasado y en recuperar relatos que quedaron fuera de la versión oficial. Es autora de ‘Erased: The Untold Story of the Panama Canal’, un libro premiado por la American Historical Association que examina el desplazamiento de comunidades durante la construcción del Canal. Su investigación replantea el pasado del Canal no solo como una hazaña de ingeniería, sino también como un proceso que transformó la población y el territorio del istmo.
Marixa, si yo voy a bucear al lago Gatún y voy lo suficientemente profundo, ¿me voy a encontrar con un pueblo inundado?
Eso de la inundación de los pueblos debajo del lago Gatún es uno de los grandes mitos de la historia de la Zona del canal. Cuando yo empecé esta investigación, yo juraba que los buzos veían torres de iglesias cuando se metían debajo del lago. No es cierto. Incluso puedes ir a las ruinas de Cruces y están sobre el agua, cerca de Gamboa.
Es decir, los pueblos sí fueron abandonados, mas no inundados.
Exacto. La zona del canal es muchísimo más grande que el lago Gatún y estaba llena de pueblos, campos de cultivos, personas y negocios que nunca fueron inundados. Y, sin embargo, fueron eliminados.
¿Los espantó el agua?
No los espantó el agua, fue una decisión. En 1912, el gobierno de Estados Unidos tiene un debate interno: ¿qué queremos en la Zona del Canal? ¿Una zona poblada o despoblada? Algunos, como Gorgas, decían que no había ningún problema sanitario ni de seguridad. Otros, sin embargo —y fueron los que ganaron—, decían que no querían casas pobres, no querían negros, no querían panameños, no querían lo que ellos llamaban gente indeseable. Hay una orden ejecutiva del presidente Taft, de 1912, que ordena la despoblación de la Zona del Canal.
O sea, no era un problema de seguridad.
No era ni un problema de seguridad ni de salud, según la máxima autoridad sanitaria del canal.
Supongo que ya había gente viviendo ahí en los pueblos que estaban establecidos ahí, desde hace mucho tiempo antes.
Por supuesto. Panamá había sido una zona de tránsito desde el siglo XVI. Surgieron montones de poblados con los caminos de Cruces, el Camino Real y el río Chagres. Esos poblados crecen con el ferrocarril y después con el canal francés. Para cuando inicia la construcción del canal, esta era una zona urbana con municipalidades muy antiguas. Tienes que imaginártelos, los más grandes —como Emperador, Nuevo Gatún y Gorgona—, como pequeñas versiones de Panamá y Colón. Con inmigrantes de todas partes, casas de inquilinato, negocios, comercios, hasta bancos.

Había estructuras gubernamentales establecidas ahí.
Alcaldes, claro que sí. Al principio, Estados Unidos los mantiene. Pero empiezan conflictos porque los alcaldes se tomaron en serio su posición de defender a los pobladores y se opusieron a algunas decisiones del Isthmian Canal Commission. Entonces los eliminan. Quedan los poblados, pero ahora se llaman distritos administrativos, bajo la jurisdicción de la compañía.
"El mito nos hace pensar que es inevitable, que fue inevitable. Porque nos hace pensar que había que escoger entre los poblados y el canal, cuando eso no fue así, hubiera sido perfectamente posible tener el Canal y mantener los poblados".
— La Prensa Panamá (@prensacom) March 15, 2026
Marixa Lasso, historiadora e… pic.twitter.com/X57sneb1Pa
Ese Gorgona que mencionas, ¿no tiene nada que ver con el Gorgona de la playa?
Sí, muchísimo. Cuando se toma la decisión de despoblar, envían a las personas de Gorgona a fundar un pueblo modelo en Nueva Gorgona. Pero imagínate: estás en el medio de todo, lleno de comerciantes y agricultores con ese mercado transístmico, y los mandas lejísimos. Ese pueblo no prospera.
Es como desraizar una planta de permacultura que se formó sola y ponerla en otro pedazo de tierra donde tal vez ni siquiera pueda crecer.
Exacto. Lo que describen es que estaban todos los comerciantes con las tiendas llenas y sin nadie a quien venderle.
Entonces, ¿quedan bajo la jurisdicción de la compañía?
Sí. Y con todos los pueblos hicieron lo mismo: la orden es la orden. Tienen que salir todos, eliminan los pueblos que ya estaban y después se crean otros que van a ser los pueblos de la compañía del canal.
"Y este es el fin de una era, la era del control de la zona interoceánica. O sea, hasta ese momento los panameños vivían ahí, controlaban los puertos, controlaban los caminos, controlaban el comercio. Esos eran los subpoblados históricos".
— La Prensa Panamá (@prensacom) March 15, 2026
Marixa Lasso, historiadora e… pic.twitter.com/97OhLH4Muk
¿Hubo algún tipo de resistencia? ¿La gente se quería quedar?
La gente no se quería ir, eso nos queda muy claro. Hay documentos de campesinos que volvían a sus cultivos y no los querían dejar. Pero resistencia fuerte no la encontré. Hay quejas y comentarios de personas del gobierno diciendo que hasta cuándo iban a usar el Canal de excusa para seguir pidiendo tierras. Los protagonistas de esa época sabían que la mayoría de las personas expulsadas no estaban en tierras que se necesitaran para el canal.

Entonces, claramente estas tierras no se iban a inundar. ¿De dónde viene este mito?
El primero en formalizar el mito fue Gil Blas Tejeira con su libro Los pueblos perdidos.
¡Mi tío!
Tu tío. Pero no es culpa de él, porque él recoge un mito que ya está. Creo que la despoblación fue tan rápida como una inundación y estuvo asociada al lago porque sí ocurrió al mismo tiempo. Además, en las crónicas del Isthmian Canal Commission, lo que se publica deja de hablar de la orden de despoblación y empieza a hablar solo de la inundación. Los mitos no se inventan: se simplifica algo complejo en una gran narrativa.
Hubo algo que me dijiste antes de empezar la entrevista que resonó conmigo: que el mito es como una manera de procesar ese evento traumático.
Un evento muy traumático. Para el censo de 1912 había 62,000 personas allí, cuando todo Chiriquí tenía 57,000. De repente, en uno o dos años, todo el mundo tiene que salir: los comerciantes con sus negocios, la gente desmantelando sus casas, abandonando sus cultivos.
"Para el censo de 1912 había 60.000 personas, 62.000 personas allí. De repente te dicen, en un año, en dos años, todo el mundo tiene que salir, los comerciantes con sus negocios, la gente tenía que desmantelar sus casas, abandonar sus campos de cultivo".
— La Prensa Panamá (@prensacom) March 15, 2026
Marixa Lasso,… pic.twitter.com/t3bOG1NDYb
¿Y hay memoria en las personas desplazadas? ¿Todavía recuerdan cosas de esa época?
Quedan memorias de personas a quienes se las contaron sus abuelos. Fui a entrevistar personas en Nuevo Chagres y recordaban historias de lo que había pasado. Pero queda en lo local, en lo familiar, no en la memoria nacional. En la memoria nacional queda condensado como esa inundación.

¿Por qué es importante no irnos con la narrativa de la inundación?
Por dos motivos. Primero, borra lo compleja que era la infraestructura urbana. Los miles de trabajadores que vinieron a construir el canal no fueron albergados por casas del Isthmian Canal Commission: la mayoría vivieron en casas construidas por capitalistas panameños. El mito borra esa participación nuestra en la construcción del canal. Segundo, nos hace pensar que fue inevitable, que había que escoger entre los poblados y el canal. Cuando eso no fue así. Se utilizó una decisión técnica para ocultar lo que fueron decisiones políticas y sociales.
La inundación como justificación para cosas que tal vez no querían decir abiertamente.
Exactamente.
¿Qué hubiera pasado si Estados Unidos hubiera tomado la decisión contraria?
Esa posibilidad fue muy real. Si los que estaban a favor de mantener la zona poblada hubieran ganado el debate, Gorgona hubiera quedado donde hoy está Gamboa. Lo que hoy es Balboa hubiera seguido siendo La Boca, el pueblo panameño en la boca del canal. Y hubiéramos tenido una ciudad de Panamá muy distinta, más integrada a la zona transístmica, como lo había estado históricamente. E imagínate que esos pueblos centenarios como Gorgona y Chagres todavía estuvieran allí.
Bueno, entré imaginándome una iglesia debajo del agua y ahora salgo imaginándome ciudades enteras donde antes estaban. Gracias, Marixa.
Un placer conversar contigo.

