El edificio 219 de Clayton —originalmente identificado como el 175—, construido en 1941 y que durante décadas albergó el antiguo Comisariato de Clayton, vuelve a transformarse. Tras funcionar posteriormente como centro de entrenamiento y, más recientemente, como sede del Instituto de Investigaciones Científicas y Servicios de Alta Tecnología (Indicasat-AIP), hoy sus 1,400 metros cuadrados albergan el Centro Regional de Innovación de Vacunas y Biofármacos (Crivb-AIP).
Desde estas instalaciones, Panamá apuesta por posicionarse como un referente regional en biotecnología, con el desarrollo de vacunas de nueva generación y biofármacos orientados a enfrentar futuras amenazas sanitarias.
La iniciativa no solo busca impulsar la innovación médica, sino también fortalecer la soberanía sanitaria del país y de Centroamérica y el Caribe, una discusión que tomó fuerza tras las lecciones que dejó la pandemia de covid-19.
El centro, inaugurado en septiembre de 2025, avanza en su etapa de consolidación y se estima que entre en funcionamiento en junio próximo.
La directora del Crivb, Paulina Franceschi, explicó en una entrevista con La Prensa que las instalaciones ya superan el 80% de equipamiento y que actualmente se trabaja en la habilitación final de laboratorios, la validación de procesos y los sistemas de bioseguridad.
Se trata de una fase clave en la que el proyecto deja atrás la instalación de infraestructura básica para enfocarse en la operación científica plena. En paralelo, el equipo técnico trabaja en la integración de plataformas de investigación que permitirán desarrollar proyectos de biotecnología avanzada con estándares internacionales.
En esta etapa aún está pendiente la incorporación de dos o tres equipos altamente especializados que permitirán completar las capacidades del centro. Estos dispositivos son esenciales para dar el salto hacia la investigación aplicada en vacunas y terapias innovadoras, un objetivo central del Crivb, explicó Franceschi.
Equipos estratégicos y financiamiento en proceso
El avance del proyecto depende también de decisiones presupuestarias. Recientemente, el secretario nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación, Eduardo Ortega Barría, acudió a la Comisión de Presupuesto de la Asamblea Nacional para solicitar un traslado de partida por un millón de dólares destinado a completar el equipamiento del centro.
Entre los equipos más relevantes se encuentra un citómetro con sorter, una tecnología que permite obtener alta pureza en muestras biológicas, aislar poblaciones celulares dentro de sistemas complejos y seleccionar células productoras de anticuerpos con fines de desarrollo biofarmacéutico.
Este tipo de herramienta es considerada fundamental en la investigación moderna en inmunología y biología celular, ya que permite acelerar procesos de descubrimiento científico con mayor precisión.
A ello se suma la adquisición de una plataforma de ARN mensajero, tecnología que ha cobrado protagonismo mundial desde la pandemia de Covid-19. Este sistema permite el diseño, producción y evaluación de candidatos vacunales basados en ARN mensajero y, según Ortega Barría, sería la única de su tipo en Centroamérica y el Caribe.
El origen del centro está directamente vinculado a la experiencia de la pandemia de Covid-19. Durante ese periodo, la dependencia global de vacunas extranjeras y la escasez de suministros evidenció la fragilidad de los países sin capacidades propias de investigación biomédica.
A partir de esa lección, Panamá decidió impulsar la creación de un espacio científico que permitiera no solo responder a emergencias sanitarias, sino también desarrollar capacidades internas sostenidas en el tiempo.
El objetivo es formar científicos, generar investigación aplicada, desarrollar productos terapéuticos y contar con herramientas que permitan responder de forma más rápida ante patógenos con potencial epidémico.
Tecnología de frontera para la medicina del futuro
El Crivb ha sido diseñado para operar con tecnologías consideradas de frontera en la medicina contemporánea. Entre ellas destaca el desarrollo de vacunas basadas en ARN mensajero, una plataforma que revolucionó la industria farmacéutica durante la pandemia al reducir drásticamente los tiempos de diseño y validación.
Este tipo de tecnología permite acelerar la respuesta ante nuevas enfermedades emergentes, algo clave en un contexto global donde los brotes virales son cada vez más frecuentes y complejos.
A esta línea de investigación se suma el desarrollo de anticuerpos monoclonales humanizados, herramientas avanzadas utilizadas en tratamientos contra el cáncer, enfermedades autoinmunes y otras patologías complejas. Estas terapias permiten intervenciones más precisas a nivel celular, con mayor eficacia clínica.
“Estamos hablando de plataformas que cambian la forma en que se desarrolla la medicina”, señaló Franceschi, al destacar que el objetivo es reducir los tiempos de investigación y acelerar la llegada de soluciones biomédicas tanto en Panamá como en la región.
Enfermedades emergentes y retos regionales
El enfoque del centro no se limita a la innovación tecnológica. También responde a un mapa de amenazas sanitarias en evolución constante.
La agenda de investigación incluye patógenos con potencial pandémico como virus respiratorios, influenza y dengue, enfermedades que en los últimos años han mostrado cambios en su comportamiento y expansión geográfica.
A ello se suman enfermedades tropicales desatendidas como leishmaniasis, tripanosomiasis y toxoplasmosis, cuya relevancia ha aumentado en el contexto del cambio climático y la expansión de vectores.
Franceschi subrayó que este tipo de enfermedades no solo representan un desafío sanitario, sino también un impacto económico directo en sectores como el agropecuario, lo que amplía el alcance del centro hacia la seguridad productiva y alimentaria.
Un equipo científico en crecimiento
Actualmente, el centro cuenta con un equipo de seis investigadores especializados en áreas como virología, parasitología, epidemiología y biotecnología. A este grupo se han sumado científicos formados en el extranjero que han regresado al país mediante programas de reinserción científica.
Este componente ha permitido incorporar experiencia internacional en investigación básica y aplicada, fortaleciendo la capacidad técnica del proyecto.
Además, el Crivb cuenta con asesores internacionales de alto nivel en desarrollo de vacunas y biotecnología. Entre ellos destaca María Elena Bottazzi, reconocida a nivel global por su trabajo en vacunología tropical y su participación en el desarrollo de la vacuna contra la covid-19 en el Baylor College of Medicine.
También destaca el científico panameño Abel De La Rosa, quien participó en el desarrollo del medicamento oral molnupiravir contra la covid-19, de la compañía Merck y Ridgeback Biotherapeutics.
Inversión y visión a largo plazo
La adecuación del centro ha requerido una inversión aproximada de 10 millones de dólares, que incluyen infraestructura, equipamiento y puesta en marcha operativa.
Sin embargo, el proyecto contempla una segunda fase de expansión que podría requerir entre 70 y 100 millones de dólares adicionales, especialmente si se avanza hacia la producción y manufactura local de vacunas.
Uno de los objetivos estratégicos es que Panamá pueda desarrollar capacidades de llenado y etiquetado de vacunas dentro del país, lo que permitiría fortalecer la cadena logística regional y reducir la dependencia de importaciones en productos biomédicos críticos.
Más allá de la infraestructura, el proyecto busca consolidar un ecosistema de innovación basado en ciencia, tecnología y talento humano.
El objetivo es generar empleo altamente calificado, impulsar la investigación local y posicionar a Panamá como un actor relevante en el mercado global de biofármacos, un sector que mueve miles de millones de dólares al año.
“Este centro es una apuesta por el futuro”, resumió Franceschi, al recordar que la pandemia dejó una lección clara: la necesidad de que los países fortalezcan su capacidad científica desde sus propios territorios.
El Crivb forma parte de una red de colaboración que incluye la Ciudad del Saber, Indicasat AIP, el Instituto Conmemorativo Gorgas, la Universidad de Panamá, el Baylor College of Medicine, el Texas Children’s Hospital y la Embajada de Corea del Sur.
Durante su inauguración también se firmó un memorando de entendimiento con la Fundación Oswaldo Cruz (Fiocruz) de Brasil, con el objetivo de fortalecer la cooperación científica en inmunobiológicos y posicionar a Panamá como centro regional en investigación, formación y potencial producción de vacunas.
