Panamá ha fortalecido en los últimos años su capacidad científica y tecnológica con la creación de nuevos centros de investigación, programas de formación avanzada y un aumento en el número de investigadores activos. Sin embargo, este crecimiento enfrenta retos como la retención de talento, las diferencias salariales entre instituciones y la competencia por personal altamente calificado.
La situación quedó expuesta recientemente en la Comisión de Salud, Trabajo y Desarrollo Social de la Asamblea Nacional, durante la presentación de la memoria 2025 del Instituto Conmemorativo Gorgas de Estudios de la Salud (Icges). Su director, Nicanor III Obaldía, advirtió que algunas entidades públicas están perdiendo profesionales capacitados ante ofertas más atractivas dentro del propio sistema científico nacional.
“Hemos perdido profesionales altamente capacitados que han decidido irse”, afirmó Obaldía, al referirse al traslado de personal hacia otras instituciones.
El funcionario explicó que la expansión de nuevas instalaciones científicas podría aumentar la presión sobre el limitado recurso humano disponible, especialmente en áreas técnicas especializadas. Entre esos proyectos mencionó un centro vinculado al desarrollo de vacunas, que requerirá personal entrenado para operar.
“Entramos en lo que yo he denominado el canibalismo por los técnicos. Nos canibalizaron cuatro ya”, expresó.
Sus declaraciones reflejan una tensión creciente dentro del ecosistema científico panameño: mientras el país fortalece su infraestructura de investigación, la disponibilidad de talento no avanza al mismo ritmo.

El factor salarial
Obaldía reconoció que uno de los principales motivos detrás de la movilidad de profesionales son las diferencias salariales entre instituciones.
“Los salarios que tiene el Instituto Gorgas no son competitivos”, señaló.
Según datos de planilla de la entidad, un investigador sénior en salud puede devengar entre $3,000 y $5,000 mensuales, dependiendo de la posición y de la experiencia acumulada.
Datos de la Secretaría Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación (Senacyt) indican que Panamá invierte alrededor del 0.13% del Producto Interno Bruto (PIB) en ciencia, tecnología e innovación. La cifra baja al 0.08% si se excluye la inversión del Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales, respaldado por Estados Unidos.
Añadió que el Estado invierte recursos significativos en la formación de especialistas mediante becas, entrenamientos internacionales, congresos y pasantías, pero algunos terminan aceptando mejores ofertas laborales.
“Nosotros les estamos dando becas, los estamos educando, los mandamos de viaje a Francia, Etiopía y Estados Unidos… pero, de repente, viene otro y le dice: ‘Yo te voy a pagar mil dólares más’”, relató.
Para los centros de investigación, la salida de personal no solo implica perder experiencia acumulada; también puede retrasar proyectos, elevar costos de entrenamiento y dificultar el reemplazo de especialistas.
La situación no es exclusiva de Panamá. En distintos países de América Latina, instituciones públicas enfrentan dificultades para competir con mejores condiciones ofrecidas por universidades privadas, organismos internacionales o centros con mayores presupuestos.

Movilidad o pérdida de talento
Por su parte, el secretario nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación, Eduardo Ortega Barría, sostuvo que la movilidad entre instituciones no debe interpretarse necesariamente como una pérdida, sino como parte natural de un ecosistema científico dinámico en el que circulan conocimientos, capacidades y experiencias.
Desde esa perspectiva, el traslado de investigadores puede fortalecer vínculos entre organizaciones y favorecer la colaboración en proyectos nacionales e internacionales.
Además, indicó que entidades como el Instituto Gorgas, el Instituto de Investigaciones Científicas y Servicios de Alta Tecnología de Panamá (Indicasat-AIP), el Centro Regional de Innovación de Vacunas y Biofármacos (Crivb-AIP), universidades públicas y privadas, así como otros centros especializados, mantienen relaciones activas dentro del sector científico nacional.
La voz de un científico que se trasladó
El virólogo y epidemiólogo Jean Paul Carrera, quien pasó del Instituto Gorgas al Crivb-AIP, considera que estos movimientos responden al crecimiento natural del sistema científico panameño.
A su juicio, la creación de nuevos centros de investigación y una mayor diversidad de oportunidades reflejan una etapa de expansión institucional.
“El ecosistema científico en Panamá está entrando en una etapa de crecimiento y transformación. La creación de nuevos centros de investigación, junto con una mayor diversidad de oportunidades, refleja la evolución natural de un sistema que se está fortaleciendo”, señaló.
Añadió que la movilidad de talento y la diversificación institucional son señales propias de ecosistemas en expansión, ya que impulsan mejoras en la gestión, la colaboración y la creación de mejores entornos para investigar.
A largo plazo, sostuvo, este proceso puede fortalecer la capacidad del país para generar conocimiento, innovar y responder a desafíos en salud pública y desarrollo sostenible.
Sin embargo, las advertencias del director del Gorgas evidencian que, desde la operación diaria de algunos centros, la salida de personal clave sí representa una afectación inmediata, sobre todo cuando se trata de técnicos escasos o especialistas difíciles de reemplazar.
Más investigadores, mismas brechas
Consultado sobre el estado actual del sistema científico nacional, Ortega Barría explicó que Panamá cuenta con 1,614 investigadores activos, según los indicadores más recientes del Observatorio Panameño de Ciencia, Tecnología e Innovación, correspondientes a 2025.

La mayor concentración de investigadores se mantiene en el sector universitario, seguido por el sector público.
Uno de los principales instrumentos de reconocimiento es el Sistema Nacional de Investigación (SNI) de la Senacyt, que agrupa a científicos con trayectoria y productividad comprobada.
Aunque las cifras muestran una base científica en crecimiento, también reflejan la fuerte dependencia del sector académico y una participación todavía limitada de la empresa privada en actividades de investigación y desarrollo.
Sin carrera científica nacional
Otro de los desafíos señalados por Ortega Barría es que Panamá no cuenta actualmente con una carrera nacional de investigador científico ni con una escala salarial unificada para ese personal.
Explicó que las remuneraciones dependen del presupuesto y de las decisiones administrativas de cada institución donde laboran los investigadores.
“La Senacyt no maneja una escala salarial para investigadores a nivel nacional”, precisó.
Agregó que la entidad impulsa mecanismos complementarios para fortalecer la permanencia del talento científico, entre ellos, financiamiento de proyectos, convocatorias de investigación, programas de desarrollo de capacidades y reconocimientos vinculados al SNI.

Áreas con déficit
El secretario nacional también identificó sectores estratégicos en los que Panamá necesita ampliar su personal especializado, entre ellos, inteligencia artificial, biotecnología, ciencias de la salud, cambio climático, sostenibilidad, ciberseguridad e ingeniería avanzada.
La demanda por estos perfiles coincide con la expansión de laboratorios, centros científicos y proyectos tecnológicos que requieren técnicos entrenados, investigadores con doctorado y equipos multidisciplinarios.
Panamá ha logrado avances importantes en las últimas dos décadas con la creación de centros especializados, el aumento de investigadores y la consolidación de programas de formación internacional.
Sin embargo, el siguiente paso parece más complejo: convertir ese crecimiento en un sistema sostenible capaz de atraer, formar y retener talento en condiciones competitivas.
La discusión entre cifras oficiales y realidades institucionales deja en evidencia que la infraestructura científica, por sí sola, no basta.
Sin personal calificado, incentivos adecuados y planificación de largo plazo, la expansión científica del país podría encontrar límites.
El desafío para Panamá no es solo formar más investigadores, sino garantizar que encuentren oportunidades reales para desarrollar su carrera y aportar al conocimiento nacional.

