El cambio de nombre de playa Prieta a playa Las Garzas, aprobado este martes 5 de mayo por los representantes en el Concejo de Panamá, ha generado diversas reacciones y reabre el debate sobre la preservación de la memoria histórica en el país, específicamente en el Casco Antiguo.
La decisión fue impulsada en el marco de un plan de recuperación de espacios públicos en la entrada del Casco Antiguo —detrás de la Plaza Quinto Centenario y cerca del Palacio de Las Garzas— y busca, según las autoridades de la Alcaldía de Panamá, revitalizar la zona costera y devolverla al uso ciudadano bajo criterios de seguridad y turismo.
El exdirector de la Oficina del Casco Antiguo, Fernando Díaz Jaramillo, calificó la decisión como un precedente “peligroso” y advirtió que “no es atribución de la Alcaldía renombrar lugares con el pretexto de haberlos recuperado”.
Díaz Jaramillo, quien también forma parte de la Coalición Comunitaria del Centro Histórico, sostuvo que la medida “borra la identidad y la memoria histórica de la ciudad”, al sustituir un nombre con raíces documentadas por una denominación que —según afirma— responde más a intereses simbólicos o políticos que a la historia del sitio.

Un sitio con valor histórico
Playa Prieta tiene registros desde 1875 como “Playa Peña Prieta”, nombre vinculado a una gran formación rocosa oscura que existía en el área. Con el paso del tiempo, el sitio se convirtió en un punto clave para la logística de la ciudad: allí llegaban embarcaciones con productos del interior y, posteriormente, funcionó un muelle vinculado al antiguo mercado público.
Además, por esta zona ingresaron migrantes de diversas nacionalidades, principalmente asiáticos, lo que le otorga un valor cultural adicional dentro del desarrollo histórico del Casco Antiguo.

Durante años el área estuvo restringida por razones de seguridad presidencial, bajo control del Servicio de Protección Institucional (SPI), lo que impidió su mantenimiento y uso público, recordó Jaramillo.
En ese contexto, cuestionó que ahora se utilice su recuperación como argumento para cambiar su nombre: “Se está creando un precedente en el que cada obra nueva puede justificar renombrar espacios históricos, lo que termina borrando nuestra memoria colectiva”.
El experto fue más allá y señaló que el nuevo nombre carece de sustento real: “No existe un flujo natural de garzas en esa playa, ni siquiera en el Palacio de Las Garzas actualmente, lo que evidencia el carácter artificial de la denominación”.
Impacto en la memoria cultural
El representante del corregimiento de Parque Lefevre, Rody Rodríguez —quien votó en contra de la medida—, advirtió que la decisión “entierra la historia bajo el pretexto de lo comercial”.
Rodríguez cuestionó la aprobación del cambio de nombre de Playa Prieta a Las Garzas, al señalar que la decisión no fue consensuada con la comunidad y que borra parte de la herencia histórica y afrodescendiente de la ciudad.
Además, criticó que el tema no generara debate en la Comisión de Vivienda ni en el Concejo, donde la medida fue respaldada por la mayoría.
El representante expresó su preocupación por lo que considera decisiones unilaterales de la Alcaldía, incluyendo la eliminación de proyectos ya aprobados para su corregimiento, lo que —afirmó— deja a Parque Lefevre sin inversiones previstas. También advirtió sobre la falta de voces de contrapeso en el Concejo.
Pese a las críticas, la medida fue aprobada primero en la Comisión de Vivienda, Desarrollo Urbano, Transporte Urbano y Suburbano, y luego en el Concejo de Panamá, este martes 5 de mayo. Ahora se espera que se oficialice mediante un decreto alcaldicio.
En tanto, Octavio Del Moral, consultor de la Asociación de Vecinos y Amigos del Casco Antiguo (Avaca), también cuestionó el cambio de nombre de Playa Prieta y advirtió que estas decisiones implican desconocer el origen histórico de los lugares.
Señaló que esta playa tiene un valor documental importante, ya que en 1853 fue el punto de desembarco del barco The Sea Witch (La Bruja del Mar), que trasladó a unos 700 trabajadores chinos para la construcción del ferrocarril de Panamá.
Del Moral explicó que en los registros históricos de ese acontecimiento siempre se hace referencia a playa Prieta, por lo que modificar su nombre podría generar confusión en futuras generaciones al intentar ubicar o entender estos hechos. “Estamos siendo incoherentes con la historia al cambiar el nombre de un lugar”, afirmó.
No obstante, el especialista reconoció que existen casos en los que sí sería pertinente revisar nombres, como el de algunas calles que no guardan relevancia histórica.
