Panamá, México y Ecuador, tres países de América Latina, tienen sus propias características políticas, sociales y económicas, pero también tienen temas en común. Los proyectos de infraestructuras, a gran escala, son uno de ellos.
A diferencia de México, que cuenta con una población de $128.9 millones de personas, y Ecuador, que posee $17.6 millones, Panamá solo tiene un estimado de $4.3 habitantes. No obstante, cuando se trata del desarrollo y construcción de grandes obras, este país lleva a cabo millonarias inversiones.
Uno de estos megaproyectos, que permite conocer la envergadura de las obras que se pueden hacer en Panamá, fue el tercer juego de esclusas. El nuevo tercer juego de esclusas consta de dos complejos de esclusas ubicados en cada extremo del Canal de Panamá, en los lados Atlántico y Pacífico, respectivamente.
La construcción, inaugurada en 2016, agregó un nuevo carril; un “tercer juego de esclusas” para buques de tamaño Post Panamax. El costo final fue de unos $5,200 millones, incluyendo el diseño, administración, construcción, pruebas, mitigación de daños ambientales y los costes de puesta en marcha.
Actualmente, la vía interoceánica administrada por la Autoridad del Canal de Panamá (ACP) se enfrenta a desafíos que tienen que ver con el ordenamiento territorial y la búsqueda segura de fuentes seguras de agua, que garanticen su operación, ante fenómenos como el cambio climático.
Esto fue explicado por representante de la ACP, durante un programa sobre proyectos de infraestructuras organizado por la Embajada de Estados Unidos en Panamá, en conjunto con Meridian International Center.
No obstante, en Panamá hay otras millonarias obras rodeadas de cuestionamiento, por posible manejo irregular de fondos, daño ecológico o simplemente porque están detenidas. Manuel González especialista en Contrataciones Públicas y gerente para América Latina de Cost, iniciativa de transparencia en infraestructura, subrayó que en Panamá hay, al menos, 7 obras detenidas o que en algún momento estuvieron paralizadas como el cuarto puente sobre el canal, el corredor de las playas, ampliación de la Panamericana a la altura de Arraiján, intercambiador vial en Howard, mantenimiento de la cinta costera, ensanche del corredor Panamá norte y rehabilitación de la carretera Transístmica. En total, son obras que suman los $2,500 millones.

En palabras de González, casi todos los países de América Latina están en la “mitad inferior” del Índice de Percepción de la Corrupción, un tema que debe llamar la atención en la región debido a que en 2025 la inversión en infraestructura se proyecta en $15 billones.
Datos proporcionados por el especialista precisó que entre el 10% y el 30% de la inversión en infraestructura en América Latina se pierde por corrupción y malos manejos administrativos. De hecho, explicó que si se usara eficientemente esos recursos en la región se estarían ahorrando $5 billones.
México
En el país de la tierra linda y querida, también se desarrollan grandes proyectos. Algunos marchan a buen ritmo, mientras que otros se enfrentan a tropiezos.
Valeria Moy, directora del Instituto Mexicano para la Competitividad, hizo un resumen de la realidad actual de México. Por ejemplo, mencionó que durante 2022 hay más inversión pública que en 2021, pero la misma se centrará en hidrocarburos como el petróleo y los hidrocarburos.

En cuanto a algunos proyectos prioritarios de infraestructura, Moy mencionó que hay algunos como el Tren Maya que actualmente afrontan problemas. El Tren Maya es un megaproyecto del gobierno federal de una línea ferroviaria de México para el transporte de pasajeros y carga a través de la península de Yucatán, como parte de la expansión de la red nacional ferroviaria.
Dicha obra de infraestructura, cuyo costo comenzó en $6,000 millones y ahora está en unos $15,000 millones, se encuentra en desarrollo desde diciembre de 2018. Está planeado como un tren regional para locales, turistas y carga que comience operaciones a principios del 2024.
Sin embargo, una de las principales quejas de la obra es que ocasionará la deforestación de 2 mil 500 hectáreas de selvas húmedas y secas. También hay conflictos sociales por tenencia de la tierra, ya que 53% del trazado de la ruta del tren se encuentra sobre terrenos ejidales, así como impactos en áreas protegidas.

Por otra parte, en la ciudad de México hay un enorme desafío: darle alimento y transporte a unos 20 millones de ciudadanos. El transporte público en esta zona se compone de diferentes medios: metro, tren ligero, tren suburbano, metrobús, mexibús, trolebús y taxis.
Estadísticas de la Secretaría de Movilidad detalla que los tipos de transporte mencionados anteriormente realizan el 78.5% de los viajes de la ciudad. El resto se hace en transporte privado, siendo el automóvil particular el más predominante en el transporte particular. En cuanto al transporte público, la mayor parte de los viajes se realizan en transporte concesionado colectivo de pasajeros o mejor conocidos como microbuses (44.55%) seguido de los taxis (11%) y el metro (5%).
En lo que respecta a la alimentación en Ciudad de México, la Central de Abasto juega un papel determinante. De hecho, es el mercado mayorista más grande de la región.
Su extensión es de 327 hectáreas, lo que sería 7 veces el Parque Omar, en San Francisco. Este gigante mercado recibe productos de todo el país de México y de otros 15 países de la región latinoamericana. A su vez, maneja 15 mil productos y el valor de su operación comercial anual es de $9,000 millones, sólo superada por la Bolsa Mexicana de Valores. Además recibe por día, en promedio, medio millón de visitantes.

Ecuador
El programa sobre proyectos de infraestructura a gran escala finalizó en Ecuador. Un país que crece y cuya economía, al igual que las demás de Suramérica, busca recuperarse de la pandemia.
Allí uno de los proyectos que llama la atención es el Metro de Quito, un proyecto que se encuentra en fase de pruebas en las instalaciones ferroviarias, material rodante y pruebas de integración de todos los sistemas. Esta obra de infraestructura se construyó desde 2017, durante 2 administraciones municipales, la de Mauricio Rodas y Jorge Yunda, y se prevé el inicio de su funcionamiento para diciembre de este año.

La obra tuvo un costo de $1,488 millones, cuenta con 15 estaciones y tiene 5 terminales multimodales. Aunque, como en muchos proyectos de la región, en su momento hubo molestias por los retrasos en la obra.
Además en Quito está el Parque Bicentenario, un espacio público, cuya creación podría ser un ejemplo para América Latina. Resulta que este sitio era ocupado anteriormente por el aeropuerto Mariscal Sucre, pero con el crecimiento de la población y el desarrollo de edificios se decidió trasladar la terminal aérea hacia otro lugar.
En vista que el espacio era amplio, 125 hectáreas, se aprovechó para convertirlo en un espacio verde, en medio de la ciudad de Quito.

Así lo definen sus administradores: “El parque Bicentenario constituye uno de los proyectos estratégicos para el cambio de la estructura urbana de la ciudad de Quito, convirtiéndola en una urbe compacta y céntrica, física y socialmente diversa, funcional y ambientalmente sustentable”.
En términos generales, Panamá, México y Ecuador son el fiel reflejo de cómo crece la región, pero también de que aún hay desafíos, para garantizar una mayor eficiencia en los proyectos de infraestructura. Como lo dice González, estos retos pasan por una mayor transparencia, integridad, auditoría social y gobernanza.


