Cuando la covid-19 golpeó al mundo, la desigualdad quedó al descubierto. Mientras algunos países vacunaban a su población en semanas, otros esperaban meses, incluso años, por dosis y tratamientos que podrían haber salvado vidas. La lección fue clara: la próxima pandemia no puede encontrarnos desprevenidos.
Hoy, la mirada internacional se dirige a Ginebra. En las próximas semanas, los países definirán las reglas que determinarán quién tendrá acceso prioritario a vacunas, diagnósticos y tratamientos ante la siguiente crisis sanitaria global. La tensión es palpable: los debates sobre equidad y compromisos vinculantes siguen abiertos, y nadie quiere repetir los errores del 2020.
Hasta mayo de 2026, los Estados deben cerrar los detalles del nuevo Acuerdo sobre Pandemias, un tratado impulsado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) que busca garantizar una respuesta más justa, coordinada y efectiva ante futuras emergencias sanitarias.
En el corazón de estas negociaciones está un elemento clave: el Anexo sobre Acceso a Patógenos y Reparto de Beneficios, conocido como PABS.
El Anexo PABS: el corazón de la negociación
El punto más delicado del tratado es el PABS. Su objetivo es sencillo, pero crucial: asegurar que los países que compartan muestras de virus o información genética reciban acceso oportuno a las vacunas, diagnósticos y tratamientos desarrollados a partir de esos datos.
Sin la aprobación de este anexo, que se estableció junto con el tratado en 2025, el acuerdo no puede entrar en vigor. Por eso, a medida que se acercan nuevas rondas de negociaciones, organizaciones de salud pública advierten que algunos actores internacionales aún dudan ante compromisos vinculantes de equidad sanitaria.
El temor es evidente: sin reglas claras, se podría repetir lo que ocurrió durante la covid-19. Los países con mayor poder de compra tendrían acceso temprano a vacunas y tratamientos, mientras gran parte del resto del mundo tendría que esperar meses o años para recibir suministros esenciales.
El PABS busca resolver uno de los dilemas más visibles de la pandemia: la relación entre el intercambio científico y el acceso a los beneficios derivados de ese conocimiento. Cuando un país detecta un nuevo virus y comparte sus muestras o su secuencia genética con la comunidad internacional, esa información se convierte en la base para desarrollar vacunas, diagnósticos y tratamientos.

Durante la covid-19, declarada emergencia sanitaria mundial por la OMS el 30 de enero de 2020 y levantada el 5 de mayo de 2023, muchos países que aportaron datos cruciales no fueron los primeros en recibir los productos desarrollados a partir de ellos.
El mecanismo que se negocia busca cambiar esa dinámica. La propuesta establece que las empresas farmacéuticas que utilicen muestras o información obtenida a través del sistema global deberán reservar el 20% de su producción en tiempo real durante emergencias sanitarias para distribución a través de la OMS.
De ese porcentaje, 10% se donaría a países con mayores necesidades de salud pública y otro 10% se vendería a precios asequibles.
A diferencia de mecanismos como COVAX, que funcionaron de manera voluntaria durante la pandemia, el PABS tendría carácter vinculante, con compromisos formales que garanticen una distribución más equitativa.
“No se trata solo de producir vacunas; se trata de que todos los países tengan acceso justo y oportuno”, señaló Natasha Dormoi, coordinadora de Aids Healthcare Foundation (AHF) en Panamá.
Dormoi advirtió que algunos bloques de países, especialmente dentro de la Unión Europea, mantienen reservas frente a obligaciones estrictas para los fabricantes.
Panamá en la escena global
Desde Panamá, la negociación se sigue con especial atención. El país cuenta con capacidad de vigilancia epidemiológica, aunque no produce vacunas a gran escala.
El Departamento de Epidemiología del Ministerio de Salud (Minsa) ha expresado su respaldo al mecanismo de distribución equitativa y considera que su aprobación sería clave para fortalecer la preparación ante futuras emergencias sanitarias.
El PABS garantizaría a Panamá el acceso al 10% de suministros donados y otro 10% a precios asequibles, una medida que podría significar una garantía real de acceso oportuno a herramientas médicas en situaciones críticas.
El país también dispone de capacidades técnicas para detectar, secuenciar y compartir patógenos con potencial pandémico, un componente esencial del sistema de cooperación científica que impulsa la OMS. Estas capacidades se concentran principalmente en el Instituto Conmemorativo Gorgas de Estudios de la Salud (Icges), uno de los centros científicos más importantes de la región.
Recientemente, el Gorgas fue designado por la OMS como Centro Colaborador para la Vigilancia Genómica de Patógenos Epidémicos y Pandémicos, un reconocimiento que destaca su trayectoria en el análisis y seguimiento de virus emergentes.
Durante emergencias sanitarias, sus laboratorios han desempeñado un papel clave en el monitoreo genético de patógenos y en el intercambio de información con redes científicas internacionales.
Especialistas advierten, sin embargo, que mantener y ampliar estas capacidades requiere inversiones sostenidas en capacitación de personal, actualización de equipos de secuenciación y disponibilidad constante de reactivos e insumos de laboratorio. Fortalecer estos componentes permitirá mejorar la detección temprana de amenazas sanitarias y la contribución científica de Panamá a la respuesta global.

Un acuerdo histórico
En un momento clave para la salud global, Panamá fue una de las 124 naciones que aprobaron el acuerdo internacional histórico impulsado por la OMS durante la 78ª Asamblea Mundial de la Salud en Ginebra.
La decisión busca fortalecer la preparación, prevención y respuesta ante futuras pandemias y reafirma el compromiso del país con el multilateralismo y la cooperación internacional.
El acuerdo, resultado de más de tres años de negociaciones marcadas por tensiones geopolíticas y debates sobre equidad en el acceso a vacunas y tratamientos, fue aprobado en mayo de 2025. De los 181 Estados miembros con derecho a voto, 124 votaron a favor, 11 se abstuvieron y 46 no participaron.
Panamá estuvo representada por el ministro de Salud, Fernando Boyd Galindo, quien destacó durante su intervención la importancia del multilateralismo y el papel de la OMS.

“Apoyamos todos los esfuerzos encaminados al fortalecimiento y mejora del desempeño de la OMS, para que podamos enfrentar juntos los desafíos que nos depara el futuro”, señaló Boyd Galindo.
Además, el tratado establece la Red Global de Logística y Suministros (GSCL Network), que busca evitar el colapso en la distribución de insumos médicos críticos, un problema que se evidenció durante la pandemia de covid-19, indicó.
La lección de la covid-19
La covid-19 puso en evidencia profundas desigualdades en el acceso a herramientas médicas esenciales. Durante los primeros meses de vacunación, los países más ricos acapararon las dosis, mientras muchos países de ingresos medios y bajos tuvieron que esperar meses, incluso más de un año, para recibir vacunas. En varias regiones, las campañas de inmunización dependieron de donaciones o mecanismos internacionales que tardaron en consolidarse.
El nuevo Acuerdo sobre Pandemias busca corregir estas fallas estructurales, estableciendo reglas más claras para la cooperación internacional, mejorando la detección temprana de brotes y garantizando acceso equitativo a vacunas, diagnósticos y tratamientos.
A medida que se acerca la fecha límite de mayo de 2026, la atención mundial se centra en Ginebra. Las decisiones que se tomen allí definirán si el mundo logra establecer reglas más justas para enfrentar la próxima pandemia o si, ante una nueva crisis sanitaria, volverán a repetirse las desigualdades que marcaron la respuesta al covid-19.
Panamá se mantiene firme en su compromiso con la cooperación internacional, la ciencia y la equidad como herramientas fundamentales para enfrentar desafíos sanitarios globales. La combinación de su capacidad de vigilancia, el respaldo al PABS y su participación activa en la OMS coloca al país en una posición estratégica para proteger la salud de su población y contribuir al bienestar global, asegurando que, en la próxima pandemia, nadie quede atrás.


