¿Hay tesoros debajo de las iglesias?
Tesoros, arqueológicamente hablando, sí, pero las iglesias, desde la perspectiva arqueológica, son básicamente cementerios. Sobre todo, tanto en Panamá Viejo como en el Casco Antiguo, todas las iglesias son cementerios. Ahí era donde se enterraba la gente... No sé si las demás religiones cristianas, pero por lo menos el ritual católico exigía que te enterraran en el camposanto, ya sea adentro o afuera, pegadito a las iglesias.
Es decir que, cuando uno está haciendo el recorrido ese de las siete iglesias en el Casco Antiguo, por ejemplo, uno está visitando cementerios.
Puro cementerio, porque todo eso está lleno de gente enterrada. Eso era lo que mandaba la religión. La gente creía fervientemente en eso, entonces, además, no era gratis; obviamente, los entierros valían dinero. Y cuanto más cerca estabas del altar, más caro era.
Interesante, era como bienes raíces un poco.
Literalmente, había lotes. Los tramos de piso dentro de las iglesias tenían distintos valores según te ibas alejando del altar, del presbiterio. En el atrio, afuera, también te podías enterrar. Algunas iglesias tenían sus cementerios ahí, pegaditos. Todo el mundo tenía que ser enterrado en una iglesia; si no, no sé qué pasará con tu alma, pero seguramente nada bueno.
¿Qué es lo más interesante que te has encontrado en esas excavaciones?
Hay varias cosas. En los años 2017 y 2018 hicimos una investigación científica para un proyecto que se llamaba An Artery of Empires, sobre el papel de Panamá en el Imperio español. Ahí se hicieron excavaciones arqueológicas grandes en la Catedral de Panamá Viejo y encontramos una mezcla. Se hicieron las excavaciones y también estudios de los cuerpos que aparecieron. Me parece que se estudiaron como 150 personas en un huequito de 5 por 5 metros, y encontramos una variedad étnica y de género bastante alta. Había muchas mujeres enterradas ahí, obviamente, y también, al contrario de lo que se pensaba, no era solamente un cementerio para la gente blanca o rica de la ciudad, sino que ahí estaba enterrado todo el mundo.
Es decir, que se pensaba antes que ahí solamente se enterraba gente de cierta raza.
Sí, o los ricos, pues, la gente con mucho dinero, que usualmente se asocia a la gente blanca. En la Catedral había de todo, porque si tú pagabas un buen entierro, tenías un buen entierro. Lo que encontramos también fue que los ricos, ricos, usualmente se enterraban en los conventos de los franciscanos o en los mercedarios, y la Catedral parece haber sido un sitio más democrático, al punto de que hay documentos donde los sacerdotes de la Catedral se quejan, me parece que al rey, de que los conventos les estaban haciendo demasiada competencia.
¿Hay algún otro aspecto de los estudios y descubrimientos arqueológicos de la iglesia del Casco, o del Casco, que valga la pena resaltar?
Se sabía que las iglesias eran cementerios, pero no te hace clic hasta que lo ves. En Panamá Viejo, desde muy temprano, hay quejas: la catedral huele feo porque está llena de muertos. Todo el mundo se quería enterrar en las iglesias. Hacia finales del siglo XVIII, en 1780, el rey de España decide prohibir enterrar en las iglesias, pero hubo una fuerte resistencia tanto del clero como de la feligresía, porque, si no, tu alma se va para el infierno. El memo demoró en llegar como 40 años: no es hasta 1820 que se crea el primer cementerio externo, el Cementerio de Amador.
El Cementerio de Amador fue el primero, digamos, autorizado, que no fuera una iglesia y que te garantizaba lo que te daban las iglesias.
Entonces, sí, pero lo que nos encontramos también es que surge en Panamá la costumbre de que yo entierro a mi ser querido allá afuera, pero después de 18 meses la gente iba, buscaba los huesos de sus muertos, los ponía en unas cajitas y esas cajitas las volvían a enterrar en la iglesia. Por eso las iglesias del Casco Antiguo están llenas de lápidas: debajo de muchas hay lo que llamamos una cista, una cajita del tamaño de los huesos largos, para que quepan el cráneo y los demás huesos. La gente volvía a enterrarse en la catedral. Era ese famoso “obedezco, pero no cumplo”.
Obedezco, pero no cumplo, claro.
Al punto que hasta los curas tuvieron que decir: ya, suficiente. En 1820 y pico pasaron una ordenanza de que no se podía enterrar más, pero la gente lo siguió haciendo. Se hacían túmulos funerarios, estatuas y cruces altas. Documentos del siglo XIX hablan de que era difícil caminar por las naves porque estaban llenas de esos monumentos. Hacia finales del siglo XIX, la Iglesia dice de verdad: prohibido enterrar adentro, todo el mundo para afuera, porque la gente estaba metiendo a sus muertos tanto debajo del piso como hasta en las paredes. En las paredes estaban metiendo muertos. Hubo enterramientos hasta principios del siglo XX; todavía la gente se enterraba ahí.
Para ampliar un poco y ver el triángulo estratégico colonial (las ciudades de Panamá, Portobelo y Chagres, con el Castillo de San Lorenzo), ¿por qué estás enfrascado en ese castillo?
Desde los años 90, cuando fui por primera vez, considero que es el lugar más lindo de Panamá. Está el mar, la desembocadura del río, el bosque, el castillo, los animales, la historia, la arqueología. Para mí es nuestro Tikal. Y era un punto crucial: San Lorenzo le cubre las espaldas a la ciudad de Panamá, defendiendo la desembocadura del río Chagres, que es el canal hoy en día.
¿Te tocó ver muertos en el castillo de San Lorenzo?
No, no, ahí no.
Lástima.
Bueno, los estamos buscando, sí, porque, por ejemplo, si encontráramos la población de Chagres, el pueblo que estaba fuera del castillo, ellos se enterraban en la iglesia que estaba ahí al lado del castillo, y además había una capilla dentro de la fortaleza. La estamos buscando.
Es decir, ¿saben de la existencia de la iglesia y la capilla, pero no la han encontrado?
Las iglesias de Chagres, sí. Las hemos visto en mapas y en la documentación. Encontramos dos, pero esas son las iglesias del pueblo. Pero la iglesia, la capilla del castillo, la tenemos solamente en documentación y no la hemos visto. Como el castillo fue modificado tantas veces a lo largo de su historia constructiva, entonces no hemos dado todavía con ella. Tengo una buena idea de dónde puede estar esa iglesia, esa capilla, pero estamos verificando. Para eso me están ayudando colegas de la Universidad Tecnológica de Panamá, con quienes estamos trabajando, y gente de la Universidad de la Sorbona. Estamos haciendo pruebas geofísicas en varios sitios del castillo para ver...
¿Qué es una prueba geofísica?
Son aparatos que no te dejan ver qué hay bajo el suelo, pero te muestran dónde hay cosas distintas en el subsuelo: contrastes. Te dicen: esto es tierra y esto tiene una forma bastante regular y ofrece una resistencia eléctrica mucho mayor, así que puede ser una pared, un piso o un hueco. Lo usamos para no excavar a ciegas, porque el castillo es gigante.
¿Y qué encontraste?
La mayor sorpresa en el castillo fue encontrar que el que vemos ahora mismo es el último de cuatro que se han hecho ahí, uno sobre otro. Y en el patio de armas, en verano, cuando toda la hierba se pone amarilla, quedaba una línea que se mantenía verde dos o tres semanas más. Varios la vimos y dijimos: algo hay ahí, excava.
¿Qué esperabas encontrar?
Pensaba que íbamos a encontrar el montón de basura de los soldados, pero no: encontramos el foso. Ellos tiraban la basura al mar. Para compensar, encontramos un montón de cultura material en el pueblo de Chagres, que estaba justo afuera del castillo. Las familias de los soldados vivían ahí, y la mitad de los hombres civiles eran milicianos que, cuando había que defender el castillo, tenían que subir a defenderlo.

